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Carlos espera con paciencia junto a la puerta de vidrio. Su reflejo se proyecta junto a la imagen de una cruz de color rojo. Desde ahí mira atento el ir y venir de quienes pasan por la acera de Primero de Mayo y Quito, en el centro de Guayaquil.

En ese sitio funciona el Banco de Sangre de la Cruz Roja del Guayas y la vereda es el lugar de trabajo de Carlos. “Aquí estamos para ofrecer nuestro servicio”, repite el hombre de 52 años a quienes deambulan desesperados en busca de una o más pintas de sangre para algún familiar.

A Carlos no le agrada que le llamen ‘vampiro’, como les nombran a quienes dan su sangre a cambio de dinero. Prefiere que le digan donante de emergencia. “Esta es una forma de trabajo, lo hago desde hace 10 años; una pinta cuesta casi USD 100 y si alguien no tiene para pagar debe traer donantes. Ahí entramos nosotros y cobramos más barato”, explica, mientras sostiene una mochila de color beige.

La construcción es su oficio formal. En el bolso guarda su ropa y las herramientas de trabajo. Pero cuando no hay obras recurre a su otro empleo. “He regresado a los siete meses. Aquí se consigue el dinerito rápido”.

Su tipo de sangre es A+. “Por una pinta cobro de USD 30 a 50, según la condición económica del cliente”, dice. Quienes son del tipo O cobran unos USD 20, porque es la más común. Los del tipo B, A- y AB- piden hasta USD 60, pues son poco frecuentes.

Por su experiencia Carlos sabe que para donar sangre debe cumplir reglas: no tener antecedentes de hepatitis, hipertensión, anemia, no tener síntomas de gripe o de otros virus ni tampoco haber ingerido analgésicos o antiinflamatorios. “Es la ley. Y hay que estar bien alimentado”.

Junto a él, camuflados tras los pilares del antiguo edificio de la Cruz Roja, fundado en 1954, hay otros seis ‘donantes’. Están ahí en el día, en la noche, de madrugada... Todos esperan algún cliente. El martes pasado, a las 10:40, apareció uno. Buscaba tres donantes y Carlos fue escogido. El diálogo apenas toma unos minutos para fijar el precio: USD 30. Hicieron el trámite en una ventanilla y casi de inmediato pasaron al área de laboratorio.

En la angosta sala, la pantalla marcaba el turno 27. Después de llenar una ficha personal, Carlos entró a la sala; allí le pincharon el pulgar. Es una prueba rápida para descartar virus como hepatitis y VIH-Sida.

El resultado puede demorar una hora y extraer la sangre unos 20 minutos. Mientras aguarda, Carlos se sube las mangas para mostrar las venas de su brazo.

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