8 de agosto de 2014 00:00

Las aves mueven el turismo
ecológico en el noroccidente de Quito

Picaflores
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Amanda Granda

El sonido de las cerca de 350 especies de aves que habitan en la reserva privada Bellavista, en Tandayapa (noroccidente de Quito) atrae a un grupo de turistas extranjeros.

Faltan 10 minutos para las 06:00 y los viajeros ya están en pie. Llevan una cámara, bi­noculares y hasta un telescopio para no perderse los colores y las texturas de los pájaros.

La caminata se inicia con los primeros rayos de sol que ingresan por entre las ramas.

Caminan despacio, casi de puntillas. El sonido de las hojas secas al ser pisadas advierte a las aves de la presencia humana

Nelson Apolo, uno de los cuatro guías especializados que hay en Bellavista, se detiene y escucha un sonido que se asemeja a unos golpes sobre una puerta. “Hay un carpintero, ese es su sonido”, asegura.

El estadounidense Tadeo Eluey camina y apunta sus binoculares a la copa de un árbol y divisa al pájaro. Se queda inmóvil y sonríe. En minutos, el ave emprende el vuelo y se pierde entre la vegetación.

Eluey habla poco español. Cuenta que en Costa Rica, uno de los países más diversos en aves, se puede apreciar lo hermoso de estos animales. Con esto concuerda Richard Parsons, propietario del lugar. Él nació en Inglaterra y llegó al país como mochilero, después de especializarse en manejo de turistas compró un terreno en Tandayapa y echó raíces.

Así se sumó a la generación de amantes de la naturaleza que han hecho del avistamiento de pájaros un motivo para cuidar la naturaleza e impulsar el turismo. También hay iniciativas parecidas en el bosque La Perla, en Santo Domingo de los Tsáchilas. Y en la Hostería Sapos y Ranas, ubicada en la vía Calacalí - La Independencia.

Ahí se ofrecen tours con caminatas y paseos en bicicleta, en donde se pueden observar las aves. “A diferencia de Costa Rica, en Ecuador existe mucha accesibilidad para avistamiento”, señala Eluey. Por eso incluso las hosterías se han levantado con miradores especiales. En la parroquia Mindo (noroccidente), por ejemplo, hay hamacas en el Jardín de Mariposas, para ver a los picaflores alimentándose en los bebederos artificiales.

Según el Ministerio del Ambiente, a escala nacional se han registrado 1 640 especies de las 9 702 que se encuentran en el mundo, es decir que ­Ecuador cuenta con el 17% del total mundial, esto convierte al país en una potencia mundial para el aviturismo.

Parsons agrega que el 90% de sus visitantes son extranjeros y aunque cuentan con tarifas especiales para visitantes nacionales, el porcentaje es bajo.

Algo similar sucede a pocos kilómetros de Bellavista. Se trata de Tandayapa Bird Lodge, otro de los sitios en los que el avistamiento de aves es la principal atracción turística.

Pablo Cervantes, gerente y guía, indica que ahí se pueden observar 300 especies de aves. Basta sentarse en un pequeño balcón que hay en el lugar para admirarlos y fotografiarlos. En menos de 10 minutos una tucaneta llega al sitio, se posa en una rama y come algo.

Cervantes saca su cámara y desde el amplio ventanal capta al pájaro. El gerente indica que ahí, además del avistamiento, también se realizan talleres de fotografía naturalista y paseos por tres senderos ecológicos.

El recorrido por Tandayapa sigue y a 1 700 metros de altitud se encuentra el Eco Lodge San Jorge. Tras una caminata de 15 minutos se llega a un mirador ecológico. Son las 16: 30, el sol empieza a esconderse y las aves aprovechan para llegar a sus nidos. “Es verano, época propicia de anidación”, dice Stalin Gordillo, quien administra el lugar desde hace cinco años.

Él distingue entre la vegetación un nido de tangara. Coloca un telescopio y a través de él se ve cómo el ave deja en el pico de sus dos polluelos algo de comida.

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