26 de septiembre de 2016 00:00

Las artesanías de los tsáchilas sirven como amuletos

José Aguavil

En el centro cultural Shuyun, de la comuna El Poste, el poné José Aguavil bendice las lanzas. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa

Los collares, pulseras, llaveros y lanzas no solo sirven como un elemento decorativo. En la cultura tsáchila se utilizan como un amuleto para protegerse. También se cree que atraen la suerte y las buenas energías. Su elaboración no solo conlleva un proceso artesanal que puede durar hasta dos días sino también incluye un ritual en el que el tsáchila se reencuentra con la naturaleza.

Según José Aguavil, del centro turístico Shuyun, la luna es un elemento clave en la fabricación de los amuletos.

Esto, debido a que las semillas con las que se elaboran, deben recolectarse en luna llena o en luna nueva. “Tiene dos beneficios: el primero es que las semillas durarán más y el segundo es que la luna, en esa ­fase, es un campo energético que otorgará a las semillas poderes especiales”.

La semilla con la que se trabaja debe secarse con el sol. Para Anita Calazacón, historiadora oral de la nacionalidad tsáchila, cada vez que una semilla se seca no debe ser ­desechada. La tradición de los ancestros era rendirle tributo.

Hace cerca de 70 años, los cazadores se colocaban un collar con las semillas para que los protegieran de los animales salvajes del bosque y les diera buena suerte. “En la antigüedad, todo lo que el tsáchila poseía lo proveía directamente la naturaleza. De ahí parte el agradecimiento y los tributos al bosque y sus plantas que se rinden”, enfatizó.

Con el tiempo, las mujeres tsáchilas también las utilizaron para protegerse de los malos espíritus -en los que creen- que rodeaban las parcelas en las que se cosechaban frutas.

Las mujeres embarazadas también hacían pulseras para los recién nacidos. Ellas debían tejerlas y de inmediato hacerlas bendecir con el chamán de la comuna tsáchila.

Según Manuel Calazacón, de la comuna Chigüilpe, desde hace 20 años que se instauró el turismo en las comunas, se empezaron a elaborar collares, pulseras, llaveros y lanzas de forma artesanal. Los colores que predominan en las artesanías tsáchilas son el negro, el blanco, el rojo y el café.

Al principio solo se vendían como una bisutería cualquiera a los visitantes. Pero los turistas empezaron a notar que las prendas eran diferentes a las que usaban los tsáchilas. “Al tsáchila no le importaba el tamaño o si las semillas rojas se intercalaban con las negras. Pero al turista sí. Entonces, decidimos explicarles que más que artesanías son amuletos de la buena suerte”.

Ahora se venden como amuletos. El turista escoge una prenda y el chamán la bendice e invoca a los dioses de la naturaleza para que guíen y protejan a esa persona. “Si la persona desea se hace personalizado. Mientras se ora, se repite el nombre de la persona tres veces y luego se esparce una colonia hecha con plantas nativas para atraer la buena suerte o la fortuna”.

En el caso de las lanzas, el ritual es diferente debido a que estos objetos sirven para proteger las casas o locales comerciales de robos y para atraer la fortuna. Las personas deben comprar un par. “La chonta tiene la particularidad de que se cultiva en (plantas) macho y hembra. Se las reconoce porque la hembra es café y el macho casi negro. Por eso siempre se debe escoger la pareja”.

A las lanzas se les debe decorar con los tres colores de la nacionalidad Tsáchila. El blanco, que significa pureza; el rojo, amor y valentía; y el verde el origen tsáchila en la naturaleza. Las lanzas deben colgarse en una pared cerca de la puerta. Según la cosmovisión tsáchila, estas servirán también para alejar los problemas y las malas energías.

El chamán José Calazacón señala que la chonta recoge la energía del bosque.

Para recargarla, en los días de luna llena deben dejarse al aire libre para que absorban nuevamente la energía de la luna. Este procedimiento se debe realizar cada seis meses.

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