Una vieja hacienda se convirtió en una hostería ‘top’

Grandes mamparas de madera cubren los pasillos de la casona; no faltan la pileta y las escaleras de piedra.Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

Grandes mamparas de madera cubren los pasillos de la casona; no faltan la pileta y las escaleras de piedra.Foto: Glenda Giacometti/EL COMERCIO

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Cristina Márquez Redactora (I)
cmarquez@elcomercio.com

Hospedarse en La Andaluza es como atravesar un portal para regresar a la época colonial. Cada ambiente de la centenaria hacienda fue recreado y adecuado para convertirse en una de las hosterías más acogedoras de Chimborazo, sin alterar la arquitectura de la edificación.

La extensa hacienda, que llegaba hasta las faldas del Chimborazo, está ubicada en la entrada a la parroquia San Andrés, en Guano. La actividad agropecuaria era el principal ingreso, pero desde hace casi una década se volvió un sitio turístico.

La parte antigua de la hacienda tiene más de 300 años. Los pisos de madera, las altas paredes de bahareque, los ventanales de profundos abocinados y un techado recubierto por tejas de barro, son los rasgos arquitectónicos que recuerdan el estilo andaluz del inmueble.

En el 2012, José Gallegos, un emprendedor y anticuario apasionado, decidió adquirir la propiedad para convertirla en una ‘hostería–museo’. Él recreó el ambiente antiguo de las 11 habitaciones, para que los huéspedes puedan disfrutar de su convivencia con la historia.

La suite principal lleva el nombre de su huésped más ilustre, el Libertador Simón Bolívar. La vista privilegiada del coloso y un vestíbulo decorado con muebles coloniales originales no son las únicas razones por las cuales los enamorados la eligen.

Un hidromasaje en el interior de un amplio baño que se destaca por sus paredes de piedra y columnas de madera y una recámara con una antigua chimenea de piedra que se enciende cada noche, hacen del lugar el sitio más romántico de la hacienda.

“Cuando investigamos sobre la hacienda y supimos que Simón Bolívar se hospedó aquí, decidimos remodelar la habitación principal. Ampliamos el baño, instalamos el hidro y hoy es la favorita para las pedidas de mano, lunas de miel y aniversarios”, cuenta Chaterin Gallegos.

Según ella, convertir la casona en un sitio confortable, sin perder el aire, antiguo fue un reto. La calefacción para contrarrestar las bajas temperaturas, por ejemplo, tuvo que instalarse en las paredes. Es un moderno sistema invisible que no altera la decoración ni la estructura.

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