31 de julio de 2016 00:00

Los bosques están al límite por el agro

El Ecuador ha perdido 2’184.934 hectáreas de bosque pero ha reforestado 350 550 hectáreas. Foto: Cortesía

El Ecuador ha perdido 2’184.934 hectáreas de bosque pero ha reforestado 350 550 hectáreas. Foto: Cortesía

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Valeria Sorgato
vsorgato@elcomercio.com

La demanda por más alimento está empujando a los bosque al límite del equilibrio entre la seguridad alimentaria y la vegetación natural. Un 30,7% de la superficie terrestre está cubierta por bosques y 37,7% está revestida por cultivos. Así informó un artículo publicado por la FAO el 22 de julio.

“La deforestación debe ser frenada de manera inmediata”, dice Jorge Meza, oficial regional de la FAO para América Latina. Y a pesar de que los bosques regulan el clima, proveen oxígeno, almacenan dióxido de carbono y ayudan a la seguridad alimentaria, estos son transformados en pastizales y cultivos. En el informe se destaca que durante el 2000 y el 2010 se perdieron cada año siete millones de hectáreas de bosque tropical y aumentaron seis millones de hectáreas agropecuarias.

En el Ecuador, no solo se ha perdido 2, 2 millones de hectáreas de bosque, según el MAE, desde 1990 al 2014 , sino que también ha perdido superficie agrícola. En el 2014, el área de cultivos (4,7 millones de hectáreas) se redujo un 21% comparado con el 2002, según datos del MAGAP.

El consumo de alimentos crecerá exponencialmente a medida que aumente la población. Lo ha hecho un 40% desde 1990. A nivel global, diariamente se producen 27,3 millones de toneladas de alimentos y la cifra seguirá creciendo. Pero los expertos advierten que ya no se puede sustituir más bosque por cultivos, pues se agravaría el cambio climático, el suelo se volvería desierto y se perderían fuentes de agua.

Meza afirma que los bosques y la seguridad alimentaria deben ir de la mano. Los bosques proveen de servicios ambientales importantes: son el hogar de polinizadores que ayudan en la reproducción de las plantas; generan lluvia cuando los árboles transpiran agua; y alimentan los suelos con materia orgánica.

Es así que sin bosques no hay polinizadores que apoyen a los cultivos, y sin cultivos no hay alimentos. Para integrar la producción de alimentos con la conservación de las áreas naturales, la FAO destaca los siguientes puntos: la productividad, las subvenciones y la reforestación.

En el caso de la productividad, Luis Suárez, director ejecutivo de Conservación Internacional, afirma que muchos de los espacios agropecuarios intervenidos en Ecuador tienen niveles de producción muy baja. Francisco Naranjo, de la mesa Redonda del Aceite de Palma en Ecuador, reconoce que el país tiene una baja productividad de aceite de palma: apenas dos toneladas de aceite por hectárea al año (dos veces menos que el promedio mundial).

En otras palabras, se necesitan más hectáreas para producir lo mismo. No obstante, afirma que se debe a que “el 87% de los cultivadores de palma son pequeños productores sin acceso a tecnología”.

Los pequeños agricultores son los que aseguran la alimentación y nutrición de un país. De hecho, en Ecuador el 60% de lo que se encuentra en los mercados viene de las chacras familiares. Sin embargo, Meza sostiene que en muchos países las plantas nativas son abandonadas por monocultivos y ganadería extensiva. Agrega que el 60% de la ingesta calórica diaria por persona es provista por cuatro plantas (arroz, trigo, maíz y papa), dejando de lado 30 000 plantas comestibles.

Los cultivos comerciales, tal como las plantaciones de soja o de palma -que fueron responsables de casi el 70% de la deforestación en América Latina, según la FAO- no sirven para la alimentación nacional sino para exportar. Así lo asegura Jorge Idrovo, investigador de Rimisp, quien agrega que las subvenciones para productores pequeños son esenciales para garantizar soberanía alimentaria, pero promover la siembra debe estar acompañado por iniciativas ambientales para frenar la deforestación.

Tal es el caso de Chile, uno de los 20 países que han logrado mejorar la seguridad alimentaria y aumentar la superficie forestal desde 1990. Desde ese año han reforestado un millón de hectáreas en terrenos abandonados o que se encontraban amenazados por la erosión. Esto ayudó a mejorar los suelos y asegurar el agua.

El Ecuador también realiza esfuerzos. Entre 1990 -2014 se recuperaron 350 550 ha de bosque. Pero se presentan problemas en el cumplimiento de un plan de ordenamiento territorial, cultivos más productivos, y en la promoción de la pequeña agricultura sustentable para asegurar la alimentación y conservar los bosques.

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