25 de enero de 2017 10:32

Son 50 años del Apolo 1, la primera tragedia de la NASA

Muchos de esos errores fueron una consecuencia de las presiones que vivía la NASA en medio de la carrera espacial en la que estaba inmerso Estados Unidos con la Unión Soviética.

Muchos de los errores fueron una consecuencia de las presiones que vivía la NASA en medio de la carrera espacial en la que estaba inmerso Estados Unidos con la Unión Soviética. Foto: Wikicommons

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Agencia DPA

Tendría que haber sido el primer gran paso hacia la llegada del hombre a la Luna. Sin embargo, tres astronautas murieron en un incendio durante una prueba en tierra de la pequeña cápsula espacial el 27 de enero de 1967, un mes antes de la fecha de lanzamiento prevista para el Apolo 1.

El aclamado comienzo del proyecto Apolo se convirtió así en la primera gran catástrofe de la agencia espacial estadounidense (NASA). Era la primera vez en la historia de la navegación espacial estadounidense que morían astronautas en acto de servicio.

Virgil Grissom, Edward White y Roger Chaffee dieron su vida por el país, aseguró el entonces presidente, Lyndon Johnson. "Tragedia en Cabo Cañaveral", tituló The New York Times al día siguiente.

El accidente retrasó el programa espacial estadounidense y el proyecto Apolo y los expertos tuvieron que concentrarse aun más en las medidas de seguridad para los astronautas. La prueba de aquel 27 de enero tenía como objetivo simular el primer despegue de la cápsula Apolo en el cohete Saturno, previsto para el 21 de febrero de 1967.

Pero a las 18:31:03 hora local, Chaffee informó de que había fuego en la cápsula. Nueve segundos después la temperatura dentro de la cápsula empezó a subir rápidamente y el suministro de oxígeno en los trajes de los astronautas disminuyó.

La causa de la muerte fue "asfixia por inhalación de humo". Chaffee, Grissom y White no tuvieron ninguna posibilidad. "Siempre puede ocurrir un fallo catastrófico, por supuesto, eso puede pasar en cualquier vuelo, en el último o el primero", había reconocido poco antes Grissom, asegurando que había que desterrar el temor a la muerte.

Según determinaron las investigaciones posteriores, el fuego fue provocado por un fallo en el sistema eléctrico. Pero tras ese motivo había mucho más: controles de calidad defectuosos, insuficiencias técnicas en la cabina -como una escasa protección antiincendios-, procedimientos de salida de la cápsula demasiado complejos, una evaluación errónea de los riesgos de la prueba y falta de planes de emergencia.

Muchos de esos errores fueron una consecuencia de las presiones que vivía la NASA en medio de la carrera espacial en la que estaba inmerso Estados Unidos con la Unión Soviética. Durante los 20 meses que siguieron no hubo vuelos Apolo tripulados al espacio, sino que se anunció un análisis de errores.

"A partir de ahora la supervisión de los vuelos se conocerá por dos características: será estricta y competente", afirmó el director de vuelo del programa Apolo, Gene Kranz. "Ser estrictos significa que siempre seremos responsables de lo que hacemos y de lo que no hacemos. Nunca volveremos a comprometer nuestra responsabilidad. Ser competentes significa que nunca volveremos a dar nada por hecho. La supervisión de la misión será perfecta", añadió.

Finalmente, en octubre de 1968 el Apolo 7 completó con éxito la misión prevista para el Apolo 1. Pasó diez días en el espacio, orbitó la Tierra más de 160 veces y llevó a cabo numerosas pruebas.

En diciembre de 1968 el Apolo 8 orbitó la Luna por primera vez y en julio de 1969 el hombre pisó el satélite por primera ver con la misión Apolo 11. El objetivo del programa Apolo se había conseguido, pero la catástrofe del Apolo 1 no sería la última de la NASA.

En 1970 la tripulación del Apolo 13 consiguió salvarse y volver a Tierra después de que explotase un depósito de oxígeno. En 1986 estalló la nave espacial Challenger y murieron sus siete tripulantes, y en 2003 se produjo la tragedia del Columbia, en la que también murieron siete astronautas.

Estas dos últimas tragedias son recordadas con monumentos en el cementerio nacional de Arlington de Washington. Varios congresistas intentan desde hace tiempo que también las víctimas del Apolo 1 tengan su propio memorial.

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