16 de noviembre de 2016 00:00

La Artefactoría, tres décadas después

Artefactoría

Los seis miembros del colectivo de artistas guayaquileños se reencuentran en el MAAC con pinturas emblemáticas y nuevas obras. Foto: Wladimir Torres/EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)
agarciav@elcomercio.com

Los muros de sala autoral del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (Maac), en Guayaquil, han sido reconfigurados lejos de su diagrama habitual para albergar el reencuentro del grupo de arte guayaquileño La Artefactoría, que marcó un punto de quiebre local entre lo moderno y lo contemporáneo.

En ocho ambientes diferentes, los seis miembros del colectivo -que nació en 1982- exhibe, 34 años después de su creación, pinturas insignes (premios del Salón de Julio y obras de la Bienal de Cuenca). Al tiempo despliegan un repertorio nuevo, con acento en la instalación y el arte objeto.

‘¿Es inútil sublevarse? Arte y comentario social en el Guayaquil de los ochenta’ es el nombre de la muestra que el Ministerio de Cultura inauguró ayer, a las 19:30, en el MAAC.

La mayor parte de los integrantes del colectivo (Jorge Velarde, Xavier Patiño, Marcos Restrepo y Flavio Álava) se conocieron a mediados de los 70 precisamente en el Colegio de Bellas Artes de Guayaquil.

A inicios de los años 80 el historiador de arte Juan Castro y Velásquez reunió, además, a Paco Cuesta, que provenía del mundo del audiovisual, y a Marco Alvarado, con estudios en arquitectura. Los seis jóvenes artistas integraron lo que se denominó La Artefactoría, y pasaron de ser un grupo de pintores a aglutinar prácticas diversas. “Juan (Castro), en ese entonces director de la Pinacoteca del Banco Central, nos expandió el horizonte hacia el arte conceptual”, cuenta Cuesta.

Restrepo explica que la palabra Artefactoría tenía que ver con la producción en serie. “Fuimos como obreros en una línea de ensamblaje. En la revista Objeto Menú lo que hicimos fue trabajar como si estuviéramos en una fábrica”.

Velarde se mantuvo en el grupo hasta 1985 cuando viajó a Madrid a estudiar cine, una carrera que luego abandonaría para regresar a la pintura. “Después de nuestra aparición, el medio local entró en una especie de sopor, de hibernación”, dice. Y llama la atención sobre el vacío que existió hasta el surgimiento de nuevos artistas locales, salidos de las aulas del Instituto Superior Tecnológico del Ecuador (Itae), creado en 2004.

La aparición del Itae también está relacionada con Artefactoría: Patiño, Restrepo y Velarde fueron profesores y fundadores de la entidad.

En la muestra actual, los artistas proponen consolidar procesos artísticos que confluyen en la irreverencia. ‘¿Es inútil sublevarse?’ es una pregunta capciosa. El camino recorrido por los artistas muestra que la sublevación ante lo establecido puede ser fructífera, aunque también traumática. Así lo demuestra el mural que recibirá a los visitantes –na obra de estudiantes de la UArtes–, que recorre imágenes de las revueltas populares del siglo XX en Guayaquil, matanzas, manifestaciones, hechos históricos.

Junto al contexto político y social de la época, el mural contrapone en capas afiches con gráfica de cultura popular, una mirada a la ciudad como escenario y obras icónicas de los artistas que integraron grupos locales que antecedieron a La Artefactoría.

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