Tiempo de lectura: 5' 17'' No. de palabras: 862

Como el espacio sideral no tiene dueño, nadie puede impedir el ingreso de satélites ni gestionar -de manera oficial- la reducción de chatarra. Es más: todas las naciones están en la capacidad de enviar objetos al espacio si así lo quieren, sin que un organismo supervise sus buenas prácticas "ambientales" fuera de la atmósfera.

La consecuencia de no contar con un reglamento mundial que promueva la reducción de chatarra espacial es que ahora 23 000 objetos basura se mueven por el espacio a 25 000 kilómetros por hora. La acumulación de satélites desconectados, cohetes a la deriva y minucias de astronautas como cepillos de dientes datan desde 1957, cuando se lanzó Sputnik 1. Pero, ¿qué tan relevante pueden ser estas cifras cuando el interés humano está concentrado en enviar más y más objetos al espacio? Un riesgo es el aumento de colisiones. Es decir, el choque de un objeto considerado basura espacial con un satélite en funcionamiento. Cuando esto ocurre, la interferencia en el área de comunicaciones puede estar en peligro.

El astrofísico Nicolás Vásquez, catedrático de la Escuela Politécnica del Ecuador e investigador del Observatorio Astronómico de Quito, explica que cuando esto sucede las personas en la Tierra pueden evidenciar problemas en el área de telecomunicaciones. Un ejemplo sencillo: cuando se efectúa una colisión mientras una persona está viendo la televisión por cable, la señal no será muy buena y el servicio comunicará que hay problemas en el satélite.

58 países, incluido Ecuador, tienen satélites de diversos tamaños en operación. Rusia tiene 1 457, mientras que Estados Unidos le sigue con 1 110, y China, la tercera potencia, con 140.

La astrofísica Fiona Hoyle, docente de física en el Colegio Alberto Einstein y en la Pontifica Universidad Católica del Ecuador, precisa que cuando se produce una colisión en el espacio, en la Tierra no hay mayor impacto porque la mayoría de las piezas son pequeñas y se quemarían hasta llegar a la Tierra.

Además de este inconveniente, no hay motivos que obliguen de manera urgente a retirar la basura del espacio. Vásquez explica que, actualmente, la chatarra fuera de la atmósfera es como tener una fuente con dos caramelos. La dimensión es tan grande que la colisión de objetos es poco probable. Además, no toda la chatarra se mueve a la misma velocidad, ni está ubicada en la misma órbita.

En su portal oficial, la NASA explica que la basura espacial no está distribuida de manera uniforme, sino que se acumula principalmente en dos bandas de altitud. A la primera de ellas se la conoce como órbita terrestre baja, que comprende la zona situada entre 160 y 2 000 kilómetros de altitud. Esta órbita, en la que se encuentra la Estación Espacial Internacional, es una de las preferidas para realizar fotografías. Justamente aquí es donde se encuentra Pegaso, el primer nanosatélite ecuatoriano (600 kilómetros de altura).

La agencia espacial de EE.UU. detalla que la otra franja es la órbita geoestacionaria, situada a algo más de 36 000 km de altitud. Ahí se ubica la gran mayoría de los satélites meteorológicos y de los satélites de telecomunicaciones.

Hoyle explica que en la órbita baja, a diferencia de la órbita alta, el tamaño de los objetos es más pequeño. Cuando la chatarra se encuentra en la órbita alta, tendrá que esperar miles de años para descomponerse. Por eso Hoyle recalca que la basura existente fuera del espacio solo se ha acumulado durante 50 años. Vásquez explica que hay satélites que después de su misión descienden a la Tierra como basura, y otros son comandados para que se dirijan al Sol para fulminarse completamente.

Según la NASA, la mayor parte de los objetos considerados basura en el espacio mide menos de un centímetro de diámetro. En la órbita terrestre baja hay más de 300 000 piezas mayores de un centímetro y 19 000 de más de cinco, que son monitoreados. Vásquez recalca que para que un objeto sea considerado como basura espacial debe medir 10 centímetros.

Aunque hay radares y detectores ópticos del Comando Estratégico de EE.UU., la Agencia Espacial Europea (ESA) y otros organismos espaciales que controlan la chatarra espacial desde la Tierra, no hay estrategias claras para eliminarla.

Según el astrofísico, los científicos británicos han pensado en enviar un objeto (tipo satélite) que barra la chatarra, pero aún no hay nada certero. Además, después de un tiempo, este objeto también se convertiría en basura.

La ESA pretende eliminar de 5 a 10 objetos grandes por año a un precio incalculable todavía. Hasta que las agencias espaciales ideen un método funcional para deshacerse de la basura que ellas mismas han enviado al espacio, nada podrá hacerse. Si hay mala señal en su TV, quizás fue el cepillo de dientes de un astronauta.

Haga click aquí para ver la infografía.

imagen

Califique
2
( votos)