4 de junio de 2017 15:47

La ayahuasca marca la conexión con el pasado y los antepasados

Rituales chamánicos hacen uso de la ayahuasca como alucinógeno para alcanzar otros estados de conciencia. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Rituales chamánicos hacen uso de la ayahuasca como alucinógeno para alcanzar otros estados de conciencia. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Redacción Tendencias
(F-Contenido intercultural)

La Banisteriopsis caapi, mejor conocida como ayahuasca, es una liana de la familia botánica Malpighiaceae, a la cual pertenecen unos 75 géneros y 1 300 ­especies de plantas.

Uno de los componentes claves de la ayahuasca es la dimetiltriptamina (DMT), un alcaloide de la familia de las triptaminas. Desde 1988, el investigador médico J. C. Callaway sugirió, con base en sus hallazgos, que este componente podría estar relacionado con el fenómeno del sueño visual, indicando que los niveles de DMT existentes en el cerebro humano son aumentados naturalmente para inducir alucinaciones visuales.

Otro de sus componentes es la harmina, alcaloide que actúa sobre las estructuras cerebrales bloqueando la acción de los mediadores químicos normales produciendo estados alterados de conciencia, según el investigador ecuatoriano Plutarco Naranjo.

En su libro ‘Mitos, tradiciones y plantas alucinantes’, Naranjo indicó que el conocimiento ancestral de los shuar y los quichuas da su propia explicación a los fenómenos alucinógenos de esta planta.

Loa shuar también llaman a la planta Natem. Hace mucho tiempo existió un hombre sabio, capaz de ver el tiempo y el clima, y vaticinaba tanto el pasado como el futuro. También aconsejaba a los chamanes cómo debían ejecutar las curaciones.

El nombre de este gran sabio era justamente Natem. En vista de que él no podría permanecer por siempre junto a los humanos, dejó su espíritu reencarnado en una misteriosa planta. La misión de los shuar, desde entonces, es buscar la planta y extraer su fluidos para poder ingerir el espíritu de Natem, que los ayudaría a alcanzar la madurez.

Otra versión proviene de la tradición kichwa, que indica que en los primeros días se les apareció a los venerables un hombre-dios, robusto y fuerte, capaz de derrotar a la anaconda y al tigre.

Con sus ojos era capaz de ver tanto el pasado como los deseos de los antecesores. Cuenta la leyenda que este hombre dios dijo entre sus últimas palabras “yo soy el espíritu de los antepasados, a quien debes honrar” y luego se convirtió en una planta trepadora.

Desde entonces, a esta planta la llaman ayahuasca, que etimológicamente se compone de ‘aya’ que es muerto o antepasado, y huasca que significa cordel o bejuco. Ayahuasca quiere decir entonces la “liana de los muertos”.

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