22 de octubre de 2014 10:10

La adicción al celular de los padres podría dañar el futuro de los hijos

El que los padres presten más atención a sus dispositivos móviles que a sus hijos tiene consecuencias intelectuales y emocionales en ellos. Foto: Mark Nye/Flickr

El que los padres presten más atención a sus dispositivos móviles que a sus hijos tiene consecuencias intelectuales y emocionales en ellos. Foto: Mark Nye/Flickr

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 11
Triste 7
Indiferente 35
Sorprendido 6
Contento 4
Ángela Funez. Blog Primeros Pasos/BID

Todos están padeciendo cierto nivel de adicción a los teléfonos móviles, pero pocos padres saben el daño intelectual y emocional que esa adicción puede provocarle a sus niños, especialmente a los más pequeños.

Según estudios de neurociencia, en los primeros tres años de vida es cuando más rápidamente se desarrollan las capacidades lingüísticas, emocionales, sociales y motoras del cerebro.

Por ejemplo, en ese periodo se forman entre 700 y 1 000 nuevas conexiones neuronales por segundo. El desarrollo del vocabulario comienza entre los 15 y los 18 meses y continúa hasta los años preescolares.

Interacción cara a cara: estimula el aprendizaje y el desarrollo emocional

En un artículo de la pediatra Jenny Radesky del Boston Medical Group, señala que el uso desmedido de teléfonos celulares por los padres está afectando no solo cuánto hablan con sus hijos pero también cómo se relacionan con ellos.

Radesky indica que tras décadas de investigación, se ha concluido que las interacciones cara a cara de padres con los hijos, desde sus primeros días de vida, son muy importantes para el aprendizaje, comportamiento y desarrollo emocional.

A través de la interacción cara a cara, los niños pequeños desarrollan no solo el lenguaje, pero también aprenden sobre sus propias emociones y cómo regularlas. Al observarlos, aprenden a cómo tener una conversación y a cómo leer las expresiones faciales de los demás y, eventualmente, a ser mejores comunicadores.

Padres absortos en sus teléfonos tienden a enfadarse más fácilmente

Radesky y otros dos investigadores pasaron un verano observando a 55 diferentes grupos de padres de familia y sus niños pequeños interactuando en restaurantes de comida rápida. En 40 de los 55 casos estudiados, los padres utilizaron el teléfono móvil durante la comida y muchos de ellos ignoraron completamente a sus hijos.

También encontraron que los niños de los padres que estaban más absortos en sus dispositivos eran más propensos a portarse mal para llamar su atención y a la vez, los padres estaban más irritables.

Según la psicóloga Catherine Steiner-Adair, autora del libro 'The Big Disconnect', esto se debe a que cuando la mamá está enviando mensajes de texto o contestando el correo electrónico, la parte del cerebro que está activa es la de “hacer”, en la cual se genera un sentido de urgencia por completar la tarea. En consecuencia, esa mamá se altera con más facilidad cuando el niño le interrumpe, pudiendo llegar a gritarle o tratarlo mal.

Hijos que se sienten ignorados por los padres

Steiner-Adair advierte que cuando los padres dan más prioridad a sus actividades digitales que a sus hijos, pueden haber consecuencias emocionales profundas para el niño.

Los niños interpretan este comportamiento como evidencia de que ellos no son lo suficientemente importantes o interesantes para sus papás, se sienten rechazados y esto afecta la relación con los padres, la autoestima y su desempeño social.

Cuando se piensa en interacciones cara a cara, es común imaginar a un padre con su hijo mayor de 5 años. Pero según explica el Dr. Jack Shonkoff de Harvard cuando un bebé escucha a la gente a su alrededor hablándole por unos meses, al poco tiempo comienza a responder con sonidos, balbuceos, o chillidos. 

Shonkoff destaca que la importancia de hablar y escuchar a los niños no debe disminuir en la medida que crecen. Todo lo contrario, los padres deben hacer un esfuerzo por interactuar de forma más afectiva y poner reglas en casa para limitar el tiempo que los niños dedican a ver la tele, jugar video juegos o con la computadora.

Estas actividades no estimulan el área del lenguaje del cerebro de la misma manera que una conversación cara a cara. Es alarmante pensar que sean los propios padres que por desconocimiento les estén negando a sus niños el estímulo que necesitan, y por ello limitando sus oportunidades futuras.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (13)
No (0)