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A menudo son tratados por igual, pero son dos mundos totalmente distintos. Si bien los virus y las bacterias son microorganismos hay diferencias que van desde el tamaño, la forma de actuar, los signos que causan, la forma de combatirlos, y su impacto en la salud.

Carlos Mosquera, jefe de Virología del Instituto Nacional de Higiene (INH), explica que los virus funcionan como pequeñas máquinas que necesitan de un motor para reproducirse.

Ese motor es cualquier célula de un ser vivo, pues el virus solo tiene su material genético. Al adherirse a la célula se aprovecha de esta y se replica como parásitos.

Estos pequeños agentes viven en el ambiente y su mundo es amplio. Según el Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus, hay 1 938 especies estudiadas. Sin embargo, se calcula que hay unas 40 000 cepas.

La infectóloga Nelly Avilés dice que aunque los virus sean pequeños pueden causar enfermedades leves (gripes, diarreas, faringitis) y graves (VIH, hepatitis, dengue). “Una vez que entra se queda en el cuerpo. No muere, se activa o aplaca según el ambiente o el sistema inmune”.

En estructura y acción las bacterias tienen otras características. Están formadas por una sola célula, por lo que tienen su propio metabolismo. La bacterióloga Maritza Párraga dice que viven en todas partes, incluso dentro de nosotros. La flora intestinal y las mucosas son dos de sus hábitats.

Delimitar su mundo es mucho más complejo. Se calcula que el ser humano tiene unos 10 billones de células y puede llegar a tener 100 billones de microorganismos, en gran parte bacterias.

El bacteriólogo Luis Correa asegura que muchas son inofensivas. Algunas aportan al organismo, otras pueden causar males pasajeros como la escherichia coli (infecciones gastrointestinales) y la klebsiella (infecciones respiratorias). Pero otras pueden derivar en enfermedades agudas (neumonía, meningitis...).

El infectólogo Washington Alemán explica que los cuadros virales aparecen súbitamente, con malestar general, fiebre y decaimiento de tres a ocho días.

En cambio, la infección bacteriana, según su tipo, se enfoca en órganos específicos. Un ejemplo es el bacilo de Koch, causante de la tuberculosis, que se aloja en los pulmones; o el meningococo.

A la lista de diferencias se suma el tratamiento. La mejor defensa contra los virus es la vacuna. Pero en caso de desarrollar una patología es preferible dejar pasar su período de acción. Los médicos aconsejan consumir líquidos y solo usar medicamentos antivirales en caso extremo.

Las bacterias, en cambio, son combatidas con antibióticos. Pero su uso debe ser controlado, según recomienda Carmen Pesantes, jefa de Bacteriología del Instituto Nacional de Higiene. “La automedicación es un problema creciente porque oculta los síntomas. El organismo crea autorresistencia y bajan las defensas”.

Pesantes indica que el hemograma o examen de sangre da una guía para conocer si hay un problema bacteriano o viral. “Hay pautas generales. Cuando suben los leucocitos (glóbulos blancos) puede ser una bacteria. Y cuando bajan puede ser viral”.

Pesantes insiste en que la mayor parte del tiempo convivimos con bacterias y virus. La clave entonces está en la prevención. La higiene, el correcto lavado de manos, evitar el hacinamiento, no automedicarse y mantener un sistema inmunológico sano ayudarán a evitar el ataque tanto de virus como de bacterias.

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