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El Hospital Eugenio Espejo destinó la mitad del quinto piso para atender a los pacientes oncológicos y hematológicos. En dos años, los pacientes pasaron de 50 a más de 1 500. Esto gracias al anuncio de cobertura gratuita de enfermedades catastróficas del Programa de Protección Social (PPS).

El oncólogo de origen afgano Ahmad Wali Mushtaq lleva sobre sus hombros la carga de este abarrotado servicio. Asegura que en consulta externa se recibe de 150 a 160 pacientes diarios. El equipo de Wali incluye otro médico tratante y un cirujano oncológico.

En el quinto piso de esta casa de salud pública hay 12 camas y nueve sillones para quimioterapia ambulatoria, pero se atiende a unos 15 pacientes cada día.

Las enfermeras adecuaron un pequeño consultorio para que más pacientes reciban quimioterapia. Pero en vez de sillones tienen unas sillas plásticas blancas. Los pacientes temen cuando les toca el turno 10. Eso significa que irán al cuarto de sillas, donde permanecen sentados entre siete y ocho horas, tiempo que dura la sesión de quimioterapia.

En todo caso, están agradecidos de la gratuidad del servicio. Estela Álvarez, de 34 años, lleva un año en el Hospital Eugenio Espejo y no le importa viajar desde Ambato y volver en transporte público. “La reacción viene después, entonces no hay problema”, dice.

Esta ambateña padece cáncer de mama y estuvo un año y medio en Solca de Ambato. “No sé cuál es mi deuda, pero pago como USD 200 cada mes de la atenciones que recibí ahí”.

En la sala cómoda de quimioterapia, los pacientes empiezan a hablar cuando están por agotar las gotas de sus químicos y sueros que les administran para que las venas resistan la carga de medicamentos. Luis Silva, un caramelero que tiene cáncer de estómago, recomienda a sus compañeros tomar avena para recuperarse.

Entre las personas mayores está un joven de 23 años, se llama Luis Garzón y tiene leucemia desde hace casi dos años. Hoy le toca “la roja”, la quimioterapia más fuerte. Le dicen así por el color del líquido que entra en las venas.

Él empezó su tratamiento en el Hospital Eugenio Espejo y ha visto cómo la demanda ha ido creciendo. Antes le daban la quimioterapia el mismo día que recogía los resultados de los exámenes, en los que prueban que el organismo de los pacientes van a resistir la carga de los químicos.

Entre los exámenes y la quimioterapia hay una semana de espera. Las personas de provincia lamentan tener que venir dos veces a la capital. Muchas optan por instalarse en Quito. Rafica Quiñónez, de 42 años, tiene cáncer al cuello del útero. Apenas lleva cinco meses en terapia, pero como las sesiones son tan seguidas se está quedando con su hermana.

La Fundación Ayúdame a Vivir con Cáncer está naciendo en el piso de oncología del Eugenio Espejo. Teresa Zambrano, madre de una paciente de 23 años, es parte de la agrupación. “Queremos que alguien nos done una casa para dar refugio a los pacientes que llegan de otras provincias”, dice mientras espera para conseguir un turno para su hija. Wali extiende su consulta cada día. Pasado el mediodía sale del consultorio y pide a los pacientes sin turno que hagan una fila para ser atendidos. Acá también llegan quienes no pueden pagar más por sus tratamientos en Solca.

La ampliación

El servicio de oncología planea ampliarse hasta las 30 camas y aspira tener 18 sillones para los pacientes de quimioterapia.

En el Hospital Eugenio Espejo se da quimioterapia y se hacen cirugías oncológicas, pero no se hace radioterapia. Los pacientes van a Solca, al Hospital Militar o a la Clínica Pichincha para esto.

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