16 de noviembre de 2017 00:00

La pesadilla por abuso puede estar en casa

Los grupos de apoyo de ‘Ecuador dice no más’ se reúnen una vez por semana en Guayaquil. Allí cuentan sus historias. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

Los grupos de apoyo de ‘Ecuador dice no más’ se reúnen una vez por semana en Guayaquil. Allí cuentan sus historias. Foto: Joffre Flores / EL COMERCIO

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Elena Paucar
(I)
epaucar@elcomercio.com

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Su voz se oye en estaciones radiales y televisivas. Es de alerta y da vida a una pequeña heroína que advierte a otros niños cómo evitar el abuso sexual.

Sheyla (nombre protegido), de 8 años de edad, es la niña detrás de la campaña Las tres súper reglas, creada por la ONG Ecuador dice no más, con apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Esa tierna voz que aconseja no guardar secretos malos escondía una pesadilla que se repetía una y otra vez dentro de su casa.

Ocurrió en el 2015, cuando su abuela cuidaba de ella, su hermana y otro familiar que en ese tiempo tenía 14 años. Él la encerraba en una habitación para cometer el abuso, en presencia de su hermana menor.

“Era un chico obediente. Lo podía enviar diez veces por un mandado y él iba sin molestarse. Ahora comprendo que lo hacía para estar siempre dentro de la casa”, cuenta Glenda, la madre de la pequeña.

Simpáticos y cariñosos. Amables y colaboradores. Juguetones y siempre con regalos a la mano. Ese es el perfil del abusador y es más común tenerlo dentro de casa que fuera.

El Consejo de la Judicatura calcula que en el 79% de los casos el agresor fue un familiar. Saca esa conclusión porque una de cada cuatro mujeres ha sufrido abuso, el 25% en su infancia y por parte de un allegado. Unicef atribuye el 65% de los delitos sexuales contra menores al ‘enemigo conocido’, llamado así por su cercanía.

“Es más fácil señalar a un tercero, a un maestro, a alguien extraño, que a alguien de la familia. Pero el grueso de los abusos está dentro de la casa”, dice Paola Andrade, directora de Ecuador dice no más.

La ONG empezó una cruzada contra el abuso infantil el año pasado, antes de que estallaran las denuncias de delitos sexuales en escuelas y colegios.

Sheyla y sus padres hallaron refugio en los grupos de apoyo de esta organización. Sus amigos de terapia los acompañaron el miércoles 8 de noviembre del 2017 a la audiencia preparatoria a juicio, que por segunda vez se suspendió por la falta de un informe de trabajo social.

Para Glenda y su esposo la búsqueda de justicia resulta agotadora, y no solo porque sus hijas han dado versiones más de diez veces ante psicólogos y fiscales. Enfrentar a su propia familia es doloroso.

El día de la audiencia fallida tuvieron que enfrentar nuevamente a sus allegados, quienes insisten en que abandonen la denuncia y amenazan con demandarlos por daño moral. “Ellos piensan que estamos haciendo daño a la familia cuando fue el agresor el que la destruyó”, reclama Glenda.

Sheyla, sus padres y su hermana tienen ahora una nueva familia en los grupos de apoyo de Ecuador dice no más, formados desde octubre del 2016. Para ellos es más que una terapia a la que llegaron después de descubrir el abuso y superar las ideas de suicidio.

“Cuando confiesas el abuso crees que tu familia golpeará al abusador y que todo cambiará. Pero el 73% de las familias le da la espalda al sobreviviente. La familia donde hay abuso no es familia, es una tribu”, dice Ricardo Vélez, director de comunicación de la ONG.

En las reuniones, los padres de los sobrevivientes del abuso transitan por la depresión, la culpa, antes intentar rearmar sus vidas. Todos están unidos por historias de horror.

Martha, una maestra, logró confesar recién en su adultez el abuso que la acorraló en el hogar cuando era una niña. Claudia va con su hija, una pequeña que no quiere estar sola por el temor que sembró su tío en esas noches cuando entraba en su habitación.

Ángela casi no habla; aún lucha con las voces internas que le recuerdan la agresión sexual que soportó de varios allegados.

En los grupos aprenden a mitigar las secuelas que deja la agresión sexual. Antes de ser la voz de la campaña, Sheyla llegó a odiar su propio nombre, respondía con agresividad y en las madrugadas deambulaba inconscientemente por la habitación de sus padres.

El próximo miércoles se cumple el tercer llamado a audiencia en su caso. El agresor, que es un pariente muy cercano, ya cumplió 16 años.

Por ser menor de edad estaría dos años en una correccional y luego le encomendarían labor comunitaria. Es lo que les han advertido de declararse su culpabilidad.

“La jueza nos dice que es mejor llegar a una mediación, a una conciliación, porque la prueba psicológica dice que es un chico ideal. Nosotros queremos justicia -dice Glenda-. Él (el agresor) llegaba con chupetes y dulces para venderlos en el colegio, y yo le compraba para ayudarlo... Con esos dulces chantajeaba a mis hijas”.

Unifican protocolos

Prevenir el abuso, tener cifras claras de los casos, establecer sanciones y dar paso a la reparación de derechos. Esa es la ruta que se espera establecer en el país, como un protocolo único de atención de los delitos sexuales contra menores.

El ministro de Educación, Fander Falconí, explicó que la articulación incluye a varias instituciones del Estado, para dar una atención más rápida. El anuncio lo dio en la firma de un acuerdo de cooperación de la campaña Más unidos, más protegidos, en Guayaquil.

Desde el 2008, el Ministerio de Educación registra 948 denuncias de delitos sexuales contra niños y adolescentes en el país. El 65% ocurrió dentro del sistema educativo.

La Fiscalía, en cambio, reporta 4 934 denuncias desde el 2015. Según la Judicatura, la mitad pasó a judicialización y
1 650 llegaron a sentencias.

“No temo a las denuncias, temo a la lentitud de resolverlas (...). No me asustaré cuando se remueva el pasado, porque nunca podemos sacrificar la verdad por el escándalo”, dijo el ministro Falconí.

En contexto

El 19 de noviembre se recuerda el Día Mundial de Prevención del Abuso Sexual contra niños. Para este domingo, la organización ‘Ecuador dice no más’ prepara un festival con títeres y material lúdico para enseñar reglas de protección a los menores.

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