20 de junio de 2014 17:44

El bajista de Basca impregna las etapas de su vida en tatuajes

Xavier Calle, bajista de Basca, se tatuó un brazo. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO

Xavier Calle, bajista de Basca, se tatuó un brazo. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO

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Redacción Cuenca

El sonido es intermitente, son las siete agujas que pasan sobre el brazo derecho del bajista de la agrupación cuencana de rock Basca, Xavier Calle. Él se realizó un nuevo tatuaje, fue el sábado 14 de junio del 2014.

Calle, de 37 años, tenía su espalda apoyada en el asiento, con el propósito de que su postura firme facilite el trabajo de Xavier Cusme del centro Tribal Tatoo, ubicado en la segunda planta del centro comercial El Pasaje.

El bajista no se quejaba pero eso no significaba que no sintiese dolor, sino era aguante, puro aguante. Calle en esta ocasión ha decidido tatuarse una imagen que tiene relación con el nuevo disco que la banda de rock lanzará en agosto próximo.

Xavier Calle, de Basca, se realizó un tatuaje. Foto: Xavier Caivinagua/EL COMERCIO

Por ello, pidió a su amigo diseñador Paolo Urgilés que le realice una imagen personalizada, en el que se plasmen dos situaciones de su vida. La primera es la producción del sexto disco de la banda de rock que nació en 1989.

La segunda parte de su dibujo tiene relación con algo más íntimo. Él bajista se queda por unos segundos en silencio, pero es un silencio que da cuenta de algo doloroso que está viviendo, de esas injusticias de la vida y el poder.

Aquella imagen -una suerte de demonio- está inspirada en los dibujos del diseñador suizo Hans Giger. Calle hace hincapié que no es satánico que no los prejuicios no confundan su pasión por los tatuajes; como escudo suelta: “soy cristiano y estoy en el camino de aprender”.

En una camilla negruzca reposaba el brazo de Calle. Junto a él, seis frascos con tintes vegetales de varios colores.

Esta es la primera vez que el bajista se realiza un tatuaje con colores, sus otros son de color negro y también representan a criaturas y los tiene en sus brazos.

Calle dice que a diferencia de la primera vez que se hizo un grabado en su piel, cuando no tomó todas las medidas de asepsia, esta vez sus amigos y los certificados que Cusme exhibe en los muros fueron su referencia

Sin embargo, lo que siempre ha tenido presente para tatuarse es el significado que tiene cada dibujo, cada representación de una etapa existencial, una de felicidad, una de dolor.

El dibujo, que tiene varias líneas y abruma con detalles, ocupa todo el antebrazo del artista; razón por la que Cusme cree que en dos sesiones más finalizará el trabajo.

A Calle el dolor que le causan las agujas durante las tres horas de sesión le causa alguna especie de adicción. Él reconoce que el cuerpo tiene un límite para tatuarse, pero que el dolor se aplaca ante la satisfacción de ver cómo Cusme toma a su piel y la hace lienzo, la hace arte.

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