15 de enero de 2017 00:00

El aporte de los Indígenas al Ambiente se revaloriza

América Latina que tiene 390 pueblos, 60 de ellos viven en aislamiento voluntario. El Ecuador posee 19 pueblos y 14 nacionalidades indígenas. Los convenios que se han realizado comprometen  a los Estados y pueblos a trabajar en conjunto. Foto: Cortesía

América Latina que tiene 390 pueblos, 60 de ellos viven en aislamiento voluntario. El Ecuador posee 19 pueblos y 14 nacionalidades indígenas. Los convenios que se han realizado comprometen a los Estados y pueblos a trabajar en conjunto. Foto: Cortesía

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Elizabeth Frias
(F-Contenido intercultural)

La diversidad de bosques, páramos, ríos, flora, fauna, además de la riqueza de sus cimas y subsuelos, son las características de sitios con alta biodiversidad en el mundo. Estos lugares son hogares de pueblos indígenas que, en su mayoría, poseen el conocimiento para conservarlos.

En el mundo existen por lo menos 5 000 grupos indígenas compuestos de unos 370 millones de personas. Su presencia se extiende a 70 países de cinco continentes. Uno de los principios que han perseguido durante décadas, según Adolfo Chávez Beyuma, presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia, es la preservación de sus tierras, su cultura y la autonomía.

La Organización de Naciones Unidas aprobó, en el 2007, la Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas. El documento señala en su artículo 29 que: “Los pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del ambiente y de la capacidad productiva de sus tierras o territorios y recursos. Los Estados deberán establecer y ejecutar programas de asistencia a los pueblos indígenas para asegurar esa conservación y protección, sin discriminación”.

La relevancia que tienen estos pueblos es, precisamente, lo que analiza el informe denominado “Asegurando derechos, luchando contra el cambio climático: cómo el fortalecimiento de los derechos forestales comunitarios para mitigar el cambio climático”, realizado por el Instituto de Recursos Mundiales (World Resources Institute, WRI).

Esta nueva investigación señala que las comunidades rurales y los pueblos indígenas en todo el mundo tienen derechos reconocidos por sus gobiernos. Sus bosques contienen 37,7 mil millones de toneladas de carbono, equivalentes a 29 veces las emisiones anuales de todos los vehículos en el mundo. En total, la deforestación y otros usos de la tierra representan el 11% de las emisiones de dióxido de carbono.

En el Ecuador, varios proyectos de conservación se han ejecutado en este ámbito. Por ejemplo, en la Sierra centro se trabaja en la iniciativa ‘La conservación de la chacra’. Consiste en la socialización de los saberes ancestrales en las comunidades para priorizar el cuidado de la naturaleza y de los pueblos. Los resultados fueron: la aplicación de prácticas como el mejoramiento de los sistemas de riego en los cultivos; la implementación de cocinas ecológicas, y la siembra de alimentos para su intercambio y comercialización en beneficio de las comunidades.

Otro proyecto que se realizó en la Región Amazónica es el Napo Wildlife Center, proyecto de turismo comunitario de la comunidad kichwa Añangu y por la empresa Barro Viejo. Este proyecto incluye la conservación de más de 21 400 hectáreas de selva tropical en el Parque Nacional Yasuní.

Este parque es una reserva de la biósfera para la Unesco y contiene la mayor extensión de bosque tropical del mundo. Aquí, la comunidad ha construido zonas de observación y cuidado de la naturaleza como miradores, senderos, paneles solares, tratamiento de residuos, sistema de filtrado de agua, entre otros.

A escala internacional, los proyectos comunitarios indígenas también han tenido su exposición. Como muestra, en Guatemala se crearon fuentes económicas sostenibles para los bosques. Los nativos exportan productos forestales como las bayas, que son populares en Corea del Sur y Japón.

Además, ingresaron en el mercado maderero con fabricantes de guitarras como Gibson y Fender. Las ganancias se destinan para el desarrollo local, salud y educación, explicó Juan Carlos Jintiach, asesor de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica).

Entre la explotación y la protección

La represión, la expropiación y la venta de tierras sagradas han formado parte de la historia de estos pueblos. Uno de los casos que marcó a la región, sobre todo a Bolivia, según Chávez, fue el Chaparinazo, en el 2011. Consistió en una marcha en defensa del Tipnis (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) y terminó con la agresión de los policías hacia los indígenas.

En el 2008, en Perú, el Gobierno aprobó un decreto en que estableció la venta y las inversiones privadas en las tierras de las comunidades indígenas y campesinas. Como resultado, se puso en peligro la existencia de la propiedad comunal y las poblaciones corrieron riesgo de desaparecer.

Como parte de los cambios y de los aportes en diferentes temas mundiales, los pueblos indígenas han formado parte de conferencias internacionales realizadas por las Naciones Unidas para la conservación, desarrollo y sostenibilidad de los territorios.

Al respecto, para organizaciones como la Coica, los pueblos indígenas tienen un papel determinante en la protección de las áreas verdes y recuperación de saberes ancestrales en estos ecosistemas. Según Henderson Rengifo, delegado de Coica, los grupos nativos han respetado, en la mayoría de casos, la naturaleza y la gran pluralidad biológica que existe en
sus territorios.

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