5 de febrero de 2015 11:35

El bosque del Puyango, en el sur de Ecuador, alberga árboles de piedra

En el bosque petrificado del Puyango se pueden encontrar árboles y flores que se convirtieron en piedra hace millones de años. Foto: Lilia Arias/ EL COMERCIO.

En el bosque petrificado del Puyango se pueden encontrar árboles y flores que se convirtieron en piedra hace millones de años. Foto: Lilia Arias/ EL COMERCIO.

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Agencia EFE

Una zona del valle del río Puyango, en el suroeste de Ecuador, alberga una gran colección de árboles petrificados al aire libre, troncos que hace más de cien millones de años se volvieron de granito por efecto de cataclismos.

Situado en la frontera entre las provincias andina de Loja y costera de El Oro, el bosque petrificado del Puyango no sólo invita a recorrerlo para observar los troncos de piedra que yacen en su suelo, sino para disfrutar de su fauna, flora y la rica gastronomía que se ofrece en los alrededores.

A una hora en autobús desde el aeropuerto de Santa Rosa, en El Oro, el Puyango es uno de los nuevos destinos turísticos que promociona el Ministerio del ramo a través de su programa Viaja primero Ecuador, una estrategia que pretende posicionar nuevos atractivos en el país.

Declarado como Patrimonio Natural y Cultural de Ecuador, el bosque del Puyango alberga una superficie de 2 659 hectáreas de un bosque seco subtropical situado a entre 300 y 500 metros de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 22 grados centígrados.

La existencia de árboles petrificados se descubrió en 1971 y se han encontrado fósiles de entre 65 y 120 millones años, que corresponden al periodo cretácico, según señala Miriam Córdoba, una guía de la reserva oriunda de ese mismo sector.

Pese a ser un gran yacimiento de fósiles, los estudios sólo se han efectuado en la superficie, para tratar de proteger el maravilloso entorno de la región, donde se forman cascadas y remansos que, ante el agobiante calor del mediodía, invitan a tomar un chapuzón en sus templadas aguas.

Muchos turistas lo hacen y los pobladores aseguran que tomar un baño en las cristalinas aguas de los arroyos que cruzan por la zona es un agasajo para la salud.

Al recorrer los caminos, aparecen por sorpresa los troncos de piedra, de distintos tamaños, gruesos y muchos parecen haber sido cortados con maquinaria de precisión. Sólo el tacto desengaña al visitante sobre si se trata de un árbol natural o uno de piedra.

Se trata de coníferas araucarias que poblaron la zona hace unos 300 millones de años y que fueron sepultadas por erupciones y terremotos. Maremotos y grandes presiones permitieron que la materia orgánica no se descompusiera por la falta de oxígeno.

Por los capilares de los troncos se filtraron elementos como el silicio, carbonato de calcio, hierro, pirita, aragón y potasio, entre otros, que lograron cristalizar las células vegetales y las convirtieron en piedra, en procesos que duraron millones de años.

Ese mismo proceso sucedió con moluscos y por eso en el bosque del Puyango se pueden encontrar fósiles petrificados de conchas, almejas, caracoles y amonites, algunos de los cuales llegan a medir dos metros de diámetro.

En América, relata Miriam Córdoba, existen, además del Puyango, otros dos bosques petrificados, uno en el desierto de Arizona, en Estados Unidos, y otro en la Patagonia argentina.

Sin embargo, el del Puyango es el único bosque que combina árboles petrificados y naturales, además de que se lo puede visitar durante todo el año, anotó Córdoba.

La guía sostiene que el sitio es también un buen lugar para los visitantes que aman la naturaleza, pues en la zona se pueden observar 65 especies de aves, así como venados, ardillas, armadillos, conejos, tigrillos (ocelote), osos hormigueros y perezosos.

Unos 10 000 visitantes llegan cada año a la zona protegida del Bosque Petrificado del Puyango, pero sus administradores realizan adecuaciones en infraestructuras para atraer a más turistas, sobre todo los de Perú, dada la cercanía de la zona a la frontera común.

Asimismo, la gastronomía del lugar invita a disfrutar platos típicos del lugar como el estofado de gallina y el tigrillo, un revuelto frito de plátano verde, queso, huevos y trozos de chicharrón que se disfruta mejor en el desayuno.

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