7 de febrero de 2017 11:41

Monseñor Luna, un batallador incansable

Monseñor Luis Alberto Luna Tobar falleció hoy, 7 de febrero de 2017 en Quito. Foto: Archivo.

Monseñor Luis Alberto Luna Tobar falleció hoy, 7 de febrero de 2017 en Quito. Foto: Archivo.

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Betty Beltrán

Le gustaba conversar y dormía poco. Habían días en los que amanecía en la proa de un barco rumbo a Italia y, por lo tanto, había que llevarle a pasear en auto y comprarle un helado, pues también le gustaban las golosinas.

Esos viajes recurrentes fueron producto de su alzhéimer  de grado siete, precisó Nora Rodríguez, una de las enfermeras de Monseñor Luis Alberto Luna Tobar, arzobispo Emérito de Cuenca fallecido hoy, 7 de febrero de 2017, en Quito. 

A sus 93 años, el prelado ecuatoriano batallaba sus últimos momentos en la suite número 19 de la Casa Sacerdotal Sagrado Corazón, ubicada en el sector de La Armenia (vía Los Chillos). Allí le brindaron todas las atenciones médicas.

Hasta ayer, durante toda la noche, se encontraba con los latidos del corazón muy bajos. Le faltaba la respiración, contó Oscar Chachimuel, médico tratante. Como se quejaba de bastante dolor, le aplicaron -desde hacía días- una terapia de dolor y otra paliativa.

Hacía siete años, Monseñor llegó al Sagrado Corazón y ya le aquejaba varias enfermedades, las cuales fueron agravándose: insuficiencia cardiaca, hipertensión arterial, carcinoma de próstata, metástasis pulmonar y demencia senil.

Pese a su delicado estado de salud, Monseñor siempre estaba activo. Le gustaba que le leyeran los poemas de Santa Teresita y las canciones de San Juan de la Cruz. Con su buena voz, reparó su enfermera Nora, cantaba la Chola Cuencana y el Chulla Quiteño. Hasta bailaba.

También era bueno para recordar anécdotas. Su enfermera rememoró que como amante a los toros, un día fue a torear en la hacienda de un amigo y el animal le embistió y le rompió la sotana. Para tener problemas con su superior, Monseñor Luna tuvo que coser la prenda.

Las ranas también le encantaban, tanto que en la sala de su suite -en el librero- estaban unas cuantas. También tenía varios libros sobre esta especie, los cuales se confundían entre los de política del país.

El deterioro de su salud se acrecentó en los últimos seis meses y el 17 de diciembre contrajo una neumonía que le afectó sobremanera. Se recuperó relativamente y se sentó en la fiesta de Navidad junto a otros religiosos de la Casa Sacerdotal, pero ya no conversaba mucho. Se limitó a hacer el brindis con una sola frase: “Que Dios bendiga a todos”. Ya no daba sus discursos de antes.

Luego comenzó a caminar más lento, ya no comía, le daba solo fórmula y compotas. Hasta que, el pasado sábado (28 de enero), cayó en cama. Y desde ahí solo le hidrataban; ya no hablaba, solo movía los ojitos buscando algo.

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