10 de agosto de 2017 00:00

Los ancianos puruhaes son autoridades en su comunidad

Los adultos mayores de las zonas indígenas de Chimborazo presiden rituales y ceremonias. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Los adultos mayores de las zonas indígenas de Chimborazo presiden rituales y ceremonias. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)
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La opinión de los abuelos sobre los conflictos, la familia y el liderazgo es respetada y escuchada en las comunidades indígenas de Chimborazo. Allí los ancianos son considerados autoridades por su experiencia y sabiduría.

Ellos lideran las ceremonias andinas y tienen los lugares preferentes en los eventos importantes de las comunidades y parroquias. Incluso tienen la autoridad para reprender cuando alguno de los miembros de la familia o de la comunidad hace algo incorrecto.

“Las voces de los ancianos son muy valiosas para nosotros. Ellos nos aconsejan y nos transfieren su sabiduría a través de sus cuentos e historias”, cuenta José Parco, un antropólogo indígena, quien además es el director de Interculturalidad del Municipio de Riobamba.

El jueves pasado, él recibió los consejos de Sebastiana Píntag, una mujer de 82 años, oriunda de la comunidad Galgualán. Ella le habló de la familia, del trato amable en la pareja y la forma adecuada de resolver los conflictos cuando se presentan disgustos.

Cuando la mujer de cabellos blancos empieza a hablar, todos quienes están a su alrededor guardan silencio y la escuchan con atención, incluso si se trata de los líderes comunitarios de más alto rango, como el jefe político de la parroquia.

Ella no ha tenido una vida sencilla. La historia de su matrimonio, que se dio en circunstancias difíciles, es una de las que prefiere comentar con los jóvenes y recién casados para que valoren a su cónyuge y den prioridad a la familia.

“Ahora los jóvenes pueden elegir con quien casarse, hasta tienen enamorados y tiempo para conocerse y decidir bien. Antes la vida era difícil”, dice Píntag. Su consejo para sus familiares y para todo aquel que la escucha es poner en primer lugar a la familia y el bienestar de los hijos.

“Las abuelas cuidan de las familias de sus hijos y nietos aunque ellos ya sean grandes”, explica Parco. Píntag incluso ha viajado a ciudades distantes cuando algo falla en los hogares de sus tres hijos, ella se encarga de reprenderlos y de ortigarlos (golpearlos con ortiga, una planta sagrada para la cosmovisión andina) si persisten en sus equivocaciones.

Otra función de las abuelas es apoyar a sus hijas y nietas durante el parto. Ellas se encargan de recibir al bebé y de realizar baños, pomadas e infusiones con plantas del páramo durante el proceso de alumbramiento.

Cuando los niños nacen, ellas les colocan brazaletes rojos tejidos para evitar los males y de presidir la ceremonia de cosido de boca, un ritual que consiste en augurar talentos para el niño y darle consejos, mientras la abuela pasa los dedos por su boca. A esa ceremonia solo pueden ingresar los ancianos.

La conducta de los jóvenes es una de las preocupaciones de los ancianos puruhaes, pues la migración también promovió el abandono de la tierra natal, la pérdida de tradiciones ancestrales y el cambio de costumbres.

José Muyulema, de 88 años, era paqui cuando era joven. Su función era cantar el jaway durante las cosechas, para animar a la gente a trabajar y para agradecer a la tierra por los productos.

Él ya no tiene hijos con vida y su esposa también falleció, por eso una de sus preocupaciones es la pérdida de conocimientos y el desinterés de los jóvenes por la herencia de sus padres. “Cada vez hay menos jóvenes viviendo en los campos. Todos migran a la ciudad para estudiar y trabajar, y se olvidan de lo que dejan aquí”, comenta apenado.

Cuando Muyulema cumplió 15 años, trabajaba por uno o dos reales en una gran hacienda de Flores, una parroquia de Riobamba. “El amo nos pegaba, nos insultaba. Se aprovechaba de las mujeres y nos pagaba solo cuando quería. Comprar esas tierras para que fueran nuestras no solo nos costó años de trabajo y esfuerzo, sino hasta vidas”.

Para los líderes comunitarios, recordar historias como esas es necesario para mantener la visión y la dirección política de la comunidad. Por eso, quienes presiden las ceremonias andinas y mantienen largas pláticas con los dirigentes son los más ancianos.

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