30 de octubre de 2016 00:00

Aportes sobre la Mama Negra

El festejo gira alrededor de la Virgen de La Merced bajo la advocación de Nuestra Señora de la Santísima Tragedia.

El festejo gira alrededor de la Virgen de La Merced bajo la advocación de Nuestra Señora de la Santísima Tragedia.

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Amílcar Tapia Tamayo* (O)

Es indudable que uno de los mayores problemas que tiene la historiografía nacional es su falta de vinculación con la historia eclesiástica, toda vez que en los archivos generales no constan documentos que son guardados en los registros conventuales, sobre todo aquellos relacionados con el período colonial.

Para el caso de la historia de Latacunga, los estudiosos no dan mayor espacio a temas fundamentales, como por ejemplo un análisis más profundo sobre las doctrinas de los siglos XVI y XVII, en donde podría comprenderse con vastedad la conformación misma de los pueblos y ciudades de la actual provincia de
Cotopaxi. Para ello deberá acudirse a los archivos de los frailes agustinos, así como de los franciscanos y los mercedarios, quienes fueron los ­responsables de “misionar” entre los antiguos habitantes de la región.

En cuanto al origen de la fiesta de la Mama Negra, de Latacunga, tengo la seguridad documental de que se halla vincu­lado estrechamente al establecimiento del convento de frailes mercedarios en esa ciudad, quienes se encargaron de propagar la devoción a la Virgen de La Merced, desde su fundación en Barcelona, España, en el siglo XIII (1218).

El padre Joel Monroy, uno de los historiadores mercedarios más serios y prolíficos, publicó entre los años 30 y 50 su magistral obra ‘El convento de La Merced’ en tres tomos, en donde recoge con suma prolijidad todos los hechos y acontecimiento de su Orden en el período colonial.

Cita, por ejemplo, en ‘El convento de La Merced de Quito, 1616-1700’, que uno de los provinciales más destacados de la Orden mercedaria fue el padre Andrés de Sola, quien “en 1614 era Comendador (superior) de Quito y a él se le atribuye, a más de otros religiosos, que trabajó y consiguió con su gran influencia la división de la Provincia; y no pudo ser de otra manera, puesto que se consagró en cuerpo y alma al servicio de ella…” (p.95). Con seguridad, el convento de Latacunga pudo haber sido establecido entre 1623 y 1630, fecha en la cual el padre Sola desempeñó por primera vez su provincialato, y en la cual se crearon además los conventos de Ambato y Riobamba.

En el Libro de Inventario del convento de La Merced de Quito, correspondiente a 1632, se lee: “…dióse una casulla, dos cordones carmesí y un besamanos al Cvto. de Tacunga, bajo la capellanía del R.P. Manuel Garzón, quien administra esa casa... En Quito, a doce días de enero del mil e seiscientos treinta y dos años (folio 32)”, por lo que se presume que para esta fecha ya se había fundado dicho convento.

El terremoto del 22 de noviembre de 1687 en las provincias centrales destruyó Ambato, así como Latacunga y numerosas poblaciones de la región. “En deste pueblo (Latacunga) sufrió la pérdida de doscientos cuarenta y cuatro blancos, cerca de ochocientos indios sin contar con los de lugares cercanos, casas, iglesias, conventos y propiedades arrasadas por la fuerza del río, que se desbordó, no con la intensidad del río de Hambato, pero fue gravísimo y ha dejado desolación, hambre y pobreza en la zona a pesar de los muchos males que se sufrió luego del reciente movimiento de 1687…” .

“Nuestra iglesia y convento quedaron en ruinas. El obraje y la tejería no sirven para nada, todo, todo se acabó… Perdimos al R.P.F. Manuel de Ortigón y al hermano lego Manuel Muñoz. Yo pude salvarme de milagro. Ruego a su P.R. enviarnos ayuda de manera urgente…”. (Comunicación de fray Miguel de Herrera, conventual de Latacunga al comendador de Quito, enero de 1688).

En 1691, el padre Manuel Mosquera Figueroa, comendador del convento máximo de Quito, dispuso que “por orden del Rvdmo. P. Prov. Diego Casco, entrego al R.P. Fr. Manuel Cisneros la suma de setecientos cuarenta pesos para que se invierta en la reconstrucción de la iglesia del pueblo de Tacunga; se mande reparar la vieja imagen de Ntra. Sra. de La Merced que prodigiosamente no sufrió mayores daños, la cual se ha mantenido en su altar mayor y se cubran algunos gastos ocasionados por tan terrible sismo…”

“He dispuesto que el 22 de septiembre vaya a Tacunga el Rvdo. P. Fr. Juan Basilio de Ayala, predicador mayor de este convento, para que deje instalado en dicha hospedería la obligación de honrar a nuestra Sta. Madre de La Merced bajo la advocación de Nuestra Señora de la Santísima Tragedia, para que los moradores recuerden que nuestra Santa Madre jamás los desamparará en nuevas ocasiones, pues Ella los protegerá debidamente…” (Archivo del Convento Máximo de Quito, Libro de Comendadores, 1692-1698, folio 56).

El 30 de septiembre de 1704, el padre Gregorio Mera, comendador del convento de Ambato, en su informe al superior del convento de Quito, señala que “…se ha cumplido con las disposiciones de V.P,R. sobre la necesidad de que los fieles acudan a Nuestra Sra. Ma. de La Merced como protectora especial de terremotos… pero en el pueblo de Latacunga los vecinos han decidido honrarla de tal modo que incluso han recurrido a las antiguas formas utilizadas por los moros de España, cuando se aplican las tradiciones propias de los conversos, incluso con la participación de esclavos negros, quienes cantan loas a nuestra Madre según sus antiguos ritos. De ello da fe el escribano D. Nicolás Portillo, que estuvo mucho tiempo en galeras. No es malo que expresen su fe de ese modo, por lo que he dispuesto al padre Sebastián de Velasco que apoye y organice tan especial celebración por cuanto en nada contradice a nuestro carisma de redentor de cautivos, siendo por ello muy positivo que la gente común sea la que organice estas fiestas y no interfiera con negros e indios en sus afanes por bailar y cantar en este día…” (Ibid., folio 94).

En los años sucesivos, los superiores del convento de Latacunga informan sobre el particular al afirmar que “cada año crece el regocijo de festejar a Nuestra Santa Madre a su modo, siendo por ello una fiesta que es respetada y esperada por los vecinos que honran a la Santísima Virgen del Terremoto o de la Santísima Tragedia, nombre con la que generalmente la identifican sobre todo la gente de los barrios populares…”. (Ibid. informes de comendadores. Se hallan datos hasta el año de 1809).

*Numerario de la Academia Ecuatoriana de Historia Eclesiástica

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