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La depresión también está presente en niños, pero en menor medida. En el Hospital de Niños Baca Ortiz, en Quito, ocupa el sexto lugar de la lista de trastornos atendidos en la Unidad de Salud Mental. “¡Y mejor que no sea frecuente!”, exclama Oswaldo Bolagay, jefe del servicio. Pero reconoce que ahora los episodios depresivos se dan a edades más tempranas. Antes se tenía casos, entre 10 y 14 años, ahora desde los 8 ya muestran síntomas. Y da una alerta: al tratarse de infantes es necesario que se cumplan todas las características de la patología para diagnosticar. Además, es necesario que los síntomas sean frecuentes y reiterativos durante tres meses.

A su consulta, por ejemplo, llega una madre que dice que su niño está triste por una semana. El doctor insiste en que no es suficiente.

Si está triste, desmotivado, hay llanto profuso y sin gemido, no come, no duerme o, por el contrario, tiene baja autoestima, está disperso y con dolores solo entonces se pudiera pensar en una depresión. Entre enero y abril de este año, de los 1 870 pequeños que acudieron a esta unidad, 99 presentaron ese cuadro.

Otro cambio que se evidencia es que los niños no solo se deprimen por un factor biológico o por la pérdida de un familiar. Eventos negativos relacionados con sus mascotas o un peluche ahora también desencadenan este trastorno. Los padres maltratadores y alcohólicos son otros factores preponderantes. El 2011 se registró un niño de casi 12 años que intentó ahorcarse porque se sentía solo y maltratado por su padre alcohólico y otro, de 13 años, en cambio, se tomó medicamentos que encontró en su hogar disfuncional.

Hay fechas del año en que estos casos se presentan en mayor medida: diciembre por la época navideña; junio, al terminar el año, y en el Día de la Madre, porque se sienten solos o abandonados.

De acuerdo con un estudio realizado con niños de padres migrantes se encontró que luego de cuatro meses de llanto logran adaptarse al familiar con el que se quedan y no caen en depresión, más bien se desadaptan en el ambiente escolar. El Ministerio de Educación reporta que tiene 102 psicólogos clínicos y 818 educativos en los planteles públicos del país, para atender estos trastornos. Pero reconoce que son insuficientes y por esto se está elaborando una propuesta de consejerías estudiantiles para cada circuito educativo, en que los especialistas trabajen en acciones de prevención, detección temprana y atención primaria. Y que estos estén articulados al Sistema de Protección Especial y al Sistema de Acceso a la Justicia.

Otra de las carencias identificadas por los médicos es que en Quito y el país no hay un hospital ni una unidad de salud mental específica para los adolescentes.

Además, según la clasificación internacional de enfermedades, no hay diagnósticos clasificados (parámetros) para este grupo. Esto hace que sea más difícil tratarlos de forma adecuada.

En el Baca Ortiz se atiende hasta los 14 años y 11 meses, el Seguro Social, en cambio, extendió la atención a los hijos de afiliados de hasta los 18 años.

Qué hacer cuando hay síntomas depresivos

Acuda a un psiquiatra para que lo evalúe. Si hay una baja actividad de los neurotransmisores del cerebro le recetará medicación (antidepresivos).

Junto con el acompañamiento de un psiquiatra acuda a un psicólogo, que lo ayudará a enfrentar el problema, a través de terapias cognitivas y otras.

A los familiares y amigos se les aconseja no dejar solo al paciente. Se recomiendan actividades recreativas, culturales, físicas y al aire libre que le permitan enfocar su mente en otras cosas.

Si comienza un tratamiento haga el esfuerzo por terminarlo, porque de lo contrario puede tener recaídas. Si presenta efectos secundarios avise de inmediato al psiquiatra.

El alcohol no ahoga las penas, por el contrario es un depresor del sistema nervioso.

Si las ideas de morir y de suicidio son reiterativas y frecuentes o ya hubo un intento de matarse lleve al paciente de inmediato a la consulta psiquiátrica. En casos graves es posible que amerite internar.

Hallazgos científicos sobre este trastorno

Esta enfermedad perjudica la memoria al restarle al cerebro plasticidad y capacidad de adaptación, según un estudio del Instituto Karolinska de Estocolmo.

La Universidad de Londrés encontró que los empleados que trabajan 11 horas o más tienen el doble de riesgo de sufrir depresión, que si laboran 8.

Un estudio en los EE.UU., evidenció que las mujeres trabajadoras y que se hacen cargo de las tareas del hogar tienen más probabilidades de caer en depresión.

La musicoterapia se podría usar para mejorar el tratamiento de la depresión, al menos en el corto plazo, según investigadores de Finlandia.

Un análisis de 80 000 mujeres con depresión, en EE.UU., señaló que tenían riesgo mayor de derrame cerebral, en un 29%, respecto a las que no tenían.

Una revisión de los estudios publicados, entre 2005 y 2010, concluyó que aún no hay tratamientos completamente satisfactorios para la depresión mayor.

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