6 de febrero de 2016 00:00

Los alcaldes de Salasaka, un poder ancestral

Los 15 guaguas alcaldes saludan a los vecinos en la plaza de la comunidad de Chilcapamba.

Los 15 guaguas alcaldes saludan a los vecinos en la plaza de la comunidad de Chilcapamba. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor ​(F- Contenido Intercultural)

Un tradicional sistema de liderazgo ancestral se mantiene en las 18 comunidades de Salasaka, en Tungurahua. Los líderes de los pueblos son conocidos como ‘alcaldes’ o varayuk. Los burgomaestres comunitarios tienen influencia en la vida social del pueblo, pero las intervenciones en el ámbito político son mínimas.

Los hombres indígenas tienen poder, prestigio y respeto en la parroquia. Los líderes son los encargados de transmitir los saberes del pueblo a las nuevas generaciones y reprender a los esposos cuan­do cometen una falta en el hogar.

Además, promocionan las festividades del pueblo y bendicen los alimentos en las fiestas comunitarias. Según Pedro Reino, historiador de Tungurahua, los alcaldes también son denominados taitas, que en español significa padres.

Reino sostiene que las autoridades indígenas pueden ejercer cargos, si es el caso, como cabecilla, cabildo, teniente político y presidente de la organización. “El alcalde es la persona que mejor simboliza el poder y que a través del prestigio puede llegar a alcanzar un comunero. El desempeño de este cargo no solo representa el poder que un grupo familiar tiene al interior de la comunidad, sino también de todo el conjunto comunero frente a la sociedad”, indica Reino.

Los taitas están simbolizados por una vara, que en un extremo tiene la cabeza de un animal. Las autoridades visten pantalón y camisa blancos, poncho negro, bayeta roja y un sombrero blanco de ala ancha.

Ellos son elegidos en diciembre por la comunidad y ejercen su cargo por un año. Hay un alcalde mayor, un segundo alcalde, 15 guaguas alcaldes y un fiscal. Este último tiene la potestad de castigar con un látigo a los indígenas que falten a la autoridad. El fiscal y el alcalde mayor son los encargados de presidir las celebraciones ancestrales como el Inti Raymi (fiesta del dios Sol), o el Capac Raymi, que es la época del florecimiento del maíz.

José Jiménez, alcalde Mayor de Salasaka, explica que el principal proyecto de los líderes es rescatar los valores y respeto de los jóvenes hacia las personas mayores. Jiménez, de 53 años, recuerda que hace una década todos los niños y jóvenes saludaban a los adultos.

“Ahora los guambras no saludan y parece que se les va a caer la boca por decir buenos días. Recuerdo que mi padre me golpeaba si no lo hacía y mis vecinos me hablaban o les reclamaban a mis familiares por esa falta de respeto”, relata Jiménez.

Las autoridades indígenas iniciaron una campaña para conocer la situación actual de las personas de la tercera de edad en las 18 comunidades. Todos los domingos recorren las polvorientas calles de Salasaka en busca de los “mayores”. Las averiguaciones se realizan a pie y de casa en casa.

Mariano Jerez, alcalde de la comunidad de Chilcapamba, comenta que una de las acciones que tomarán es comunicarse con los familiares para que los rescaten. Otra alternativa es entregar alimentos y vestimentas como pantalones blancos, ponchos, anacos, bayetas, rebosos y otros accesorios típicos.

Cynthia Mazaquiza, ñusta de Salasaka, recalca que los alcaldes deben promover que los jóvenes no ingieran bebidas alcohólicas en las celebraciones. Mazaquiza, de 20 años, indica que en la mayoría de las festividades tradicionales hay un excesivo consumo de licor. Esto influye para que se produzcan riñas entre los vecinos y familiares.

“Las autoridades deberían enseñarnos a celebrar nuestras fiestas sin trago. Valoramos su autoridad en la comunidad, pero cuando ya están borrachos están tirados en el suelo o se van a sus casas tambaleando”.

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