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El ajo actúa como un expectorante natural

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Redacción Sociedad
2 de December de 2010 00:00

En la casa de Fabiola Carrera, de 68 años, se cura la gripe y la tos con el tradicional jarabe de rábano con ajo. La preparación de este brebaje aprendió de su madre. En su infancia, recuerda, que se curaba solo con remedios caseros y naturales. Así que sus cuatro hijos y seis nietos también reciben sus dosis, cada vez que sienten molestias. Ella cuenta que les da a tomar una cucharada en el desayuno, almuerzo y merienda. “Aunque no lo crea la tos desaparece, es santo remedio”.

Santiago Portilla, médico naturópata del Centro de Educación para la Vida, explicó que el consumo de este tipo de brebajes tiene buen resultado, porque el ajo es expectorante, es decir, hace que la persona expulse las secreciones y las flemas de los pulmones. “Tiene un efecto vaso dilatador fuerte que permite que la persona se libre de las mucosidades”. De ahí que lo recomienda en enfermedades respiratorias como el asma, la tos, bronquitis y hasta la tuberculosis.

Fausto Parra, médico homeópata, agregó que el ajo es rico en magnesio. Este mineral actúa a nivel de la hipófisis, una glándula que esta por debajo del cerebro, cuya función es la estimulación hormonal e inmunológica.

En este tipo de enfermedades activa las defensas del cuerpo y controla las enfermedades virales como la gripe y la tos.

El ajo también se caracteriza por ser germicida, es decir elimina las bacterias. Es un excelente purificador de la sangre y del intestino, por ello está indicado en casos de hipertensión arterial.

Carrera comentó que un remedio para este mal es masticar un diente de ajo todos los días.

Las formas de ingerir el ajo son variadas, desde jarabes, infusiones hasta pastillas. Pero es preferible consumir el ajo fresco, así se mantiene sus propiedades.

Fabiola Carrera acompaña el ajo con rábano, cebolla y miel de abeja. Según ella estos alimentos potencian la acción del ajo.

Portilla coincide con Carrera, pues dice que el rábano también es un expectorante y tiene un efecto antitusígeno, que calma la tos. La cebolla, en cambio, va más allá pues elimina la tos. La miel de abeja actúa como estimulante de la mucosidad, produce fluidez del moco y facilita su salida.

Si se consume en jarabe se aconseja ingerir dos cucharadas cada dos horas, durante el tiempo que se mantenga la tos. No más de cinco días.

Si se ingiere en infusiones es suficiente una taza al día. Portilla aconseja tener cuidado con la mezcla de la leche porque puede promover mucosidad.

Este naturópata advirtió que durante el tratamiento contra la tos se debe disminuir el consumo de azúcares como la panela. El azúcar baja la inmunidad y las defensas del organismo, volviéndolo más propenso a las enfermedades. El consumo de limón y naranjas, en cualquier presentación, no es recomendado por Portilla. Según explica, estas frutas si bien tienen vitamina C no curan estas enfermedades.

Leche con ajo

1/2 litro de leche

4 dientes de ajo

Ponga a hervir la leche en una olla. Cuando empiece a ebullir  añada los dientes de ajo. Tape y deje reposar por cinco minutos. Ingiera  caliente. Es preferible hacerlo antes de dormir, para que la persona se abrigue y así  surta  efecto. No tome o coma alimentos fríos  luego  de  este remedio.

Infusión de ajo

1/2 litro de agua

4 dientes de ajo

Hierva el agua, cuando haya burbujas agregue el ajo y apague el fuego. No hacer hervir el ajo, porque se hará muy cálido. Deje reposar cinco minutos. Endulce con miel de abeja.

Jarabe de ajo y rábano

6 cabezas de ajo pelado

8 rábanos

25 limones

2 cebollas paiteñas y miel de abeja

Lave los rábanos y las cebollas. También pele el ajo. En un tazón pique el rábano y la cebolla en finas rodajas. También pique el ajo en cuadros pequeños. Sobre estos ingredientes exprima el jugo de los 25 limones. Revuelva la mezcla para que se curtan el rábano, la cebolla y el ajo. Finalmente agregue una cucharada de miel de abeja. Nuevamente mezcle los ingredientes y deje reposar. El paciente debe tomar solo el jugo que sale. Recuerde que el jarabe dura solo tres días, después se empieza a descomponer.