2 de julio de 2017 00:00

Al-Jazeera está en el centro de la crisis del golfo

Lauren Taylor presenta las noticias en la cadena Al Jazeera en inglés, en Doha, Qatar. Foto: EFE

Lauren Taylor presenta las noticias en la cadena Al Jazeera en inglés, en Doha, Qatar. Foto: EFE

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Arturo Torres
Editor General (O)

La cadena Al-Jazeera se volvió los últimos años una piedra en el zapato para los países del Golfo y Egipto. Hoy esas naciones le quieren pasar la factura: piden que el régimen de Qatar, que la financia, la cierre.

Al menos, esa es una de las 13 condiciones que imponen Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin para restablecer las relaciones diplomáticas con Qatar y así suspender su bloqueo económico que desde junio afecta las rutas terrestres, navales y aéreas de entrada y salida.

Desde el mes pasado se desató un ataque directo contra Al-Jazeera por varios frentes. Arabia Saudita revocó su licencia y cerró sus oficinas. La medida fue replicada por Jordania, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, donde fue bloqueado el acceso a sus páginas web. La emisora incluso sufrió reiterados ciberataques.

Este conflicto político se originó en las denuncias de que Qatar estaba apoyando al terrorismo. Por lo cual sus antagonistas también instaron a que ese país ponga fin a cualquier tipo de supuesta relación con el autodenominado Estado Islámico (EI), Al Qaeda y la milicia chií libanesa de Hizbulá. Además, que rompa relaciones diplomáticas que mantiene con Irán y cierre una base militar turca en Qatar.

El antecedente inmediato de la crisis del Golfo es la visita que en mayo hizo a Israel y Arabia Saudita el presidente de EE.UU., Donald Trump. Estratégicamente ese viaje sirvió para estrechar una alianza árabe-israelí contra Irán y sus aliados en el Oriente Medio. Actualmente esa es una zona volátil, tremendamente inestable, en especial Siria donde los sangrientos conflictos armados han provocado más de 320 000 víctimas.

En su gira, Trump concretó la venta de armamento por USD 110 000 millones al régimen árabe, lo cual seguramente desatará una nueva carrera armamentista entre otros gobiernos de la región para fortalecer su poderío militar. En la práctica, ese es un lucrativo negocio que beneficia los intereses económicos
de Washington.

No obstante, otra razón de fondo, según varios analistas, es Al-Jazeera y su intolerable línea editorial independiente, en un entorno regional de gobiernos dictatoriales donde priman las versiones oficiales.

La cadena salió al aire en 1996. Desde entonces ha tenido un crecimiento que en la actualidad la convierte en el canal de televisión más visto en el mundo árabe. Se estima que 310 millones de televidentes lo siguen en más de 100 países. La empresa emplea a unas 3 000 personas.

El primer campanazo del alcance y enfoque de sus coberturas se escuchó luego de los ataques del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos. Rompiendo todos los esquemas transmitió un video con mensajes de Osama Bin Laden, atribuyéndose y justificando los atentados. La decisión desató una oleada de críticas en EE.UU., que le declaró la guerra global al terrorismo, encarnado en Bin Laden, que en 1979 había sido reclutado por la CIA en Afganistán.

Al-Jazeera irrumpió en el panorama mediático árabe como un torbellino. En sus coberturas ofrecía diversos puntos de vista, incluido el de la oposición de cada país, usualmente silenciado en los medios oficiales.

La pluralidad y enfoque periodístico diverso remeció al establecimiento de esta región conocida por su línea ortodoxa, antagónica con la libertad de expresión.

Controlada por la familia real (Qatar es una monarquía), detrás de la creación de la cadena hubo una bien pensada estrategia para convertir el pequeño emirato, hasta entonces ausente y de poca influencia en el panorama internacional, en un actor gravitante.

El momento estelar de la cadena llegó en 2011, con la ‘Primavera Árabe’. Al ser el único medio con una extendida red de corresponsables en el terreno y contactos a todo nivel con los grupos opositores, se convirtió en el medio referencial. La política árabe se estructuraba alrededor del eje revolución-dictadura, y la emisora qatarí se ubicó en el bando de los ciudadanos, usualmente excluidos de las coberturas.

No obstante, mientras con los meses esa ola de revueltas devino en infernales conflictos sectarios y golpes de Estado, la cadena fue perdiendo credibilidad. Tomó partido y sesgó su cobertura a favor de los grupos islamistas como los Hermanos Musulmanes en Egipto, según varios gobiernos. Luego del golpe contra esa agrupación en Egipto, sus oficinas fueron clausuradas y tres de sus
reporteros apresados por sus coberturas en el 2015.

También ha sido criticada por referirse al EI como la ‘organización del Estado’ y a los atacantes suicidas como ‘mártires’. El medio ha rechazado las acusaciones.

La cadena además ha sido cuestionada por su línea editorial sometida a los intereses políticos de Qatar, lo que ha sido negado por sus directivos.

En medio de este conflictivo escenario, esa empresa mediática también enfrenta problemas económicos. Al-Jazeera America cerró el año anterior por penurias financieras y una serie de demandas judiciales. La compañía anunció el despido de 500 personas en diferentes países, especialmente en Qatar, según un informe de The Guardian.

Al igual que otros medios ha debido enfrentar la disminución de ingresos por la caída de la pauta publicitaria. Esto coincide con el desplome de los precios del petróleo que ha reducido, a su vez, el valor del gas natural en ese país y la sucesión del jeque Tamim bin Hamad al-Thani, como actual emir de Qatar, en reemplazo de su padre. El anterior jeque apoyó el lanzamiento de Al-Jazeera, con una inversión de USD 150 millones como una cadena por satélite gratuita.

Lo más probable es que el emirato recorte el financiamiento y trate de suavizar la línea editorial de la cadena, que se volvió un símbolo periodístico y un dolor de cabeza para los regímenes autoritarios.

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