23 de noviembre de 2015 00:00

El Premio Aurelio Espinosa Pólit cumple 40 años

Monumento a Aurelio Espinosa Polit. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Gabriel Flores

Irreverente. Este es el término que mejor calza para definir la historia de los 40 años del Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit.

Desde ‘La Linares’, de Iván Égüez, ganadora de la primera edición celebrada en 1975, hasta ‘Pequeños palacios en el pecho’, de Luis Borja ganadora de la edición del 2014, este premio ha dibujado un país literario diverso.

Un mundo en el que los escritores jóvenes han logrado consolidar sus nuevas propuestas estéticas en el campo de la novela, el ensayo, la poesía, el teatro y el cuento.

Para el escritor Santiago Páez, jurado en la edición del 2013, este premio ha marcado la evolución de la literatura ecuatoriana de las últimas cuatro décadas.

“Esta evolución se puede observar a partir de la presencia de nuevos narradores, jóvenes que en muchos casos no superan los 30 años”.


Juan Pablo Crespo, catedrático de la Universidad San Francisco, sostiene que un premio no puede reflejar la evolución de toda una literatura pero sí arrojar indicadores de lo que está pasando en ella.

Añade que en el caso del Premio Aurelio Espinosa Pólit, el mérito está en que galardona a obras experimentales que se atreven a mostrar algo distinto.

“No soy amigo de los premios, pero son plataformas para que se visibilice el trabajo de los autores”.
‘La estética de la indolencia’, de Santiago Peña, ensayo ganador de la edición 2015 que se presentará este 25 de noviembre, a las 17:00, en el auditorio José Ribadeneira de la Pontificia Universidad Católica, es un ejemplo del carácter innovador que tienen las obras ganadoras de este premio.


Para Vicente Robalino, catedrático de la PUCE y uno de los organizadores de este premio, lo que hace Peña en su ensayo es rescatar al autor a través de la estética de la indolencia.

“El escritor no es solo el que está escribiendo sino aquel que toma la decisión de no hacerlo. Para mí esta obra propone el derecho de soñar que tiene el creador”. 


Páez añade que la obra de Peña es una muestra de que en los últimos años el ensayo se va consolidando como un género literario representativo en Ecuador.

“A finales de los años ochenta era raro que se presentaran más de dos ensayos, por lo que los premios se declaraban desiertos”.

Un aspecto importante que ha develado este premio es la poca producción teatral en el país. De las ocho convocatorias cinco se han declarado desiertas. La última la ganó Roberto Sánchez, en el 2003.

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