21 de octubre de 2015 00:00

Los diarios ilustrados de Solá Franco revelan sus tensiones con Guayaquil 

Los 14 cuadernos originales, con 3 282 imágenes, fueron publicados en cuatro volúmenes que suman más de 2 000 páginas.

Los 14 cuadernos originales, con 3 282 imágenes, fueron publicados en cuatro volúmenes que suman más de 2 000 páginas. Foto: Cortesía Editorial Eacheve

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Alexander García

‘Los diarios ilustrados de Eduardo Solá Franco’ (Guayaquil, 1915-Santiago de Chile, 1996), publicados con motivo del centenario del nacimiento del artista, ahondan en los avatares de su vida afectiva y en la cuestión de la orientación sexual de “un ser alternativo, emocionalmente atormentado”.

También dan cuenta de su tensa relación con Guayaquil, una relación conflictiva “en muchos sentidos”, según el crítico e historiador de arte Rodolfo Kronfle, coeditor de la obra y autor de las investigaciones que contextualizan el libro.

Los cuatro volúmenes de la obra suman más de 2 000 páginas, y recogen el compendio de acuarelas y collages que el artista trabajó entre 1935 y 1988, en 54 años de creación ininterrumpida. Una producción de imágenes que representan sus experiencias de vida, con breves anotaciones al margen, descripciones de eventos y personas.

El volumen se presenta hoy miércoles 21 de octubre del 2015, a las 19:00, en el Teatro Centro de Arte de Guayaquil, con el análisis de Lupe Álvarez.

Solá, “un esteta refinado”, parecía sentirse más cómodo en el ambiente cultural europeo que en el carácter tropical de su ciudad natal. “¡Oh, Guayaquil! cada vez más sucia - ¡inmunda!, ruidosa más allá del límite, con su contrabando, ventas callejeras, políticos ladrones”, escribe en una de las acuarelas.

También es muy crítico con el ambiente cultural de la ciudad. “Los de la porquería de película ‘Los que vendrán’, basada en mi obra de teatro ‘Árbol de tamarindo”, escribe en la misma acuarela en la que caricaturiza a tres personajes con el fondo de la urbe.

“Las representaciones que a lo largo de décadas Solá Franco hace de Guayaquil son un documento histórico valiosísimo, él nunca pudo soportar el desorden, la suciedad, la corrupción –y por qué no decirlo– la ignorancia que atravesaba la ciudad donde nació. Y, sin embargo, no dejó de impulsar iniciativas culturales como el teatro. Su dramaturgia aún amerita mayor estudio, ojalá alguien le rinda el homenaje que se le debe en ese campo”, explica Kronfle.

Los 14 cuadernos originales, con 3 282 imágenes que hacen parte de los fondos de la Biblioteca Nacional de París, son volcados a la publicación de la naciente Editorial Eacheve.
La publicación demandó dos años de trabajo de un equipo compuesto por fotógrafos, diseñadores, traductores y editores. Y según Eliana Hidalgo, la coordinadora editorial, el nuevo sello está dirigido a producir libros de arte.

El artista plasmó en sus diarios su relación conflictiva con Guayaquil, de la que remarcaba el desorden y la suciedad de su época.

El artista plasmó en sus diarios su relación conflictiva con Guayaquil, de la que remarcaba el desorden y la suciedad de su época. Foto: Cortesía Editorial Eacheve

Los diarios ilustrados son “la obra más ambiciosa e impresionante de Solá”, según Kronfle, curador independiente. En Ecuador es uno de los primeros trabajos que parten del relato íntimo, algo que con el arte contemporáneo cobró una vigencia generalizada. El artista también es considerado un pionero al “dar cuenta de su diferencia sexual”.

Los diarios contienen un registro detallado la esfera cultural de buena parte del siglo XX, pues el guayaquileño estuvo inmerso en una agitada vida social. “Solá es el artista más cosmopolita que ha tenido el Ecuador, un trotamundos, que se codeó con círculos de élite en países de América y Europa. La complejidad y la riqueza de ese mundo se encuentran detalladas de una forma fascinante en términos visuales”, apunta el curador.

Los libros contienen géneros tradicionales, como el paisaje y el retrato; además posee escenas narrativas que tienen que ver con los eventos más significativos de la vida del artista, relativos a su entorno social y afectivo.

El proyecto creativo de talante autobiográfico de Solá Franco dramatizaba cada aspecto de su vida. Las ilustraciones que describen sus estados de ánimo, “la forma expresiva como representa los momentos de tristeza”, se cuentan entre “las imágenes más conmovedoras”.

Esa tristeza va más allá de los problemas que le ganó su orientación homosexual, que debe tenerse presente al hacer lecturas sobre su trabajo, según Kronfle. De manera complementaria, el artista “enarbolaba una realidad espiritual” muy compleja. “Su obra, en general, puede ser vista como una búsqueda del sentido de la vida”.

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