14 de septiembre de 2016 00:00

El artista Eduardo Segovia llevará sus creaciones hasta Europa

En su casa en Cuenca, el artista exhibe una colección de sus creaciones y cuadros. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

En su casa en Cuenca, el artista exhibe una colección de sus creaciones y cuadros. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

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Giovany Astudillo
Editor
(F-Contenido Intercultural)

Sus creaciones serán expuestas por un mes en la inauguración de un centro cultural en la ciudad alemana de Regensburg. El artista cuencano Eduardo Segovia envió 15 piezas de cerámica y 10 cuadros.

Las figuras fueron elaboradas con una técnica metalizada y están inspiradas en temas costumbristas y ancestrales. Esculturas creativas en pequeño formato son parte de la colección ‘Formas, composiciones y colores’.

Segovia viajará el 27 de este mes a Alemania para asistir a la exposición, que se efectuará entre el 2 de octubre y el 2 de noviembre. Junto a él se desplazarán los artistas plásticos Boris Ordóñez y Nicolás Herrera, que también expondrán .

Según Segovia, los contactos se realizaron “a través de la Embajada ecuatoriana en Alemania”. Pero no será la única exposición de este ceramista cuencano, de 78 años. Entre el 15 de octubre y el 2 de noviembre mostrará otras 18 piezas de cerámica y ocho cuadros en la ciudad holandesa de Tilburg; lo hará por una invitación de su amiga Marié Verdijk.

“Soy un admirador y querendón de mi país, porque tenemos mucho que enseñar al mundo: como la fauna, la flora, el folclor, las costumbres”, dice el artista, que ha expuesto anteriormente en España, Perú, Colombia, Venezuela... La primera ocasión fue en 1974, en Toronto (Canadá).

La chola cuencana es una de sus principales inspiraciones, porque le recuerda a su madre, Teresa Segovia. Pero también ha investigado las culturas aborígenes de América Latina y se ha nutrido para sus creaciones, pero a cada una le dio su estilo propio.

Entre sus creaciones están jarrones, apliques, tejas y platones con temas variados. Tiene animales, series de abstractos y motivos precolombinos. En su casa hay obras como El campanillero, Mayoral, Globo del septenario, Borrachitos de El Vado, Vendedora de dulces de Corpus, Diablo Huma, Danzantes de Imbabura...

“Investigué para saber quiénes somos, de dónde venimos, cuáles son las raíces y los personajes de cada cultura. Soy muy curioso y observador. Estudié a los mayas, aztecas, incas...”, señala este cuencano, que se inició en este oficio a los 6 años. Desde su niñez vive en el barrio Convención del 45, de Cuenca, antes conocido como de Las Ollerías.

Allí conoció el oficio de la alfarería, y en la escuela de los Salesianos, el sacerdote Carlos Crespi fue su benefactor. Le apoyó para que elaborara silbatos de barro, que vendía a un centavo de sucre a sus compañeros. El religioso italiano le dio libros de arqueología para que desarrollara su habilidad.

Luego comenzó a trabajar en el museo de Crespi, donde elaboró réplicas y dio mantenimiento a las piezas de la colección. En su juventud también empezó a pintar y viajó a Estados Unidos. Allí trabajó como decorador de la empresa de cerámica Fejer, en Pensil­vania, en 1953.

Segovia recuerda que aprendió de expertos estadounidenses y europeos, y compraba libros de cerámica en Nueva York para capacitarse. “Nunca dejaré de aprender”. En los jarrones pintó dibujos con influencia prehispánica, con el estilo que cultivó en el Ecuador. No se acostumbró a ese ­lugar y regresó al país.

Sus principales creaciones están en la Capilla del Hombre, del pintor Oswaldo Guayasamín. Son dos murales que elaboró durante un año, con los hermanos Luis y Román León. Tienen 7 metros de largo por 7 m de ancho. El primero se conoce como ‘Muro Inca’ y el otro como ‘Mujer Pájaro’. ­Fueron elaborados con una técnica mixta de engobe y esmaltada al fuego.

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