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El sistema de salud mental vive un proceso de transición desde hace más de una década y hasta ahora no se vislumbra algo claro. El paso de un modelo clásico de atención centrado en los hospitales psiquiátricos hacia una de red de servicios integrales y comunitarios se viene haciendo desde hace 20 años en países como Brasil.

Las primeras acciones que se conocen es que la unidad de salud mental del Ministerio de Salud, que funcionaba desde 1980, se eliminó en marzo pasado.

El psiquiatra Enrique Aguilar, quien estuvo al frente los últimos cinco años, fue removido y tras su salida se archivó el proyecto Salud mental 2011-2015, cuya elaboración tomó dos años.

Este plan que iba a empezar con la creación de centros comunitarios en tres zonas del país (Quito, Azuay y Guayaquil), en donde hay 30 distritos, fue aprobado por la Senplades con un presupuesto de USD 12,7 millones.

Incluso, Aguilar señala que tuvo el visto bueno de la ministra Carina Vance, cuando era subsecretaria de Planificación en el 2011.

Según Fadya Orozco, subsecretaria de Promoción y Prevención de la Salud, esta área ahora “tendrá un mejor posicionamiento a través de dos viceministerios” y “por primera vez será fortalecida al ser una política de Estado”.

Para esto se aprobó un estatuto, vía Decreto en que se especifican funciones sobre la salud mental en varias áreas (promoción y prevención, tabaco, servicios, discapacidad...). Pero Aguilar aclara que esta forma de trabajar transversal ya había e incluso pese a ser un programa tenía autonomía presupuestaria y funcionalidad.

Está previsto que hoy se presente el nuevo plan para ser aprobado, pero su ejecución debió arrancar en el 2011, año en el que también se firmó un convenio de cooperación con Brasil y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Este organismo espera que el país defina sus políticas para empezar la asistencia. Aguilar refiere que las políticas quedaron listas y se hicieron en tres años.

Sobre la construcción de la red comunitaria, Orozco dice que “no es de su competencia, pero que es un tema de agenda”. Aimé Dugois, coordinadora del eje de salud mental, añade: “Estamos en transición y no podemos hacer magia”. El nuevo plan, la creación de centros, la capacitación del personal de las actuales unidades de primer nivel para que tengan más capacidad resolutiva y evitar que los pacientes acudan directo a hospitales requiere de tiempo.

110 000
personas
fueron atendidas en las unidades de salud mental de hospitales generales y centros de salud del Ministerio, durante el 2009.

4
centros
  de salud mental comunitarios hay actualmente en el país, en Calderón, Esmeraldas, Cuenca y Machala. El de Cuenca es el más antiguo.

3
hospitales
  más hay aparte del  Julio Endara (Quito). Estos son: Sagrado Corazón (Quito), Lorenzo Ponce (Guayaquil)  y CRA (Cuenca).

El futuro de los psiquiátricos

Desde hace 25 años ha habido el proyecto de integrar los dos hospitales de Quito (San Lázaro y Julio Endara), con el fin de fortalecer la atención ambulatoria.

Actualmente, el San Lázaro cerró el área de hospitalización por el mal estado de sus instalaciones y porque debe ser entregado al Municipio. Esto hizo que transfiera 55 pacientes al Julio Endara (35) y al Centro del Adulto Mayor (20), pero con algunos problemas a cuestas. Rommel Artieda, director del Julio Endara por 12 años, explicó a este Diario justo el día de su salida del cargo, que no se cumplió con el convenio firmado en el 2010. Esto fue entre el Municipio, el Ministerio del Salud, el Instituto de Patrimonio del Municipio y la Universidad Central.

El documento estableció que los pacientes debían ser trasladados en octubre próximo, una vez que la Alcaldía concluya todas las obras de ampliación y remodelación del Julio Endara, con lo que pasaría de 123 camas a 238, para atender a pacientes del país.

Además, debía estar listo el equipamiento, casa de máquinas para la energía eléctrica y el personal tendría un proceso de inducción. También se solicitaron 15 profesionales más. El 28 de mayo pasado, sin que se cumplieran estas cláusulas, se transfirieron a los pacientes y a 30 auxiliares de enfermería y de servicios básicos.

Para Dugois, los actores involucrados no vieron inadecuado que se transfiera de forma anticipada. Reconoce que la falta de una casa de máquinas y haber puesto calefones para llenar esta carencia no fue conveniente, pero “es la respuesta que se ha dado”.

Los estudios para esta casa de máquinas están listos y falta que el Ministerio asigne el presupuesto y defina quién va a construir la obra, que se prevé cueste USD 1 millón. Este Diario solicitó el pronunciamiento al Instituto de Patrimonio y a la Secretaría de Salud del Municipio, pero no contestaron. Se conoce que aún faltan detalles de la ampliación de un área, en donde van 92 camas; y otra ala de 23 camas ya fue terminada y copada por los pacientes del San Lázaro.

El área de lavandería que antes solo funcionaba para pacientes en abandono ahora es utilizado para todo el hospital.

El paso de los pacientes fue inevitable, reconoce Artieda, pero enfatiza que al ser personas sin un vínculo familiar y en estado de abandono deberían ser asumidas por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). “Los hospitales no son para que le gente se quede a vivir, es para pacientes agudos que requieren de internación temporal”. La norma internacional fija que la hospitalización sea máximo de 21 días.

De las 238 camas que estarían disponibles, 92 ya están ocupadas con pacientes crónicos, limitando el ingreso de nuevos.

Con este hecho la historia se repite: cuando el Julio Endara se creó en 1953 lo hizo con 100 pacientes del San Lázaro.


Más demanda y pocas camas

Al menos dos pacientes diarios requieren de una cama en el hospital Julio Endara a diario, pero por falta de capacidad tienen que esperar días o semanas.

Los pedidos llegan, principalmente, de las unidades psiquiátricas de los hospitales, como el Eugenio Espejo, Enrique Garcés o Pablo Arturo. Son casos agudos que por su gravedad se recomienda la hospitalización.

En el caso del Eugenio Espejo hay un proyecto presentado para que se abra seis camas, para el servicio de psiquiatría. Pero todavía no ha tenido respuesta.

Al tratarse de una unidad ambulatoria, la norma internacional determina que el paciente solo podrá estar hospitalizado hasta 11 días e incluye terapia de rehabilitación.

Esta demanda de camas se vuelve necesaria, principalmente, para pacientes con intentos de suicidio. La semana anterior, por ejemplo, se solicitó hospitalización para un paciente que quiso matarse con un arma de fuego.

Hay un déficit de psiquiatras

Otro problema es el déficit de psiquiatras. Actualmente, en el Ministerio de Salud, Seguridad Social, FF.AA. y Policía hay de 360 a 400 especialistas. Esto significa que hay un psiquiatra por cada 100 000 habitantes, cuando debería haber uno por cada 20 000. El psiquiatra Enrique Aguilar explica que para cubrir la demanda se requiere que cada año el Ministerio abra 10 plazas en Quito y otras 10 en Guayaquil, para médicos posgradistas.

Un posgrado en Psiquiatría dura tres años, pero en el caso de la Facultad de Medicina de la Universidad Central no se abrió este año. Marco Robalino, vicedecano de Medicina, explicó que se está diseñando un nuevo pénsum académico, porque ya no se quiere que los estudiantes se formen en manicomios, sino en centros comunitarios y para esto el Ministerio debe garantizar espacios de formación. También hacen falta enfermeras psiquiátricas.

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