6 de agosto de 2017 00:00

Manuela Cañizares Álvarez, 'sediciosa, conjurada y audaz'

En el Museo Alberto Mena Caamaño se recrea la decisiva reunión de los patriotas del 9 de agosto de 1809, en la casa de Manuela Cañizares. Foto:Museo Alberto Mena Caamaño .

En el Museo Alberto Mena Caamaño se recrea la decisiva reunión de los patriotas del 9 de agosto de 1809, en la casa de Manuela Cañizares. Foto:Museo Alberto Mena Caamaño .

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Amílcar Tapia Tamayo*

Los trabajos históricos sobre el 10 de agosto de 1809 son, generalmente, numerosos, incluyendo a los actores de la gesta heroica. Sin embargo, se desconocen detalles sobre otros que no es posible hallar sino en archivos eclesiásticos a los cuales no siempre es posible acceder debido a restricciones determinadas por las Órdenes religiosas, que cuidan con celo su invalorable patrimonio documental y artístico.

Sobre los personajes no muy conocidos en el campo bibliográfico, se halla el de Manuela Cañizares Álvarez. Sobre ella existen pocas investigaciones, destacándose, entre otras, la efectuada por Manuel Agustín Polanco, publicada en 2006. Manuela fue mujer insigne que con singular valor estimuló a los patriotas a conformar la llamada “Junta de Quito” el 10 de agosto de 1809.

Esta dama nació en Quito el 27 de agosto de 1769. Fue hija de Miguel Bermúdez Cañizares, oriundo de Popayán “en ejercicio de la profesión de licenciado en Derecho y graduado en esta Univ. de Sto. T.s, en la cual el dicho D. Miguel realizó sus estudios por influencia del Rdo. P. Miguel de Estévez, de quien fue su consejero…” (Archivo del Convento de Santo Domingo de Quito. “Listas de Graduados desta Univr. de Sto. T.s, 1766”, folio 18). Su madre fue Isabel Álvarez y Cañizares, dama de alta sociedad pero de escasos recursos económicos. Conforme lo señala su testamento, fechado en 27 de agosto de 1814, tuvo tres hermanos, Mariana, José y María Cañizares. (Ibid. Polanco).

Manuela pasó una juventud difícil debido a que su padre no se preocupó por ella; sin embargo, a fuer de constancia logró superar su situación social y económica, llegando, incluso, en 1805, a poseer una hacienda en Cotocollao (hoy Ponceano), situación que le permitió enrolarse con lo más selecto de la sociedad quiteña, particularmente con los criollos descontentos con la situación social y económica de la época.

La invasión a la Península por parte de Napoleón Bonaparte en 1808, fue la ocasión propicia para que un grupo de nobles quiteños, entre los cuales se hallaban el marqués de Selva Alegre, Antonio Ante, Juan de Dios Morales, Manuel de Rodríguez Quiroga (de quien se decía que Manuela estaba enamorada) y otros, se confabularan la noche del 9 de agosto de 1809 para organizar la revuelta libertaria.

Manuela era conocida en Quito como “saloniere”, término francés que era empleado para reconocer a personas con un alto nivel de ilustración que organizaban veladas artísticas, culturales y sociales en los salones de sus casas. De ello da testimonio Nipomuceno Riofrío, viajero payanés que señala en 1808: “Quito es una ciudad culta e ilustrada. No faltan salones elegantes que permiten tertulias interesantes sobre negocios y política, los cuales son propiedad de personajes y familias adineradas de Quito (…) Me ha llamado la atención uno de ellos ubicado en la cercanía del Palacio de la Audiencia y atendido por una graciosa dama de nombre Manuela Cañizares, a quien los caballeros la conocen como mialita, posiblemente por decirle Manuelita, ya que en Quito es muy común el uso de diminutivos…Fui a su sala y recibí finas y especiales atenciones en delicados postres y manjares en los cuales mialita se especializa” (Impresiones de un viajero, Popayán, Imprenta de L. Cazares, 1928, p. 89)

Con esta referencia, conforme la tradición histórica, las autoridades españolas en ningún momento sospecharon de ella; sin embargo, su accionar no pasó desapercibido por los curas realistas, especialmente fray José de Arízaga, discípulo y confidente de fray Juan de Aráuz y Mesia, religioso mercedario que entabló una dura polémica con Eugenio de Santa Cruz y Espejo por sus obras “El Nuevo Luciano” y luego “Marco Porcio Catón”.

Recordemos que los mercedarios encerraron en su convento, por encargo de las autoridades españolas, a los involucrados en el complot de diciembre de 1808 y que fueron apresados el 1 de marzo de 1809. Para este año, el padre Arízaga se desempeñaba como Bibliotecario y Cronista de la Provincia de Quito, razón por la que mantenía contacto con numerosos intelectuales quiteños, con “quienes departía las novedades y pormenores de la sociedad quiteña”.

En esta circunstancia, dirige una nota a fray Antonio Calderón, advirtiéndole “que en casa de la tal Manuela Cañizares, localizada junto a la mismísima Iglesia de El Sagrario se confabula contra S.M., siendo la tal Manuela una mujer sediciosa, conjurada y audaz, por cuanto incita a varios nobles a rebelarse contra la autoridad real con el pretexto de apoyar a nuestro Soberano que pasa por duras pruebas por el opresor Bonaparte (…) Por ello ruego a S.P. Rvdma. denuncie a S.E. el Sr. Conde. Ruiz de Castilla para que mande pesquisas y vean y oigan de por sí, lo que se trata en esa casa, que con la apariencia de lugar decente, no es otra cosa que un cenáculo de odio y rebelión contra nuestra amado Rey”( P. Luis Octavio Proaño, Joyas de nuestra Orden Mercedaria, T.2, inédito, Biblioteca convento La Merced de Quito)

Parece que el padre Calderón comentó el asunto con otros frailes, quienes salieron en defensa de Manuela, sobre todo el padre Álvaro Guerrero, quien años más tarde desempeñaría un papel protagónico en defensa de la causa libertaria. El referido fraile recomendó a Calderón “…dejar de escuchar tropelías en contra de la señora Manuela Cañizares, quien es una respetable dama, cuyo único defecto es ser amable y cortés gracias a su esmerada educación y modales refinados, que hacen de ella una señora importante que ya quisiera hayan otras más en Quito… No tenga recelo S.P. por cuanto no hay nada que temer en cuanto a su lealtad para con el Rey nuestro Señor. Yo mismo he participado en esas tertulias y me agradaría que S.P. vaya una tarde y admire el respeto que siente la dicha señora Manuela por las cosas del Gobierno…”( Ibid. Archivo de la Merced. Cartas y varios, 1807-1815, sin ordenar. Hoja No. 75)

Conforme los registros de religiosos, el padre Guerrero fue conventual de El Tejar en tiempos de la batalla de Pichincha y junto con el padre Antonio Albán dispusieron se atienda a los heridos luego del combate, sobre todo al joven Abdón Calderón.
Manuela Cañizares, alma y vigor de la causa libertaria, murió soltera, sin hijos, el 15 de diciembre de 1814, luego de padecer graves persecuciones por parte de las autoridades realistas. Fue enterrada en el cementerio de El Tejar de Quito, conforme lo señala la lista de difuntos de 1814 que se guarda en el Libro II, archivo histórico del citado convento. En la nómina correspondiente a diciembre dice: “M. Crzes, mrta. por infecn producto de lesión..”

*Doctor en Historia. Profesor universitario. Autor de varios libros sobre temas nacionales.

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