24 de julio de 2015 21:17

Un verano con vestidos tradicionales

Un vestido estilo camisón, en el que el color natural es un lienzo para los bordados. Y diseños otavaleños en los que cobran protagonismo las figuras geométricas. Fotos: Armando Prado/ El Comercio. Modelos: Ashley Castillo y Kimberly Haro / CN MODELOS

Un vestido estilo camisón, en el que el color natural es un lienzo para los bordados. Y diseños otavaleños en los que cobran protagonismo las figuras geométricas. Fotos: Armando Prado/ El Comercio. Modelos: Ashley Castillo y Kimberly Haro / CN MODELOS

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Ana Cristina Alvarado
(F- Contenido Intercultural)

La diseñadora ucraniana Vita Kin puso a hablar a los portales de moda del mundo sobre el traje típico ucraniano. La modista hizo varias interpretaciones de la camisa llamada ‘vyshyvanka’, llevándola a vestidos largos, blusas e incluso enterizos, manteniendo las mangas amplias, los bordados y las borlas que unen ambas partes del cuello.

Las colecciones de verano que hacen referencia a la ropa tradicional, en colores crudos y con bordados de flores, también llegaron a las tiendas de consumo masivo como Zara, Mango o Topshop.

Llevar trajes típicos, con diseño contemporáneo, es la tendencia de este verano y en Ecuador hay prendas que pueden servir de inspiración para nuevos planteamientos o que pueden ser estilizadas para el entorno moderno.

Al recorrer los pasillos del Mercado Artesanal de Quito se puede observar una gran cantidad de bisutería, joyería, accesorios, ropa e incluso artículos para el hogar. Todos hechos por manos ecuatorianas y muchos de ellos realizados por pueblos indígenas, como el Caranqui o el Otavalo, ambos de la Sierra norte.

Los delicados bordados de flores se han convertido en sinónimo de Zuleta, La Esperanza y Angochagua, localidades donde se asientan los descendientes de la antigua cultura Caranqui. Rosita Carlosama, artesana del bordado de La Esperanza, cuenta que los vestidos bordados se hacen, en su mayoría, en su parroquia. Estos se mandan a Otavalo, y de ahí desde ahí se exportan o se venden a las principales ciudades del Ecuador.

El bordado es una tradición que se pasa entre las mujeres, de generación en generación, pero que poco a poco está perdiéndose. Carlosama asegura que en los últimos seis años ha decaído el trabajo para las mujeres, lo que pone en riesgo la tradición y el sustento familiar.

La elaboración de uno de estos vestidos puede tomar hasta una semana, pero el consumidor final puede conseguirlos desde USD 18 en los mercados artesanales. Carlosama trabaja junto a asociaciones de Imbabura para que se revalorice este trabajo, de tal manera que las artesanas puedan vivir dignamente.

José Manuel Aguilar, comerciante otavaleño que trabaja en el Mercado Artesanal de La Mariscal, en Quito, cuenta que estos vestidos gustan mucho a los extranjeros, principalmente por el bordado. Los detalles hechos en croché y los botones de tagua son otros puntos a favor de estas prendas.

Mayra Saravino, comerciante de artesanías de Otavalo en el Mercado Artesanal de la 12 de Octubre, también tiene entre su oferta vestidos realizados por y con motivos otavaleños.

Estos tienen bordados en las orillas y en la parte inferior del vestido, el cuello es realizado a croché y en el medio del vestido están bordadas las figuras de un hombre y una mujer otavaleños, que son el símbolo del equilibrio. El precio de estos está entre USD 12 y USD 18, de acuerdo a la talla.

Si bien son productos muy demandados por los extranjeros, Paola Lascano, coordinadora de diseño de modas de la Universidad Tecnológica Equinoccial, dice que hace falta que los diseñadores de moda se alíen con los artesanos. El objetivo es conservar el patrimonio, pero haciendo interpretaciones modernas.

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