4 de mayo de 2016 09:35

El amorfino, un símbolo de identidad de los montuvios manabitas

Una demostración de amorfinos por parte de la agrupación Los Compadres

Una demostración de amorfinos por parte de la agrupación cultural 'Los Compadres'. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)

El amorfino está tan ligado a la esencia del montuvio manabita que el escritor e investigador portovejense Rubén Darío Montero, de 61 años, cree que difícilmente un evento como el terremoto del 16 de abril pueda causarle mella.

Esta manifestación de la oralidad campesina, cortos versos de amor, humor o doble sentido, que sirven lo mismo para conquistar, para describir con sorna la realidad o para demostrar antipatía, recrea el talante y la vida cotidiana del montuvio con una estética propia.

En Guayas, Los Ríos, El Oro, como en Manabí, rebasa el habla: es además baile y música, con un género de canciones de origen popular también llamadas amorfinos.

“Mientras exista un campesino manabita, un montuvio, nuestra rica tradición oral tiene garantizada su permanencia en el tiempo”, indicó Montero, compilador y orador, que mantiene en YouTube el canal ‘Cuentos y leyendas de la costa ecuatoriana’.

El autor del libro ‘Cuentos y leyendas de la campiña manabita’ cree que el patrimonio que está más en riesgo es el de los chigualos.

Esta fiesta de navidad montuvia, con versos campesinos cual villancicos, representaciones, danzas y gastronomía, celebrada entre diciembre y febrero, ha venido languideciendo los últimos años pese a los esfuerzos por revitalizarla, cuenta Montero.

La migración a otras provincias tras la catástrofe, puede conllevar un proceso de desarraigo, reconoce el investigador, pero sobre todo entre los más jóvenes que tienden a buscar adaptarse a nuevos escenarios con perjuicio de sus raíces.

“Manabí ha sabido sobreponerse siempre a la adversidad. Las sequías ya produjeron un proceso de migración a provincias como Guayas y Pichincha. Y los manabitas han irradiado su identidad gastronómica, por ejemplo, a todo el país”, agregó el escritor.

El escritor y folclorista guayaquileño Wilman Ordoñez, estudioso de la tradición, explica que el amorfino además de expresión oral-literaria y musical, también está ligado a Manabí como tonada y danza.

El baile popular tradicional, que tiene su origen en antiguas danzas españolas –con influencias andaluzas- fue ejecutado por generaciones de montuvios en caceríos del norte de la provincia y es representado ahora, incluso en las ciudades, por cuadros de danzas costeñas.

El primer registro histórico de esta manifestación musical data según Ordoñez del año 1881 cuando el antropólogo español Marco Jiménez de la Espada reprodujo una de las coplas. “Amorfino no seas tonto, apriende a tener vergüenza, al que te quiere, quéreslo, y al que no, no le hagas juerza”.

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