3 de agosto de 2016 12:23

Ballenas jorobadas cuidan a otras especies de amenazas, según estudio

Un científico pudo observar cómo una pareja de ballenas jorobadas salvó a una foca. Foto: John Durban/NOAA/Science

Un científico pudo observar cómo una pareja de ballenas jorobadas salvó a una foca de unas orcas que intentaban atacarla. Foto: John Durban/NOAA/Science

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Valeria Sorgato
Redactora (I)

Al principio parecía algo usual, un ataque preciso e inteligente. Varias orcas intentaban capturar una foca de Weddell que se refugiaba sobre un trozo de hielo de la Antártica. Las orcas nadaban juntas y generaban una serie de olas para volcar la plataforma helada y empujar a la foca al mar. La muerte parecía ser segura.

Pero algo increíble sucedió: una pareja de ballenas jorobadas llegó a su socorro. Mientras la presa corría hacia sus salvadoras, una ola la lanzó al vientre de una de ellas que estaba bocarriba.

La ballena arqueó su pecho fuera del agua, lo que le mantuvo a la foca fuera del ataque de las orcas. Cuando la víctima parecía que iba a caer, la ballena la empujaba cuidadosamente con sus aletas hacia su pecho. Hasta que finalmente la foca se arrastró a otro hielo flotante más seguro.

“Estaba perplejo”, afirmó el ecólogo marino Robert Pitman a la revista Science, quien presenció esta escena en el 2009 y la describió en Science y Natural History.

Recientemente, la revista científica publicó un artículo donde analizaban 115 testimonios, desde 1990, que observaron este comportamiento en las ballenas jorobadas. “De pronto hay un ataque de una orca que intenta embestir a un animal y de repente se meten las ballenas jorobadas”, cuenta Judith Dekinger, bióloga marina que participó en el estudio y también es profesora de la Universidad San Francisco de Quito.

Al igual que muchos animales, las ballenas jorobadas defienden desaforadamente a sus crías de su mayor enemigo, en este caso las orcas. Sin embargo, es muy raro que un animal salve a la presa de su depredador.

Dekinger explica que normalmente las especies no defienden a un individuo que no sea de su propia familia. Por ejemplo cuando un depredador se acerca a las crías de los patos, los padres simulan estar heridos para captar su atención. Los piqueros de patas azules o los monos chorongos defecan sobre el enemigo cuando se sienten amenazados, para salvar sus propios genes. Los lobos marinos juegan con tiburones blancos para distraerlos.

Defender a otro animal significa gastar mucha energía, a veces pueden poner en peligro su propia supervivencia. Una ballena jorobada puede pasar hasta seis meses a “dieta”. Cuando es invierno, migran a las aguas tropicales para aparearse hasta que las crías desarrollen una capa de grasa que las proteja de las aguas frías y ricas en alimento de los polos. Para llegar a ellas deben recorrer 1 500 km al mes durante seis meses, a veces sin comer nada.

“Se trata de altruismo”, dice Denkinger, quien soporta la teoría más relevante por el momento. Otros sostienen que las ballenas jorobadas pretenden perjudicar a su enemigo para que pierda fuerzas.

“Creo que hemos subestimado mucho la inteligencia de los animales. Lo que nos muestra este estudio es que las ballenas jorobadas tienen un comportamiento realmente complejo y son cetáceos muy inteligentes. Tienen que pensar algo para gastar tanta energía en estos ataques”, agrega la bióloga marina.

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