18 de agosto de 2015 18:50

El buen humor es contagioso, la depresión no

A nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 350 millones de personas sufren depresión. Foto: Wikicommons.

A nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) más de 350 millones de personas sufren depresión. Foto: Wikicommons.

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Agencia DPA

Tener suficientes amigos sanos psíquicamente podría evitar que los jóvenes caigan en una depresión, cuyo riesgo se reduce en un entorno de ese tipo, apuntan investigadores de la universidad británica de Warwick en un estudio que publica Proceedings B, de la Royal Society de Londres.

Además, los ya afectados por una depresión pueden recuperarse mejor si se rodean de amigos sanos, apuntan los investigadores dirigidos por el matemático Edward Hill que emplearon nuevos modelos matemáticos para llegar a esa conclusión. En todo el mundo, más de 350 millones de personas sufren depresión, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Normalmente la enfermedad está vinculada a un estigma social. Pero los investigadores británicos estudiaron ahora, entre otras cosas, la probabilidad con la que una enfermedad psíquica se extiende en un círculo de amigos. Y su resultado apunta a que una depresión no se expande en ese círculo si los afectados tienen suficientes amigos sanos y concluyeron que el buen humor de los amigos puede además evitar caer en la enfermedad.

Las conclusiones son reveladoras porque hasta ahora se consideraba lo contrario: que una depresión podía extenderse como si se tratara de una enfermedad contagiosa, pero un estado de ánimo sano no.

Las investigadores dicen haberse asegurado de que su método de estudio no se ha visto influido por la homofilia, como se conoce a la tendencia de las personas de relacionarse con personas que se parecen a ellas, señala Hill en un comunicado.

Los científicos fundamentan sus conclusiones con mecanismos psicológicos que hacen, por ejemplo, que los enfermos de depresión se retiren de su entorno social y por eso influyen menos en otros que quienes están sanos. Sin embargo, quien se recupere de una depresión o quiera seguir sano, necesita el contacto con gente no depresiva.

Para el estudio, el equipo recurrió a datos de 3 084 jóvenes de entre 12 y 18 años encuestados en Estados Unidos entre los años 1994 y 1995. En aquel estudio, los participantes hablan sobre su tristeza y pérdida de interés, de apetito, sueño o el sentimiento de inutilidad. Esos datos han sido estudiados de nuevo por los británicos con nuevos modelos matemáticos disponibles, métodos similares a los que se utilizan por ejemplo para estudiar la extensión de las enfermedades infecciosas.

El resultado exacto de la investigación es que quien tenga al menos cinco amigos sanos tiene el doble de posibilidades que alguien que no los tenga de evitar una depresión en los próximos seis a 12 meses. Y la frecuencia de la recuperación de los jóvenes depresivos se multiplica por dos cuando tienen diez en lugar de tres amigos sanos.

De esta forma los casos de depresión en los jóvenes podrían reducirse por ejemplo, si se fomentaran las amistades en clubs juveniles, señala el matemático Thomas House de la Universidad de Manchester, que formó parte del equipo investigador. Así se aumentaría la probabilidad de tener amigos sanos, alega.

Sin embargo, entre los círculos psiquiátricos las conclusiones se recibieron con cierto escepticismo. "El estudio no es realmente relevante clínicamente, porque describe algo que ya sabíamos: que los jóvenes estables tienen buenos contactos sociales y sufren menos depresiones", apunta Martin Jung, presidente de los directores clínicos de psiquiatría juvenil e infantil, medicina psicosomática y psicoterapia en Alemania.

Según el experto, en el estudio falta una medida de referencia que mida el grado de gravedad de una depresión. "Creo que es improbable que niños con una depresión grave puedan contagiarse con contacto social positivo, por así decirlo", señala el experto alemán, que señala que niños con alto nivel de depresión rehuyen el contacto con los sanos, y al contrario.

Parte del trabajo clínico es precisamente reanudar ese contacto. "El contacto positivo es con seguridad un factor de protección, pero que sea un motivo de posible curación no está probado por el estudio".

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