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Esta semana un transexual llegó al Hospital Pablo Arturo Suárez a morir. La silicona líquida que se había inyectado, de forma clandestina, se regó en su cuerpo y taponó sus arterias. Pero los transexuales que usan silicona para moldear su figura conocen el riesgo de muerte o las deformaciones faciales y tumoraciones a las que se exponen.

Carolina Alvarado, de la Asociación de Transfemeninas Gran Pasaje, dice que no tienen otra opción. “Es vivir o morir, las cirugías están entre USD 4 000 y 5 000 y el litro de silicona cuesta apenas USD 26”.

La única información que tienen es que la silicona viene de Brasil y tiene consistencia espesa.

Esta característica les da confianza porque piensan que será difícil que se riegue en el cuerpo.

Las transfemeninas (que van de hombre a mujer) son las que necesitan más silicona. Para tener busto necesitan por lo menos tres litros de la sustancia química y la misma cantidad para moldear sus caderas y un litro más para borrar la dureza de sus rostros.

Los transmasculinos (que van de mujer a hombre) también corren un riesgo de salud.

Acostumbran a tomar dosis de anabólicos y esteroides para aumentar la masa muscular y beneficiarse de los efectos secundarios, como el crecimiento del clítoris y la ronquera de la voz.

Pero el uso prolongado de estos fármacos genera problemas hepáticos, cardiopatías, disfunción sexual e infertilidad.

Todo esto se hace de forma clandestina, porque no hay un protocolo de reasignación de sexo.

En países como EE.UU. o España hay unidades para tratar los trastornos de género, pero antes de iniciar el cambio físico someten a las personas a evaluaciones psiquiátricas.

Uno de los barómetros para llegar al diagnóstico de disforia de género (cuando hay un sexo psicológico opuesto al biológico) es el Test de Minnesota, que mide la masculinidad y la feminidad con preguntas como si la persona prefiere ser florista o cazar leones en África.

En estas unidades de género a algunos les bastará con recibir hormonas, otros se pondrán pechos o se los quitarán y unos pocos cambiarán sus genitales.

En el país las cirugías de reasignación de sexo se hacen de forma clandestina. Detrás de ellas han estado los cirujanos Luis y Francisco Morales, este último ya fallecido.

Paúl Silvers, miembro de la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Plástica, asegura que ninguno de sus colegas ha hecho cirugías de reasignación de sexo.

“Estos procedimiento necesitan un abordaje integral, con un endocrinólogo, un psiquiatra, un cirujano y hasta un urólogo para la reconstrucción de la uretra”.

Raúl Jervis, miembro de la Sociedad Ecuatoriana de Endocrinología, asegura que por ética ningún profesional receta hormonas a un transexual. “Cuando llega una de estas personas a mi consultorio yo la mando a un psiquiatra”, dice.

Ambos profesionales, sin embargo, reconocen que sí tratan a las personas intersexo. Estas personas son aquellas que han nacido con genitales ambiguos .

Lo que se hace en estos casos es hacer un estudio genético para saber qué sexo les corresponde o les ayudan a reafirmar el género de crianza. Este problema congénito tiene alta frecuencia en el mundo entero. En el país no hay cifras oficiales, pero a escala internacional se habla de un caso por cada 250 personas.

Implicaciones de las cirugías de cambio de sexo

De mujer a hombre la operación esencial es la mastectomía o extirpación del pecho.

Luego se vacía el aparato reproductor, útero y ovarios, pero la mayoría de pacientes solo se somete a la primera intervención.

La construcción de un pene es lo más complicado y no tiene mucha aceptación. Se hace de dos formas: la primera es a partir de una parte de la piel del brazo, el abdomen o la ingle, que se moldea y se conecta a la pelvis.

Esta operación necesita una prótesis como la que usan los hombres impotentes para tener una erección. La segunda opción es dar la forma de pene al clítoris y hacerle crecer (hasta 7 centímetros) con tratamiento hormonal con testosterona que también ayudará a modificar la voz.

A esto se suma el alargamiento de la uretra, para que coincida con el final del nuevo pene y la formación del escroto con la ayuda de dos prótesis de silicona y la piel de los labios mayores.

De hombre a mujer se empieza por la intervención en las cuerdas vocales para suavizar la voz.

Luego se elimina la nuez para conseguir una apariencia más femenina. También se hacen intervenciones para perfilar el rostro femenino, como la reducción de huesos de la mandíbula, la creación de pómulos y la reducción de la nariz.

La segunda operación es la mamoplastia o implantación de prótesis mamarias. Por último, para la construcción de una vagina lo más usual es darle la vuelta a la piel del pene, depilando primero el pubis con láser para que no salga pelo en la futura vagina.

También cabe la posibilidad de usar un trozo del intestino, pero existen problemas de sangrado y perforación intestinal.

El clítoris se forma usando los nervios dorsales del pene.

El 98% de pacientes consiguen el orgasmo. La uretra se acorta, de tal manera que quede bajo el nuevo clítoris. La vulva y los labios mayores se hacen con la piel del escroto que por fuera es similar a los genitales externos de la mujer.

En el Ecuador los hombres y mujeres que se convierten a otro sexo reciben, únicamente, asistencia para la prevención de enfermedades venéreas de parte de la Red Pública de Salud. No hay una política de salud que brinde una atención integral y prevenga estas muertes.

Más información

Las cirugías para cambiarse de sexo cuestan entre USD 4 000 y USD 5 000y el litro de silicona cuesta USD 26 .

El uso prolongado de anabólicos y esteroides, para aumentar la masa muscular, genera problemas hepáticos (hígado), cardiopatías, disfunción sexual e infertilidad.

La construcción de un pene es la operación más complicada. Se puede hacer de dos formas, a partir de una parte de la piel del brazo, el abdomen o la ingle o haciendo crecer al clítoris.

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