12 de junio de 2016 15:19

La arena del Sahara que viaja hasta América frena el calentamiento del clima

La dirección predominante del viento desde el Sahara es de este a oeste, cruza el Atlántico hasta llegar al Caribe y Sudamérica

La dirección predominante del viento desde el Sahara es de este a oeste, cruza el Atlántico hasta llegar al Caribe y Sudamérica. Foto Referencial: Pixabay

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Agencia EFE

Con el fin de estudiar los procesos de transporte del polvo desde el desierto del Sahara hacia América y sus propiedades en la atmósfera para influir o modificar en el cambio climático, el investigador español de la Universidad Autónoma de Barcelona, Antoni Rosell, participó en la expedición científica del Royal Research Ship James Cook, organizada por Holanda. 

La expedición, que atravesó el Atlántico transcurrió entre los meses de marzo  y abril de 2016 y es ahora cuando la investigación realizada comienza a dar frutos.

El químico ambiental e investigador español, Antoni Rosell, habló con EFE verde para explicar algunas de las conclusiones de este estudio.

La dirección predominante del viento desde el Sahara es de este a oeste, cruza el Atlántico hasta llegar al Caribe y Sudamérica, aunque también se traslada a veces hasta Europa, donde recibimos polvo de este desierto y que vemos especialmente cuando llueve.

La función de enfriamiento del polvo que viaja por la atmósfera hacia América está producida por su color claro que refleja hacia el espacio las radiaciones procedentes del Sol, al contrario que pasaría con una superficie más oscura, como el hollín en el humo que absorbe más radiación y calienta mucho más.

“El polvo del Sahara tiene este color relativamente claro que contribuye a este efecto de ‘apantallamiento’, expresión que seria la de un albedo” (porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto a la radiación que incide sobre la misma).

Un albedo alto tendrían las superficies más blancas como la nieve y el albedo más bajo serían las superficies más oscuras como el mar, un bosque o una carretera.

El Sahara ha jugado siempre este papel de ser uno de los puntos principales de emisión de polvo, aunque “es complicado poder traducir en grados centígrados el enfriamiento que provoca, pero estamos trabajando en ello para poderlo cuantificar”.

Este fenómeno, desconocido hasta hace poco, ha podido ser evaluado a través de las imágenes de satélites que dan una visión de conjunto del planeta y “con las que hemos podido ver la dimensión del impacto que puede tener sobre el cambio climático. Además de que los científicos hemos estado hasta ahora sobre todo más enfocados a Norteamérica y Europa”.

Otro punto de emisión de polvo importante se encuentra en Asia, en el desierto del Gobi, y hay muchos científicos que se encuentran estudiando las consecuencias de estas emisiones que llevarían una dirección contraria a la del Sahara, hacia el Pacífico hasta Norteamérica, afectadas por otro cinturón de circulación de los vientos.

La arena del desierto también estimula la producción marina

A parte del efecto albedo sobre el clima, Rosell señaló que “también la arena en suspensión tiene otros efectos sobre la Tierra que pueden afectar al clima y uno de estos es el que puede llegar a estimular la producción marina, es decir, a cualquier organismo fotosintético”.

Este polvo resulta un aporte de nutrientes que cuando llega al mar o a la Amazonía, que es una zona empobrecida en nutrientes, puede provocar un efecto de fertilización que estimula que las plantas capten CO2 de la atmósfera. De esta manera contribuyen a la disminución del efecto invernadero y actúan sobre la temperatura general del planeta.

La naturaleza tiene todos estos procesos, en los que unos contribuyen a enfriar y otros a calentar, que entre ellos se equilibran y que, a través del tiempo, explican las condiciones actuales que tiene el planeta.

Para el investigador, el cambio climático está siempre sucediendo por definición porque el clima es un proceso en continuo cambio y su equilibrio siempre está cambiando incluso por la radiación que viene del sol.

“Si algo define al clima es el cambio constante, lo que pasa es que los humanos hemos cambiado el efecto invernadero globalmente. Y además hemos cambiado la distribución de los bosques, el color de la superficie del planeta, por la creación de zonas agrícolas, y hemos construido ciudades, lo que afecta al albedo global y a la temperatura del planeta”, concluyó Antoni Rosell. 

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