8 de septiembre de 2017 00:00

El Ballet Zamarro resalta la tradición indígena

Las presentaciones en las que interpretan las tradiciones de los habitantes del pueblo Kayambi son las más frecuentes para esta agrupación. Foto: archivo EL COMERCIO

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Redacción Sierra Norte
(F-Contenido Intercultural)

El tratamiento de las fibras de la totora inspiraron la coreografía Los Tejedores de San Pablo del Lago, Otavalo. Esa es una de las propuestas del Ballet Folclórico Zamarro, de Cayambe, que busca resaltar las danzas tradicionales de diferentes pueblos del país.

Para esa pieza participan 18 bailarines, la mayoría estudiantes del Colegio Natalia Jarrín, quienes recrean la labor de los artesanos kichwas Otavalo, que preservan este oficio de entrelazar las fibras que crecen en las orillas del lago San Pablo.

El grupo de danza está próximo a cumplir su primer aniversario. Según su titular, Patricio Aguas, se organizaron tras recibir una invitación para participar en un festival en México.

Incluso, adoptaron el nombre del grupo de música Zamarro, que tiene cerca de dos décadas de trayectoria, dirigido por José Luis Vaca.

Aguas, exintegrante del Ballet Folclórico Jacchigua y del grupo Samay, de Quito, lleva 30 de sus 52 años realizando investigaciones sobre vestuario y danzas tradicionales.

En el caso de las Tejedoras de San Pablo de Lago, por ejemplo, las mujeres visten anaco y fachalina azules, blusa bordada y sombrero de ala ancha y arremangado, similar a los Natabuela. Los hombres pantalón, camisa y alpargatas blancas, poncho azul y sombrero.

Entre los trajes resaltan los que usan los indígenas kayambis. En la zona han identificado, al menos, 15 clases de indumentaria. Una de ellas es la que se emplea para la obra denominada Las Comadres. Se trata de un traje sencillo de falda recta, de tono oscuro, blusa de manga corta, chal de colores y sombrero de paño.

Es una de las danzas preferidas de Nohelia Rivas, integrante de Zamarro. La bailarina, de 15 años, explica que buscan recrear a las antiguas tejedoras kayambis. La picardía de estas damas es un elemento infaltable en sus actuaciones.

Cuando aún tenía 6 años, Rivas inició su formación en el ballet clásico. Sin embargo, ahora le atraen las danzas autóctonas. Esta pasión comparte con su hermana Nataly. Las dos están en el Ballet Zamarro desde que se instituyó.

En este lapso, comenta, han cumplido sus sueños. Junto con 13 compañeros de baile y seis músicos recorrieron ocho municipios del Estado de Michoacán, en México. Recuerda que en el Festival Mundial de Danza y Artes Michoacán (Femdam) lloró al escuchar el Himno Nacional.

Hasta el momento el conjunto tiene cinco composiciones. Aguas señala que ahora preparan dos coreografías. Una está mentalizada en los indígenas de Cacha, Chimborazo.

La obra incluye un baile de salón con las tonadas de capishca, alza, pasacalle y pasillo. Los cuatro ritmos andinos se fusionan en una sola coreografía.

Es una propuesta estilizada que resalta las tradiciones de varios sitios del país, comenta Oswaldo Imbago, director de Educación y Cultura del Municipio de Cayambe.

Los bailarines de Zamarro aprovecharon el período vacacional para pulir su técnica. Los ensayos se realizan de lunes a viernes, por la noche.

Una de sus más recientes participaciones -como grupo invitado- fue en el pregón de las Fiestas del Yamor, en Otavalo. Luego, del 23 al 25 de septiembre irán a la ciudad de Pasto, Colombia, para participar en un festival.

En octubre próximo se presentarán nuevamente en la Ciudad Mitad del Mundo, en la capital ecuatoriana.

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