15 de marzo de 2017 09:31

El AH3N2 aumenta por el invierno; no hay brote de manos, pies y boca

Ayer, 14 de marzo del 2017, en el Centro de Salud de Cotocollao, niños acudieron a diferentes chequeos.

Ayer, 14 de marzo del 2017, en el Centro de Salud de Cotocollao, niños acudieron a diferentes chequeos. Foto: Patricio Terán/El Comercio

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Diego Bravo
y Mariela Rosero

Se le cayeron las uñas luego de contraer el virus coxsackie, que produce el síndrome de manos, pies y boca. Era finales de noviembre del 2015 cuando Jonathan (nombre protegido), de 6 años, se enfermó.

Su madre estaba desesperada y lo llevó al Centro de Salud de Cotocollao, en el norte de Quito, en busca de atención. Lo trató el pediatra Ángel Erreis, quien le dio reposo. No debía acudir a clases hasta recuperarse. El niño tenía llagas en la boca y puntos rojos en los pies y en las manos, que se convirtieron luego en ampollas.

Este es el primero de cuatro casos que ha atendido el médico en su consulta hasta ahora. La enfermedad, dice, se presenta más que nada en niños de hasta 10 años y la recuperación demora 10 días. Para evitar la propagación recomienda a los padres de familia que sus hijos se laven las manos constantemente. También, ser cuidadosos al momento de cambiar los pañales a los bebés.

El Ministerio de Salud informa que, en el 2016 se presentaron dos brotes de esta enfermedad en Guaranda y Riobamba. En la última ciudad, a mediados de diciembre del año pasado, hubo 40 pacientes. Esto generó preocupación entre la población.

En este 2017 se han notificado siete brotes con 35 pacientes enfermos en el país. Para que haya un brote debe haber más de dos casos con relación entre sí. Los médicos indican que el virus se transmite a través del contacto directo con secreciones de la nariz y garganta, ampollas y heces de personas infectadas.

En Quito, otro caso fue el de Sofía Mejía. La primera vez que contrajo el síndrome de manos, pies y boca, ella tenía 2 años. Fue un contagio en la guardería. En diciembre pasado, con 4 años, volvió a enfermar con lo mismo. Su madre Sofía Merino cuenta que el pediatra le comentó que eso suele pasar porque los niños quedan con las defensas bajas.

Recuerda que pasó muy decaída, no podía comer, tenía una especie de llagas en la lengua, por lo que lo único que toleraba eran trozos de hielo y helado. “Es algo netamente viral, pasa si está en contacto con enfermos o toca un juguete no desinfectado de un niño contagiado”, dice la madre.

Pese a que hubo casos de este síndrome que se presentaron en la capital, el pediatra Erreis afirma que estos son aislados.
Otra preocupación de las familias de la capital son las gripes por la temporada lluviosa. Un espacio de contagio de ese mal son los planteles. Con prevención e información a los padres se busca atacar el problema. Así lo explica Rocío Ramos, médica general del Colegio Einstein, ubicado en Carcelén, norte de Quito.

¿Qué medidas toman? Fumigan y desinfectan aulas y los objetos que tocan los estudiantes, una vez al mes. Como otra forma de prevención directa se les enseña a los chicos, más que nada a los más pequeños, que si tosen siempre deben cubrirse la boca con el ángulo interno del brazo, lavarse las manos cada vez que lo hacen y después de ir al baño. En el colegio disponen de dispensadores de gel, para mantener la higiene.

Ramos confirma que los procesos gripales se presentan durante todo el año escolar. Sin embargo, han tenido más enfermos de lo usual, por los fríos extremos. Sobre si se han registrado casos de niños con las manos, pies y boca, responde, que sí han tenido. Pero -aclara- no como un brote.

Los padres de familia saben que deben llevar a sus hijos al pediatra, cuando detectan síntomas compatibles con influenza. Por ejemplo, gripe superior a 37,5 grados centígrados o goteo nasal. “No deben enviarlos al establecimiento mientras dure el malestar”.

En las primeras semanas de enero hubo denuncias de padres de familia de escuelas privadas, más que nada, que reportaban casos de AH1N1 (que fue pandemia en el 2009). Personal de la Coordinación de Salud de Pichincha acudió a varios planteles y aclaró que se trataba de AH3N2, una gripe.

Lo dice Galo Almeida, responsable de Epidemiología en Pichincha. Añade que esta ‘familia del AH1N1’ sí puede complicarse y llegar a la neumonía”. Eso ocurrió este año, con un paciente con una alteración cardíaca. Todo depende de la persona y de cómo se trate. Según un informe del Ministerio de Salud, con corte a enero del 2017, hubo 54 casos de AH3N2 en nueve provincias del país.

De ellos, 43 se registraron en Pichincha. “El grupo de edad más afectado es el de menores de 5 años con 27,77%”, se precisa en el documento. A esto se suma la muerte de un paciente, de 49 años, en el Hospital Luis Gabriel Dávila de Tulcán, en Carchi. Él presentó comorbilidad (hipertensión arterial y diabetes mellitus), lo cual agravó su salud. No se vacunó contra el virus.

Almeida
insiste en que cuando los niños están jadeantes, pálidos, no quieren comer y presentan dificultad para respirar deben llevarlos al médico. También, pide a profesores evitar que se queden en clase niños con gripe. En esta época de lluvias, el 80% de atenciones en sus centros de salud, es por problemas respiratorios.

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