27 de agosto de 2017 00:00

El 32 de Agosto

Sobre estas líneas, el general Raúl González Alvear. A la derecha, fachada del Palacio de Carondelet, tras el intento de derrocar a Guillermo Rodríguez Lara. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Sobre estas líneas, el general Raúl González Alvear. A la derecha, fachada del Palacio de Carondelet, tras el intento de derrocar a Guillermo Rodríguez Lara. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Kléver Antonio Bravo* (O)


En la madrugada del 1 de septiembre de 1975, específicamente desde las 00:00, el Palacio de Carondelet fue rodeado y atacado por una facción del Ejército ecuatoriano. El cabecilla de este golpe de Estado fue el general Raúl González Alvear, secundado por los generales Alejandro Solís y Juan Araujo y un grupo de oficiales comandantes de ciertos repartos militares de la plaza de Quito y de la provincia de Pastaza.

El objetivo del ataque era destituir al general Guillermo Rodríguez Lara, quien venía liderando el Gobierno Revolucionario Nacionalista de las Fuerzas Armadas. Tenía como base doctrinaria el Plan Integral de Transformación y Desarrollo, que no era otra cosa que la base de un reformismo militar progresista que suplantaba el vacío de poder que dejó Velasco Ibarra a partir de 1970, año en que este gobernante se declaró dictador civil.

A este episodio -que dejó un saldo de 25 muertos y 53 heridos entre civiles y militares- unos lo llamaron la “Guerra de la Funeraria”, porque González Alvear instaló su puesto de mando en la Funeraria Quito y desde allí dirigió las operaciones militares de la toma del Palacio; otros lo llamaron el “32 de Agosto”, debido a que Rodríguez Lara, una vez finalizado el incidente, ordenó que “no se vuelva a mencionar los sucesos del 1 de septiembre”. Así, la sal quiteña lo bautizó como el “32 de Agosto”.

Este revuelta militar -contra un gobierno militar- fue orquestada por un segmento de la cúpula militar de ese entonces; que, por razones eminentemente domésticas, maquinó el golpe desde mayo de 1975, con la participación de la Brigada Pichincha, el escuadrón de tanques Machala, el Batallón de Paracaidistas, el Batallón de Transmisiones, el Centro Logístico No. 1, el Batallón de Ingenieros Chimborazo y la Brigada de Selva Pastaza. Los contrapesos fueron el Batallón Vencedores y la Escuela de Tropa del Ejército, repartos comandados por el teniente coronel Édison Garzón y que se constituyeron en la fuerza que defendió al gobierno militar de ese entonces.

La investigación histórica nos revela que Rodríguez Lara ya tenía conocimiento de que los sediciosos habían preparado el plan para destituirlo y asumir el poder. Era el Plan “C”. Estaba claro que tenían preparado el golpe para el 19 de agosto, pues se trataba de la captura del Presidente en el cuartel Epiclachima, en el sur de Quito, previa “invitación” a una demostración del entrenamiento militar de las unidades de la plaza. Este plan fue postergado para la primera semana de septiembre, debido a la visita oficial de Alfonso López Michelsen, presidente de Colombia. El plan tomó cuerpo tres días antes del “Día D”, con la detención de algunos oficiales que estaban en desacuerdo con el golpe.

Según la cronología de los hechos, la primera fase del ataque duró hasta las 10:00, sin que los disidentes lograran tomarse el objetivo debido a la reacción inmediata del escuadrón Escolta Presidencial, comandado por el mayor Miguel Iturralde. Incluso las radios Gran Colombia, Nacional y Éxito daban su relato de la balacera desde las 06:00. Empero, a las 12:00 apareció una bandera blanca en los altos del Palacio.

Vencieron los sublevados y el festín del saqueo, el pillaje y la destrucción empezaba con el ingreso de los curiosos, mezclados en trifulca con las tropas rebeldes al mando del general González Alvear; quien, vestido de civil, subió a la terraza para agitar puños y banderas en señal de victoria y autoproclamarse “Jefe de Estado”, al tiempo en que los familiares de Rodríguez Lara eran encerrados en condición de rehenes.

Tomado el Palacio sin el primer gobernante , y con el salón de música, la biblioteca y el Salón Amarillo destruidos por el vandalismo, los golpistas manifestaron su proclama para “liberar al pueblo de la mentira, demagogia y corrupción”, aclarando que “nosotros nos hemos empeñado en restaurar al país de la postración en que lo ha colocado el depuesto ex Jefe Supremo Rodríguez Lara”, en vista de que “los imperativos de justicia social no se habían cumplido” y “la política petrolera era lamentable”.

Sin embargo, la rebelión fue muy breve. Cerca de las 14:00, la contraofensiva del Batallón Vencedores y de un grupo de hombres de la Infantería de Marina al mando de los capitanes Cerda, Guerrero y Noboa, recuperó el Palacio de Carondelet mediante una táctica de incursión: un pelotón por la calle Benalcázar, otro por la García Moreno y un tercero en la retaguardia.

En esos mismos instantes salía desde Riobamba Guillermo Rodríguez Lara con una columna de tanques, resguardada por un helicóptero. Aparte, sobrevolaron dos aviones de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, uno de ellos arrojó dos bombas: una que cayó en la cancha de fútbol del cuartel Epiclachima, centro del amotinamiento, y otra en la base de comandos, ubicada en la hacienda El Prado, cerca de Sangolquí.

Confirmada la derrota de los disidentes, unos fueron encerrados varios días en el penal García Moreno, otros salieron corriendo en busca de asilo diplomático en las embajadas de Colombia, Chile y Venezuela. A la cabeza el mismo jefe de la conspiración, quien logró conseguir el asilo en la Embajada chilena, luego de haber sido rechazado su pedido en la Embajada estadounidense.

Al final de esta breve historia, tristemente recordada como el ‘vine, vi, corrí’ del general González Alvear, las cosas no regresaron a la normalidad. El Gobierno Revolucionario Nacionalista de las Fuerzas Armadas empezó su declive; por lo que, meses más tarde, Rodríguez Lara, consciente de la realidad, entregó el poder al Consejo Supremo de Gobierno, última dictadura militar conocida como el Triunvirato.

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Historiador militar, docente universitario. Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia.

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