5 de enero de 2017 00:00

Michael Fassbender da vida Cal Lynch en la película de 'Assassin's Creed'

En la cinta protagonizada por Michael Fassbender, dos facciones  se enfrentan por la sumisión del hombre o su libre albedrío

En la cinta protagonizada por Michael Fassbender, dos facciones se enfrentan por la sumisión del hombre o su libre albedrío. Foto: Archivo 

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Fernando Criollo
Redactor (I)
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Entre el orden y el caos está 'Assassin's Creed', otra popular historia de videojuegos que da el salto a la pantalla grande. En su tercer largometraje como director, Justin Kurzel se sumerge por primera vez en el mundo de las consolas para extraer la historia de un personaje que vive en dos tiempos y sobre el que pesa una difícil misión.

En la pantalla, ese personaje es interpretado por un camaleónico y ágil Michael Fassbender. El actor, que también figura como productor, se mete en la piel de Cal Lynch, un hombre con un pasado traumático y que acaba de ser condenado a la pena de muerte.

Un destino que toma otro rumbo por la intervención de Abstergo, entidad dirigida por Alan Rikkin (Jeremy Irons) junto a su hija, la doctora Sophia Rikkin (Marion Cotillard).

En un sofisticado laboratorio en Londres, ellos expondrán a Lynch al Animus, un equipo de avanzada tecnología que desbloquea los recuerdos genéticos permitiendo que experimente en el presente la vida de sus antepasados.

Entonces Fassbender se desdobla actoralmente para trasladarse hasta la España del siglo XV y revivir las aventuras de Aguilar, un miembro de la hermandad secreta de los Asesinos, perseguido por el conquistador Ojeda (Hovik Keuchkerian), el dominico Tomás de Torquemada (Javier Gutiérrez) y toda la Santa Inquisición.

Con un célebre elenco a su favor, el director adopta las líneas principales del juego y se toma algunas licencias creativas para arriesgarse con una historia de personajes propios y emprender la difícil tarea de enganchar al espectador que no está familiarizado con el videojuego y a la vez complacer a los fanáticos de las consolas.

Entre Inglaterra y España, entre el siglo XXI y el XV, entre el bien y el mal, Kurzel levanta dos escenarios que, entre sus bien definidos contrastes visuales, encuentran puntos coherentes de intersección.

Uno de esos es el Animus, que aparece como un guiño a la experiencia cada vez más inmersiva que ofrecen los modernos videojuegos y que en el filme hace que el personaje del siglo XXI descubra a través de esa realidad virtual un cambio, no solo físico, sino psicológico y emocional.

El director también le concede a la película cierta lógica de videojuego con sucesivas ‘misiones’, donde la acción, el combate y las persecuciones priman sobre los apartados reflexivos del largometraje.

Finalmente, dos épocas se conjugan en una lucha ancestral, que toma partido de la mitología bíblica para deshilvanar una trama en la que se pone en juego el dominio de la voluntad y el libre albedrío, cuyo secreto yace en las entrañas del ‘Fruto’ prohibido.

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