11 de junio de 2016 00:00

El adobe aún se fabrica para las construcciones

La Casa del Río, ubicada en el sector de Yanuncay, fue construida en 1910. El adobe se complementa con las tejas rústicas, la madera en las ventanas y el ladrillo en el piso. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

La Casa del Río, ubicada en el sector de Yanuncay, fue construida en 1910. El adobe se complementa con las tejas rústicas, la madera en las ventanas y el ladrillo en el piso. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

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Manuel Quizhpe
Redactor (I)
(F-Contenido Intercultural)

Hace 30 años, Manuel Narváez decidió elaborar 2 800 adobes para construir su vivienda de dos pisos. Esa experiencia le permitió conocer clientes y se convirtió en el oficio de su toda su vida. Antes se dedicaba únicamente a la fabricación de ladrillos.

Narváez es uno de los pocos artesanos azuayos que mantienen esta tradición. Con el adobe aún se construyen casas en las zonas rurales y en lugares estratégicos de Cuenca. También se usa para la remodelación de viviendas en el Centro Histórico de la urbe.

Su fábrica está ubicada en la comunidad de Sigcho, perteneciente a la parroquia de Sinincay. Su esposa, María Dolores Gordillo, es su mano derecha. Ella, con machete en mano, se encarga del raspado para dejar listo el adobe.

Su proceso de elaboración se inicia con la mezcla de cuatro tipos de tierra: fina, gruesa, arenosa y cerosa. Para usarla, se deja tres meses en reposo. En una suerte de pozo, con agua, se bate el barro con una yunta (se junta a dos toros).

Después de cuatro días está listo el material, se añade paja y luego se introduce en una adobera, que sirve para moldear. En 15 días o en un mes, dependiendo del clima, está listo el adobe para ser usado en la construcción. Luego del secado se apila.

Cada adobe cuesta USD 1, sin importar el tamaño. Se fabrica de 55 por 25 centímetros, con un espesor de 14 cm. Hay otros de 40 por 20 cm y 20 cm de grosor. Estos últimos sirven para levantar paredes trabadas. Por semana se hacen 500 adobes, cuyos pedidos vienen de las diferentes parroquias.

Las viviendas de adobe se distinguen en diferentes sectores de Cuenca. Una que sobresale es la Casa del Río, construida en 1910. Tiene 106 años y las paredes están intactas. Combina con las tejas rústicas y las ventajas de madera. Al frente está Quinta Lucrecia, edificada en 1890.

Según Claudio Carvallo, gerente de Quinta Lucrecia, la casa de adobe tiene una particularidad especial, “es fresca en días calurosos y abrigado en las noches frías”. La Casa del Río también pertenece a la misma familia. Ambas tienen características de las épocas Colonial y Republicana.

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