18 de December de 2010 00:00

20 personas cambiaron sus vidas con el trasplante

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Redacción Guayaquil

Poco a poco, las huellas en su brazo van desapareciendo. Por nueve años tuvo una fístula bajo la piel para conectarlo a las sondas de la máquina de hemodiálisis, que limpia la sangre de toxinas.

Terapias de tres horas diarias, tres veces por semana eran parte del tratamiento para su insuficiencia renal. “Dijeron que eso sería de por vida, pero yo no tenía vida”, dice Lorenzo Rivas. Pero el 21 de noviembre del 2009 su vida cambió. “Había un donante y me operaron de inmediato”.

Rivas fue el primer paciente operado a través de la Unidad de Trasplantes del Hospital Luis Vernaza. Luego vinieron otros 15 pacientes que se beneficiaron con trasplantes renales y cuatro con cirugías de córneas. Ese es el balance del primer año de funcionamiento de la unidad.

“Yo estuve 13 años en diálisis pero todo quedó atrás el 22 de mayo del 2009”. Ese día, Robin López recibió un nuevo riñón. Como él, Mariana, Yadira y Jenny muestran un rostro diferente. Hoy pasan más tiempo con su familia y en sus nuevos trabajos.

Candela Ceballos, coordinadora hospitalaria de trasplantes, explica que desde 1967 hasta el 2009 se ha realizado seis trasplantes de corazón, cuatro de hígado, 40 de médula ósea.

Los de córnea suman 627 y algo más de 700 renales. El 80% de estos últimos se hacían con donante vivo. De ahí surgió la idea de la Junta de Beneficencia de crear la Unidad de Trasplante de Órganos y Tejidos.

Su meta es facilitar estas cirugías, pero con donantes cadavéricos. Para ello, un equipo médico se capacitó en la detección de posibles donantes, por lo general, personas que sufren traumatismos de cráneo severos.

En su primer año, la Unidad receptó 12 donantes cadavéricos. Ellos aportaron nueve hígados, seis riñones, tres extracciones de huesos, córneas y un corazón.

“Los trasplantados tienen de 26 a 36 años, la edad más productiva. Solo la voluntad de un donante puede trasformar sus vidas”, comenta Ceballos.

Hacer conciencia sobre la donación es la lucha de Martha Córdova, madre de Cynthia Lucero. Su hija tenía 28 años cuando se desplomó en la milla 22 en la maratón de Boston, hace 9 años. “Murió. Cuando llegué al hospital solo me mostraron un carné”. La joven se había inscrito como donante voluntaria.

Por sus órganos viven nueve personas, con lo que inició una campaña. “He abrazado a la niña que lleva su corazón, al joven que ve por sus ojos, a la niña que vive por su páncreas”, dice Córdova.

Narcisa Macías escuchó su mensaje. El jueves, tras salir de su terapia de hemodiálisis participó en la reunión por el aniversario de la Unidad. “Yo también espero un trasplante. Quiero vivir, pero no atada a una máquina' quiero ver crecer a mis hijos”. Noralma Mosquera, jefa deNefrología, explica que 5 600 pacientes asisten a hemodiálisis en el país. “El trasplante es la terapia máxima para aliviar sus vidas” .

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