15 de enero de 2017 09:41

Una best seller recomienda aceptar la infidelidad para ser más feliz

Hay ciertas creencias que juegan un lugar central en las causas de la infidelidad. Foto: IStock

Hay ciertas creencias que juegan un lugar central en las causas de la infidelidad. Foto: IStock

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Infobae - Red de Noticias Albavisión

La infidelidad es el tabú que universalmente se condena más y se practica más. Esa paradoja, según Esther Perel, una terapeuta de parejas nacida en Bélgica, amerita un cambio de perpectiva sobre la relaciones extramatrimoniales. Mientras la aceptación de distintos conceptos de intimidad ha aumentado —matrimonios que prefieren no tener hijos, o entre personas del mismo sexo, por caso—, la mirada social sobre la infidelidad se ha endurecido en las últimas décadas. "La infidelidad fue siempre dolorosa, pero hoy es traumática", dijo a la publicación bimestral de The Economist, 1843. "Puede que la monogamia no sea parte de la naturaleza humana, pero la transgresión ciertamente lo es".

La autora del best-seller Mating in Captivity (Inteligencia erótica, claves para mantener la pasión en la pareja), traducido a 26 idiomas, lanzará en 2017 otro libro, The State of Affairs (La situación de los affairs), sobre el que ha trabajado en los últimos años en su práctica clínica en Nueva York, y que le valió más de 15 millones de vistas a sus charlas TED. Perel rechaza la concepción contemporánea de la infidelidad —"toda mi vida resultó una mentira, ya no sé en qué creer"— como una construcción reciente: "En lugar de verla como un impulso patológico e inmoral que inevitablemente deja como secuela el trauma y la destrucción —escribió Emily Bobrow en su artículo—, quiere que comprendamos que los anhelos extramaritales son completamente naturales y que los affairs son terrible y quizá inevitablemente humanos".

Las relaciones por las que aboga la psicóloga son "monogamish" (algo así como monogamenos, más o menos monógamas), como las calificó el autor del neologismo, Dan Savage, comentarista político y también autor de Savage Love, una columna sobre relaciones y sexo. "Esther está desactivando la bomba de tiempo instalada en el corazón de tantas de nuestras relaciones de largo plazo."

Ser monogamenos consiste en aceptar la imperfección propia y ajena: en el caso de un matrimonio, que aspiren a ser fieles entre sí pero que también toleren un flirteo ocasional. En esa concepción, el episodio extramatrimonial no tiene que terminar con la pareja, y con todo lo que esas dos personas han construido juntas.

Entre el puritanismo y el consumismo

Las actitudes ante el sexo y las relaciones evolucionaron hacia una comprensión mayor (desde el sexo premarital a la gestación de un hijo en un útero prestado, pasando por la naturalización del divorcio y el concubinato, más la elección del propio género), excepto en el caso del adulterio. "En una encuesta sobre actitudes públicas que el Pew Research Center realizó en 40 países, la infidelidad fue el tema que ganó el mayor oprobio", escribió la autora de la nota de 1843. "Una encuesta general sobre opiniones de la ciudadanía que la Universidad de Chicago realiza desde 1972 descubrió que hoy los estadounidenses tienden a decir que el sexo extramatrimonial está mal siempre mucho más que en las décadas de 1970, 1980 y 1990".

Perel dijo que la condena al engaño es más dura en los Estados Unidos que en otros países occidentales. "La gente aquí es masivamente hipócrita. No traicionan menos que los franceses. Sólo se sienten más culpables", dijo. Contra el lugar común del puritanismo, la especialista señaló otro factor: la lucha por mantener el control de uno mismo está en el centro de la ética nacional. "Aquí todo es exagerado, todo es de fama mundial, las porciones son gigantescas. Todo se trata del exceso y el control", dijo.

La falta de control habla de una falla: muchas personas suponen que si hay infidelidad es que hay algo malo en el matrimonio. Perel no lo cree: para ella, las razones son mucho más complejas. "En una era de consumismo, una época en la cual se cree que se tiene derecho a mucho, nadie puede sentirse satisfecho jamás", dio como ejemplo. "Hoy en día todo el mundo quiere desear. ¿Qué es el deseo? Es poseer la capacidad de querer. Yo quiero. He ahí la esencia del consumismo".

Matrimonio vs. nomadismo sexual

Acaso porque "en el reino de las parejas no hay otro tema que provoque más temor, más cotilleo o más fascinación que el adulterio" —dijo Perel— no hay estadísticas confiables. Ni siquiera un rango razonable: se estima que en Occidente entre el 30% y el 75% de los varones y entre el 20% y el 68% de las mujeres reconocieron que cometieron alguna forma de infidelidad.

Rara vez el adulterio se da por el sexo en sí, o por la otra persona. Se trata de recapturar "la sensación de sentirse vivo con alguien, la capacidad de jugar, la curiosidad y el egoísmo", describió. "No se trata tanto de que busquemos a otra persona como de que busquemos un yo distinto".

Desear a otras personas además de la pareja es algo natural, según la psicóloga, que lleva casada más de tres décadas y tiene dos hijos ya adultos. Pero eso choca contra el pensamiento mágico según el cual el alma gemela debe satisfacer todas las necesidades de una persona, incluidas las existenciales como funcionar de ancla en un mundo fragmentado en soledades. "Nunca antes el espacio privado fue el lugar central donde las personas deben hallar las respuestas a todos los temas importantes de la vida. La gente solía tener una religión, una comunidad", opinó Perel. "Hoy quiero mi sentimiento de pertenencia, mi sentido de la identidad, mi sensación de que todas las grandes cuestiones de la vida se encuentran en mi relación con mi pareja y mis hijos".

Y no sólo el mundo privado ocupó lugares del colectivo, sino que también la concepción del matrimonio ha cambiado. "La fidelidad es lo último que queda en pie para definir matrimonio", explicó la terapeuta. "No hay que esperar a casarse para tener relaciones sexuales, no hace falta tener hijos. Ni siquiera hace falta casarse. Lo único distintivo es que, luego años de nomadismo sexual, de pronto uno dice 'Al fin encontré a la persona. Eres tan excepcional que no buscaré más. Por ti prometo ser repentina y exclusivamente monógamo". Pero el nomadismo sexual es lo opuesto a la exclusividad: "El amor y el deseo no son la misma cosa".

Perfección en la imperfección

Perel destacó que allí donde la mayoría de los europeos ven un rasgo de imperfección humana —"no algo que merezca la destrucción del matrimonio"—, los estadounidenses, en cambio, sienten que el sexo y el placer corrompen y condenan el adulterio. "Hay un verdugo y una víctima: son las únicas dos opciones. El lenguaje es criminal. Eso lo dice todo".

En su práctica clínica no trata los affairs como una herida traumática que un miembro de una pareja inflinge al otro, sino como un hecho sobre el cual primero hay que pensar. "¿Qué significa para usted? ¿Cuán fascinado está? ¿Quién es usted en ese affair?". Esa perspectiva le ganó detractores, como la psicóloga Janis Abrahms Spring, autora de After the Affair (Después del affair). "Cuando uno hace algo que destroza el bienestar de la otra persona, no es neutral, no es justo y no es amor". Para Abrahms Spring, el adúltero causa un daño traumático. Su libro tuvo gran éxito porque, en su opinión, "ofreció un lenguaje que llegó al corazón de la parte herida y le permitió sentirse menos enloquecida y sola".

Perel cree que su enfoque es más efectivo para todas la partes. "Trabajar con la infidelidad consiste en trabajar con los dilemas existenciales alrededor del compromiso, la lealtad, la fidelidad y el amor". A veces su enfoque funciona, pero otras no: algunas parejas no logran sobrevivir a la traición de una de las partes. "La infidelidad es un agujero negro que atrapa a los dos miembros de la unión en una serie sin fin de rencor, venganza y autocompasión". Otras parejas encuentran en el affair un catalizador para el cambio positivo. La perfección no existe ni en la mejor de los vínculos. "Una gran relación —definió— es una relación imperfecta".

Los padres de Perel, ambos sobrevivientes de la Shoá, inspiraron los criterios de ella. Para ellos, haber salido con vida de los campos de concentración del nazismo no fue un final, sino un principio. "Comencé a comprender el erotismo no desde la definición sexual moderna sino desde la definición mística", explicó el impacto de ese ejemplo. "Es mantener la capacidad de sentirse vivo, es un antídoto contra la muerte".

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