25 de July de 2010 00:00

Un apasionado de la gastronomía y de las esculturas en chocolate

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Mayra Capón.

Uno de sus mundos es el chocolate. Y una demostración de ellos está en el hall principal de la Universidad San Francisco de Quito. Allí se exhibe una réplica de la fachada de la iglesia construida por Cantuña, según dice la leyenda. Lo inusual de la figura es el material, pues está elaborada en un 100% de chocolate.

Unas 1 600 pastillas forman el tejado, mientras que algunas barras de chocolate blanco derretido toman la forma de las paredes y los campanarios gemelos del templo. El pórtico tallado de piedra es de chocolate negro.

Por esta pieza Homero Miño Ortiz (Quito, 20 de julio de 1951), obtuvo en el 2009 el premio de Mejor Chef de América. La Asociación de Restauradores Gastronómicos de América Latina le otorgó la distinción.

Miño recuerda que elaboró la réplica de uno de los íconos de la capital ecuatoriana guiándose solo con fotografías, sin planos ni cálculos matemáticos.

“Después de mis dos hijos, (María Soledad, de 28 años, y Martín, de 11) la habilidad es el regalo más grande que Dios me dio”, dice.

¿Y por qué elaboró una figura del templo de los franciscanos? Por dos razones, explica. “Nací en San Francisco de Quito y desde hace ocho años trabajo en la Universidad San Francisco”.

Cada cierto tiempo, retoca su obra. Utiliza una brocha y chocolate derretido.

¿Cómo empezó en el oficio? Durante 24 años, Miño fue gerente de la Corporación Automotriz del Grupo Noboa, en Quito. A la gastronomía llegó de la mano de su hermano Andrés, de 52 años. Este, hace 31 años, regresó a Ecuador tras estudiar Hotelería y Turismo en España.

El inicio fue difícil, rememora el mayor de los Miño, porque la carrera era nueva en el país.

Andrés Miño recuerda que después de la jornada en la oficina, su hermano acudía al restaurante familiar Colinas del Chef. “Ayudaba en todo, en la cocina, en la administración'”. El local, ubicado en la calle Whymper, en el norte de Quito, fue para él la primera escuela en el oficio. Allí dio sus primeros pasos y en el 2004 se certificó como chef en la Academia Culinaria de las Américas (EE.UU.). Hoy es miembro de la Academia Culinaria de Francia.

El Gerente convertido en chef incursionó después en la docencia. Fue profesor en la U. Tecnológica Equinoccial (UTE), donde conoció a Cristina Andino, su esposa desde hace 12 años.

En la UTE no solo enseñó sino que hizo buenos amigos. Uno de ellos es su ex alumno, el chef del Arrayanes Country Club, Dimitri Hidalgo, quien lo cataloga como un gran artista. “Todo lo que soy es gracias a él. Tengo mucho respeto y cariño”.

En cambio, el chef Diego Madriñán, amigo personal hace 25 años, comenta que Homero Miño le contagió su pasión por la cocina y le alentó a incursionar en la gastronomía.

La labor deMiño traspasó la cocina. Hace 13 años fundó la Hermandad Internacional de los Chefs para realizar obras sociales; 18 chefs ecuatorianos y 43 extranjeros integran la entidad de beneficencia, entre ellos Héctor Ríes, el primer chef chocolatero del mundo, y Mario Aragón, chef del restaurante Rincón de Francia.

“Homero siempre quiere compartir con los demás. Por eso me uní a la causa”, sostiene Aragón. Este sostiene que Miño, luego del banquete que se les da a niños o ancianos pobres, toca el acordeón o la guitarra. El Geriátrico del Corazón de María y la Casa Laura Vicuña en Amaguaña se han beneficiado de la obra social de la Hermandad.

El chef del chocolate se mueve entre las aulas, la cocina y su oficina en el edificio Epicuro del Colegio de Hospitalidad, Arte Culinario y Turismo. El éxito, dice, lo debe a “la mejor receta de la vida: la humildad”.

81 galardones

Homero Miño  ha recibido   81 distinciones, 49  internacionales. Una de ellas es  el primer lugar de la Expogourmet Mundial, en Santa Cruz-Bolivia  el 2001.  

También pinta  desde  hace 31 años. Ha realizado  exposiciones en galerías de Quito. Además es aficionado a la tauromaquia, colecciona toros,  tiene más de 70 figuras y  ha toreado.    

En el 2004 publicó el  libro ‘Arte para el arte garnish (decoración)’. La obra es un compendio de  su  trabajo.

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