12 de agosto de 2014 00:00

Iniciativas regionales para adaptarse al cambio climático

En Papallacta, nororiente de Pichincha, hay un proyecto para que la comunidad se adapte a los impactos que tiene el cambio climático en su cotidianidad. Foto: El Comercio

En Papallacta, nororiente de Pichincha, hay un proyecto para que la comunidad se adapte a los impactos que tiene el cambio climático en su cotidianidad. Foto: El Comercio

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Amanda Granda. Redactora (I)
agranda@elcomercio.com

El último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) indica que el mundo se calienta (0,4 grados centígrados por década).

Los glaciares, en cambio, se derriten (5% cada año), las lluvias arrecian con más fuerza, el nivel del mar crece (3 mm al año en el Pacífico y en el Atlán­tico) y los eventos naturales son más intensos y frecuentes.

Esto ha hecho que a escala mundial los expertos se pregunten si en realidad las acciones que se han hecho hasta ahora han funcionado.

La duda fue tema de discusión en el último encuentro Pan-Amazónico, que se realizó la semana pasada en Lima, Perú. Ahí, La mexicana Sandra Guzmán, representante del Financiamiento Climático para América Latina, afirmó que el costo de detener el cambio climático para la economía mundial es del 5% del Producto Interno Bruto (PBI), por lo que ya no es viable usar estos recursos para combatirlo sino que se debería invertirlos en una adaptación.

En la actualidad hay cerca de 50 iniciativas regionales de adaptación. En Brasil, las industrias de la silvicultura y el hierro en el estado de Minas Gerais están cambiando sus prácticas y siendo recompensadas con la primera emisión de bonos de carbono para un proyecto forestal.

Ante el fenómeno del retroceso de glaciares andinos, el Banco Mundial estableció, junto con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Perú, un proyecto regional de adaptación administrado por la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

Se trató del Praa, una iniciativa que arrancó en el 2009 y el pasado mayo se presentaron algunos resultados.

En Ecuador se trabajó con la comunidad de Papallacta, una de las localidades que según los expertos es la más vulnerable a las variaciones climáticas. Esto porque está en medio de dos ecosistemas: el subtrópico y el páramo.

Ahí, 120 familias aprendieron nuevas formas de cultivo. Se construyeron invernaderos, camas altas de sembríos para evitar que las cosechas sean alcanzadas por las heladas o las inundaciones.

Además de restringir el pastoreo del ganado sobre los 3 500 metros de altitud. Esto, con el fin de conservar el páramo, una reserva de agua que peligra por el retroceso de los glaciares.

Fausto Tituaña, presidente de la junta parroquial de Papallacta agregó que el Praa también inició proyectos de reforestación que hasta la fecha se realizan en la zona.

Por su parte, el Ministerio del Ambiente informó que las ­emisiones del Ecuador son mínimas en relación a otros países que son industrializados, sin embargo, hay compromisos para cambiar de matriz energética. También para conservar los bosques, reducir la deforestación y promover el consumo responsable y sostenible en zonas vulnerables.

Esto porque la fragilidad del país difiere dependiendo de la región. La Sierra y la Amazonía son más vulnerables a deslizamientos. En la Costa, en cambio, se presentan más inundaciones y subidas del nivel del mar, mientras que la sequía es más frecuente en zonas de la Sierra y la Costa (Análisis preliminar de vulnerabilidad actual del Ecuador frente al cambio climático a nivel cantonal, 2010).

Después del Praa, Ecuador está en proceso de desarrollar un Programa Nacional de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+) la cual forma parte del Plan Nacional de Mitigación del Cambio Climático e incluye el Programa Socio Bosque.

México, por su parte, impulsó la Ley de Cambio Climático que se convirtió en el 2012 en una de las más completas y ambiciosas a escala global.

En la normativa consta la necesidad de crear un Fondo Verde mexicano que promueva un mayor flujo de recursos nacionales a través de la asignación presupuestal para enfrentar el reto climático.

En Colombia, en Restrepo está en marcha de un sistema de microturbinas que permite la sustitución de energías fósiles como la del gas natural. En la isla San Andrés, se implementó una planta térmica de generación de energía eléctrica mediante el aprovechamiento de los residuos sólidos que se producen en la isla.

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