2 de enero de 2016 00:00

La arquitectura para navíos se mantiene 50 años en Esmeraldas

barcos cinchorreros

Cada seis meses, seis barcos cinchorreros entran al astillero para realizar su mantenimiento anual. Fotos: Marcel Bonilla / EL COMERCIO

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Redacción Esmeraldas
(F- Contenido Intercultural)

La construcción de barcos en la ciudad de Esmeraldas sigue, aunque con baja intensidad. Aunque se fabrican pocos barcos, la actividad llama la atención por las técnicas ancestrales que se usan.

Los andamios de caña guadúa y madera están sobre la parte exterior del navío que conforman las cuadernas o estructura.

En los costados del bastimento hay poleas construidas artesanalmente, que son usadas por los carpinteros para izar cada una de las partes de la embarcación, elaboradas en tierra.

El tablado sirve para estabilizarse a una altura de hasta 8 metros, mientras los tallistas navales dan toques a segmentos de la nueva barca en el astillero de Las Piedras. Ese tiene más de medio siglo y es el único que aún funciona de los tres que ha tenido la ciudad.

La construcción de barcos para la pesca de chinchorro o navíos usados para la actividad turística en el mar se realizan artesanalmente como hace 50 años.

Aún se usan las estopas de coco hechas trenza y la lana de pambil para cerrar las grietas de los barcos, como se hacía en el principio.

Navío

Los esqueletos de los navíos se construyen con maderas duras y resistentes como sándalo, pambil...

Uno de los carpinteros es Marín Valencia. Entendido en galafate (sella las uniones de las tablas del barco con estopa y lana para que no ingrese al agua) lleva 30 años en esa actividad. La profesión la heredó de su padre Luis Valencia, quien trabajó por 50 años como maestro naval.

Los carpinteros saben cómo trabajar la quilla de mangle de 30 metros, que es la columna principal de la embarcación pues son diestros en el manejo de herramientas como hachas, cepillos, azuelas, serruchos, formones , mazos de madera y otras herramientas.

18 trabajadores con sus metros de madera, piolas y niveles labran la madera según el cálculo del diseño. Mientras cortan el tronco, el olor del mangle, moral, algarrobo, guayacán, sándalo, que son usadas para la obra, se dispersa por toda el área.

Entre los años 70 y 90, Esmeraldas fue la provincia que más barcos construía para la pesca del camarón. Varón Alcívar es uno de los pocos carpinteros navales que quedan. Trabaja en el astillero por más de 40 años.

“Fabricábamos 6 barcos anuales, mínimo. Ahora ya no”, explica con nostalgia.

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