8 de octubre de 2015 00:00

Agusto Calazacón mantiene viva a la cultura tsáchila

Agusto Calazacón realiza un ritual de purificación en el río  Chiguilpe con elementos típicos como la lanza y el tambor. Foto: Archivo.

Agusto Calazacón realiza un ritual de purificación en el río Chiguilpe con elementos típicos como la lanza y el tambor. Foto: Archivo.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

El vegetalista Agusto Calazacón es el único historiador oral de la comuna Chigüilpe. Él pertenece a la cuarta generación de la dinastía Calazacón, que fue la familia más importante de la nacionalidad tsáchila por la riqueza de sus conocimientos ancestrales.

El catedrático universitario en historia social del Ecuador, Juan Peña, aseguró que Agusto fue la mano derecha del miya (gobernador en el idioma nativo tsáfiqui) Abraham Calazacón. Ellos lograron que el Estado legalizara 10 500 hectáreas para tierras comunales, el 27 de mayo de 1971. En ese terreno se establecieron los límites de ocho comunas.

Agusto Calazacón recuerda que Abraham no sabía leer ni escribir. Por eso, él debía redactar las solicitudes de obras. “A veces no dormíamos por hacer escritos. Todo lo documentábamos para que luego las autoridades no se hicieran las locas”, señala.

Tras la muerte de Abraham, en 1981, debió tomar la posta de las obras que estaban planificadas. Una fue la construcción de puentes y caminos vecinales. 

En la actualidad su lucha se encamina a que el territorio tsáchila no sea vendido u ocupado por mestizos. “Antes éramos ocho comunas. Ahora solo nos quedan siete. Se han perdido 200 hectáreas porque los tsáchilas se están casando con mestizos y abandonando las tierras que con esmero conseguimos”, denunció.

El gobernador tsáchila Javier Aguavil señaló que el legado de Agusto se lo reconoce en la vialidad y el turismo. Hace 20 años fundó el primer museo etnográfico de la nacionalidad. Ahí se exponen las costumbres y tradiciones tsáchilas como las artesanías y el chamanismo. “Empezaron a llamarnos colorados. No sabíamos por qué, pero entendimos que debíamos mostrar quiénes éramos”, asegura su hijo Henry Calazacón, director del museo.

Junto al antropólogo Oliverio Guevara redactaron el primer diccionario en tsáfiqui. Este libro ya no solo lo utilizan los turistas. También lo hacen los estudiantes de la educación intercultural bilingüe.

En la actualidad, el poné se dedica a la investigación de plantas medicinales nativas de los bosques tsáchilas. Varias muestras se han enviado a Estados Unidos para que se examinen las propiedades curativas.

Agusto Calazacón empezó a descubrir plantas desde los 10 años. En la actualidad conoce 1 113 con las que elabora brebajes para curar enfermedades como la hipertensión e incluso el cáncer en las primeras etapas.

Además, utiliza otras técnicas como la lectura de las manos para conocer las enfermedades asintomáticas. Su laboratorio está ubicado en el museo etnográfico. Ahí recibe a pacientes de la Costa y Sierra de Ecuador. También a extranjeros interesados en las prácticas medicinales.

Pero para adquirir esta sabiduría, primero debió ser aprendiz de su padre, Liborio Calazacón. Él fue reconocido por sus conocimientos ancestrales, que los transmitió a Augusto antes de fallecer en el 2012. “Para considerarse poné (máximo curandero en tsáfiqui) hay que formarse desde pequeño. Luego descubrir las plantas y por último conectarse con el cosmos”.

Para lograrlo, Agusto debe internarse en los bosques tsáchilas para comunicarse con los antepasados. Ahí se realizan rituales al ritmo de los instrumentos musicales típicos como la marimba y tambor. Los dioses de la naturaleza deberán bendecir y autorizar al nuevo poné.

Ahora Agusto enseña a sus nietos y niños de la comuna Chigüilpe los rituales chamánicos de la nacionalidad; los entrena para no perder la tradición.

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