21 de noviembre de 2014 13:39

De experiencia social a coleccionable: la rockola cumple 125 años

La rockola fue inventada hace 125 años, en noviembre de 1989. Foto: freeimages.com.

La rockola fue inventada hace 125 años, en noviembre de 1989. Foto: freeimages.com.

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Agencia DPA

El concepto tan de moda de 'music on demand' existía ya hace 125 años. Corría el mes de noviembre de 1889 cuando, en una sala, una multitud de personas aguardaba en silencio con los auriculares puestos. Y lo que de pronto comenzó a sonar era música, un tanto distorsionada, con interrupciones, ¡pero música! Toda una revolución por cinco centavos: había nacido la 'jukebox'.

Hasta entonces, la música automatizada sólo existía en las pianolas, que siempre reproducían las mismas piezas de vals. Fueron varios los inventores que, a finales de la década de los 80 del siglo XIX, desarrollaron distintas opciones para escuchar música.

Entre ellos, el fonógrafo de Thomas Alba Edison, con su característico chisporroteo al reproducir las melodías, fue una sensación.

Uno de sus empleados, Louis T. Glass, tuvo la idea de meter el fonógrafo en una especie de caja y conectarla a diez auriculares. Así, varias personas podrían escuchar la música al mismo tiempo.

Pagando, eso sí: la breve experiencia costaba cinco centavos, lo que a día de hoy equivaldría a algo más de un dólar. Como en Estados Unidos la moneda de cinco centavos se llamaba 'nickel', el invento pasó a conocerse como 'nickel-in-the-slot phonograph' (fonógrafo de los cinco centavos en la ranura).

Años más tarde, se impuso el nombre de 'jukebox', que en castellano se conoce como rockola o fonola. Al parecer, la palabra procede del slang afroamericano y significa infame, porque el aparato no siempre estaba en los locales de mejor reputación.

Con todo, lo cierto es que poco a poco la rockola pasó a estar en todas partes. De los valses pregrabados se pasó a los discos, y pronto uno podía elegir lo que quería escuchar. En los años 20 del pasado siglo, la incorporación de altavoces eléctricos fue una revolución: cuanto más alto se oyera la música, mejor.

A mediados de siglo, la jukebox era tan popular que en Estados Unidos tres cuartos de los singles se vendían para estos aparatos, y sólo un cuarto acababa en los tocadiscos de los hogares. La mayoría eran de música clásica o jazz, el rock llegó más tarde.

Rudolph Wurlitzer fundó en 1853 en Ohio una tienda de instrumentos que, tras su muerte, se convirtió en marca de rockolas. Su bubbler jukebox fue un símbolo de mediados del pasado siglo.

"Las rockolas supusieron la primera oportunidad de poder escuchar música actual sin necesidad de comprarse el disco. Y la música se convirtió en una experiencia social", cuenta Hildegar Stamann, que junto con su marido vende repuestos e incluso jukeboxes.

"Tras la guerra, los soldados estadounidenses exportaron esa cultura y se extendieron rápidamente. La rockola se convirtió en algo cotidiano: uno se encontraba allá donde había música".

Hoy en día, los coleccionistas tienen que pagar miles de dólares por una jukebox bien conservada, y excepcionalmente su valor puede alcanzar unos USD 125 000.

Sin embargo, la cultura de la rockola es sólo la sombra de lo que fue, y todos los intentos de revivirla con CDs o MP3 han fracasado. Atrás quedan los tiempos en los que, como en 1977, la banda The Kinks hacía una canción sobre la 'jukebox'.

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