1 de enero del 2016 00:00

Banda Tapir hace rock para salvar el planeta

Banda Tapir

Jessy Constante (con la Llama Pachanga), Fabián Romero (con el Mono Xilófono), Pata Granda, Pancho Arias (con Danti el Tapir) y Dany Herrera. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

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Dimitri Barreto
Editor Digital (I)
dbarreto@elcomercio.com

Entre las hojas de árboles sacudidos por motosierras emerge una voz frágil: “El calentamiento global me está matando, vuelo muy alto y me estoy achicharrando, volé y volé hasta encontrar un nuevo hogar y apenas me instalé lo mandaron a cortar. ¡Nooooo! Ese es mi árbol”.

El rugido de esa tala es la guitarra de Pancho Arias, el bajo de Fabián Romero, la batería de Dany Herrera y la voz -filtrada por un distorsionador- de Pata Granda, que retumban cerca de las 22:00 dentro de un estudio insonoro en Monteserrín. El mensaje es el canto de Jessy Constante, teatrera, titiritera.

“Los amaneceres en mi casa eran con canto de pájaros en el sector Buenos Aires de Quito. Un día talaron el bosque para construir un condominio. Y escribí esta canción”, dice Jessy, de la Banda Tapir, la agrupación de quiteños que diseña teatro, títeres y rock para romper prejuicios. Sus letras son ecologistas y contra la violencia. Su público: niños.

“La idea de formar Banda Tapir fue darle música de calidad a mijo José Fabián”, dice Fabián Romero, director y creador del grupo, un diestro con la guitarra eléctrica. Corría 2009.

“Entonces tuvimos la idea con el Panchito de hacer la Banda Tapir. Yo había hecho la música para dos obras de teatro en las que él actuó”. ¿Cuáles? “La santísima tragedia de los capitanes cósmicos y El teatro de la lechería”, responde Pancho Arias, actor, guitarrista, cantante y ‘padre’ de los tres integrantes peludos en peligro de extinción: Danti el Tapir, Mono Xilófono y la Llama Pachanga.

Yo diseñé los títeres, pero la Jessy se encargó de darles vida, asegura Pancho, el titiritero de dos personajes. “Danti por ser cachorrito es un niño en aprendizaje, libre, tierno. El Mono es fanático de AC/DC, con mancuernas, punk y habla sobre la no violencia”. ¿Cuánto tienen de ti? “Más bien yo tengo de ellos”, sonríe Arias.

La Llama Pachanga es algo egocéntrica, “ya es parte de mí, yo la construí. Enseña, interactúa con la Pata (cantante principal)”, agrega Jessy, la titiritera de la ‘camelidae’. La llama cuida el agua, recomienda revisar las tuberías de casa.

Influenciada por AC/DC, King Crimson, Black Sabbath, Metallica, Led Zeppelin, etc., Banda Tapir suena con ‘overdrives’ de guitarra en conciertos para niños bajo la creatividad musical de Fabián Romero y letras con conciencia social. “Tenía que ser rock, no podía ser pop”, enfatiza Fabián. “Si ves las películas de los niños, tienen mucho rock. Es muy cercano para ellos”.

“En la banda hacemos un trabajo recíproco con la naturaleza”, reflexiona Dany Herrera y sus ojos almendrados se iluminan detrás de gafas cuadradas. En su día a día, ¿cómo cuidan el planeta? Intentando practicar lo que predico, responde Pancho.

“La ecología es lo que hay, mi relación con el medio en que vivo. Clasifico mi basura. Tengo la suerte de estar casado con Jessy”, a quien conoce desde la Facultad de Artes de la Central.

“Yo pierdo la cabeza cuando llevan recipientes desechables de la comida comprada, en lugar de usar los envases de la casa para eso”, cuestiona Jessy. “Es un shock cuando un adulto deja la llave del agua abierta. Sí. Él puede decir yo pago el agua, pero no es una cuestión de pagar, sino de preservar, un día se agotará”, enfatiza Dany.

El cuidado del planeta es su vida. Jessy, Pancho y Fabián elaboraron un proyecto de reciclaje en Quito con Emaseo. La Pila, un trash metal de Tapir, tuvo acogida en más de 300 funciones en escuelas y barrios. “Pienso bien antes de consumir plástico, pilas, cosas innecesarias”, dice Pata Granda, licenciada en Música Contemporánea y cantante lírica con estudios de percusión en Cuba, Argentina, Uruguay y Perú.“Mi hija, de 5 años, es fanática del reciclaje, no bota nada. Rechazo el consumismo; busco lo orgánico”.

El verano del 2015, otro proyecto de Tapir y Dar Teatro derivó en una gira de 40 días para una campaña del Parque Nacional Galápagos. “Fuimos por las islas a recordarles con teatro y música dónde están, un lugar mágico, para que se unan y lo cuiden siempre. Fueron 60 obras, la gente nos esperaba emocionada”, cuenta Jessy.

“Los niños son muy sinceros, si no les gusta, te dicen”, sostiene Fabián. “Su energía me llena muchísimo, porque te paran bola, tienen interés por lo que les dices, a diferencia de ir a tocar en un bar, donde cada quien se fija en lo suyo”, lamenta.

“Soy un pájaro loco y hago ruido en el vecindario, picoteo sus frentes, a ver si en algo bueno están pensando, solo quiero mi árbol, con todos ya están acabando”, corean Jessy y Pata, mientras guitarra, bajo y batería rechinan como si cayera un gran árbol, la nueva creación inédita para el disco de Tapir en el 2016.

DATOS

Cerca de 1 200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive en áreas con carencia física de agua. Según la ONU, 1 800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua en el 2025.

Entre los jóvenes de 18 a 29 años hay una mayor conciencia ecológica. El 97% de habitantes de ese grupo etario utiliza pilas recargables en sus hogares en Ecuador. Una sola pila alcalina (no recargable) puede contaminar unos 175 000 litros de agua.

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