26 de septiembre de 2015 00:00

Las trampas de llamarse sustentable

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Víctor Vizuete
Editor
vvizuete@elcomercio.com

Sostenibilidad, sustentabilidad y ciudades verdes han dejado de ser moda o proyección, para convertirse en herramientas para la preservación del ambiente y del hábitat del ser humano.

Se observa una mayor preocupación -tanto en los entes de gestión como en los ciudadanos- por implementar prácticas que contaminen menos o que sean menos nocivas para quienes utilizan los diferentes espacios.

El Municipio quiteño mismo afina los últimos detalles del Foro Internacional ‘Ciudades inteligentes y sustentables’, que se realizará del 5 al 7 de octubre de este año. No obstante, los campos de acción de la sustentabilidad todavía son difusos y eso hace que se maximicen acciones .

Es positiva la tendencia de dotar de plantas a espacios como edificios de vivienda o de oficinas, restaurantes, museos como La casa del Alabado, y hasta espacios públicos, como la Plaza de San Blas.

Pero a pesar de lo positivo de estas propuestas, ninguno de estos espacios se pueden calificar como sustentables per se. Las terrazas o muros ‘verdes’ son solo elementos que conforman la sustentabilidad de un edificio, una plaza o un escenario.

Hay otros ítems igual o más importantes para lograr esa tan esquiva cualidad: el óptimo aprovechamiento de los soleamientos y los vientos, la adopción de energías alternativas (solar... eólica...), la reutilización de elementos como el agua potable usada en el sistema de riego, el uso de materiales de construcción más sanos...

No puede considerarse sustentable un edificio que tiene una panorámica terraza verde, pero sus sistemas (hidrosanitarios, eléctricos... ) poseen tubos de plástico contaminante o sus clósets son de tableros con formaldeído, como es lo más usual.

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