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Ana y Mía son nombres populares en las redes sociales Twitter y Facebook. No son dos mujeres sino claves que utilizan las adolescentes que padecen anorexia (Ana) y bulimia (Mía) para ocultar esos trastornos de sus padres y maestros e identificarse entre ellas.

Al escribir en el buscador Google “ana y mía” se despliegan más de 100 páginas con blogs, videos y comunidades de adolescentes que padecen esos trastornos. Ahí se revelan trucos para que los adultos no descubran cómo esconden o vomitan la comida.

Además, comparten dietas para adelgazar hasta 6 kilogramos por semana. Relatan cómo sufren anorexia y bulimia simultáneamente; otras cuentan que se cortan la piel para olvidar el hambre y fortalecer su espíritu.

Twitter, con sus 140 caracteres, también es una herramienta usada por las jóvenes para expresar la molestia que les causan los alimentos y la obesidad. Al menos así lo dice Daniela (nombre protegido) de 14 años, quien padece anorexia desde hace cuatro años.

Durante 45 minutos de conversación, esta cuencana envió 30 tuits a sus contactos que le pedían consejos para no caer en la tentación de comer. “Ten fuerza de voluntad princesa, que un bocado calma la ansiedad, pero luego te vas a sentir mal. Recuerda que nuestra meta son los 40 kilogramos”, le escribió a Natalia a través de este microblogging.

Ese uso compulsivo del celular es manejable, explica esta adolescente. En el colegio lo utiliza en los dos recreos, que duran 40 minutos. “Es cuando más lo necesito porque en esos momentos mis compañeras comen y para evitar la tentación, tuiteo”.

En su casa, en frente de sus padres, tampoco demuestra su trastorno. Daniela mide 1,65 metros y pesa 49 kilogramos. Sus brazos son delgados, pero sus piernas son gruesas por contextura.

En realidad su cuerpo es proporcionado y atlético, pero ella repudia su “voluminosa” cadera. Su idealización de un cuerpo perfecto es el de una modelo esquelética, como la foto que usa en su cuenta de Twitter.

La obsesión por el peso surgió hace cuatro años, cuando su madre hizo dieta para viajar a la playa, pero no adelgazó como deseaba y se amargó durante el paseo.

Daniela comprendió que para evitar esa situación que atormentaba a su progenitora debía dejar de alimentarse. El primer paso fue investigar en Google sobre dietas y así conoció a otras adolescentes que comparten su interés.

En el colegio solo come una manzana verde y bebe agua. En la noche cena normalmente con sus padres y hermano. Pero antes de acostarse induce el vómito para no engordar. Según ella, sus padres están convencidos que Ana y Mía son sus amigas, por lo mucho que se refiere a ellas. “Lo bueno de ser joven es que tenemos códigos para que no nos descubran”.

Sofía (nombre protegido), otra cuencana, también sufre anorexia y su aliciente para sostener ese trastorno son las redes sociales. Sigue a tres ‘gurús’ que comparten consejos para adelgazar. Acude a los laxantes que le recomiendan los “expertos” de Twitter y blogs.

En el mundo virtual de los trastornos alimenticios hay otros términos como ‘Wannas’ o ‘Wannabes’. Son calificativos despectivos para quienes aseguran padecer anorexia o bulimia, pero su objetivo es llamar la atención, dice Sofía con tono burlesco. “Se comen una hamburguesa y luego tuitean como si no pasara nada”.

Sofía tiene 15 años y es anoréxica desde el 2010. Al igual que Daniela su primer contacto con ese mundo fue a través de Internet. Nunca le preguntó a su madre sobre su miedo a engordar, porque “no se preocupa por la figura y no entiende lo importante que es ser delgada en una sociedad que juzga las fotos del Facebook”.

Esta cuencana reconoce su obsesión por ser delgada. Revisa su agenda de Hello Kitty: en cada página tiene recortes de modelos en biquini o vestidos minúsculos europeos. Al lado de cada imagen hay apuntes como “soy una bola de grasa”, “por comerme esa pizza no seré así” o “mi felicidad es estar en los huesos”.

Para la psicóloga María Cáceres, los padres deben identificar las señales ‘on line’ y ‘off line’. En el primer aspecto, los progenitores deben crear cuentas en Facebook y Twitter y ver qué hacen sus hijos. “No como vigilancia sino como amigos”. Eso les ayudará a familiarizarse con el lenguaje de la Red y entender los códigos.

Fuera de la Red, los principales síntomas para identificar esos trastornos son confirmar si el adolescente se preocupa obsesivamente por las calorías que consume o si se mira constantemente en el espejo (cuerpo entero).

Además, si aborda el tema del peso con frecuencia y expresa su pánico a engordar. “Lo más importante es crear un ambiente de confianza para que el hijo explore sus inquietudes con los padres y no en Internet”, dice Cáceres.

Más sobre el perfil de estas adolescentes

Las dietas de quienes padecen anorexia o bulimia no superan las 400 calorías diarias. Los nutricionistas recomiendan una dieta de 2 000 calorías para cubrir las actividades diarias.

Las cuentas de estas adolescentes en Twitter tienen los nombres ‘ana’ o ‘mía’ compuestos con otras palabras. Cada tuit expresa la inconformidad con su cuerpo y su rechazo a la comida.

Los ejercicios son parte de la rutina de estas jóvenes que van al gimnasio por más de dos horas al día. También acceden a webs que contabilizan las calorías que consumen.

Puntos de vista

Christian Espinosa / Capacitador

‘El  padre debe conocer la Web’

Al igual que los padres enseñan a sus hijos cómo identificar peligros en la calle, deben replicar esa enseñanza en temas de  la Web.

Hay una falencia de los progenitores respecto al conocimiento en redes sociales. Algo clave es que desde que los niños se familiarizan con navegar en Internet, sus padres deben enseñarles a contrastar la información.

Que distingan si las fuentes (páginas donde consultan) están avaladas y los textos tienen un sustento. De esa forma, los niños y adolescentes tendrán criterio para consumir información.

Es interesante conocer los códigos que utilizan las adolescentes para referirse a los trastornos alimenticios y eso puede ser una alerta temprana, para reconocer las señales. Dominar el lenguaje de Internet no es una moda, sino una necesidad para enfrentar estas situaciones.

Susana Veintimilla / Terapista

Pulseras para reconocerse

La sociedad se divide en comunidades y eso define a los grupos. Lastimosamente, entre las jóvenes hay un segmento que se llama ‘Proana’ que avala la anorexia como un estilo de vida.

Las adolescentes que sufren este trastorno utilizan pulseras rojas para reconocerse. Igual pasa con quienes padecen bulimia, que utilizan pulseras moradas o rosas.

Las jóvenes ven estos trastornos como una forma de perfección, pero no entienden el daño que se ocasionan a sí mismas.

Estas enfermedades demandan que los padres de familia estén más atentos a sus hijos, conversar y  relacionarse más con ellos, sin recriminar sus acciones. Estos trastornos, además, evidencian un desequilibrio que requiere de un acercamiento con los más allegados, pues los que padecen  esto no conocen personas que sufran lo mismo.

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