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El nombre Ponciano es conocido entre los quiteños, sobre todo porque es el lugar en que se levanta el estadio de Liga Deportiva Universitaria. Prácticamente no hay pie de foto, cuña radial o alusión televisiva que no hable del ‘estadio de Ponciano’. Sin embargo, el nombre de este sector del norte es en homenaje a Ponciano, cuyo día se celebra hoy en el Santoral católico.

San Ponciano, sobre cuya fecha de nacimiento no hay certeza, es el primer Papa que no permaneció en la silla de San Pedro hasta su fallecimiento, pues abdicó el 28 de septiembre de 235. Este hecho es, además, el primero de la historia de los Papas que está totalmente demostrada por documentos históricos.

San Ponciano, romano de nacimiento, es famoso porque como 18° Papa afrontó una controversia con el presbítero Hipólito, quien también quería ser Papa y, de hecho, pasó a la historia como uno de los ‘antipapa’.

Para solucionar este cisma, decidió abdicar el papado a favor de Antero, quien luego también sería santo.

En su labor papal, confirmó la condena pronunciada por Demetrio de Alejandría (obispo de esa ciudad egipcia) de algunos textos de Orígenes que llevaban directamente a la herejía gnóstica. También ordenó el canto de los Salmos en las iglesias; prescribió rezar el Confiteor antes de la misa y recomendó esta práctica también a los moribundos.

San Ponciano también recomendó a los creyentes el saludo ‘Dóminus vobiscum’ (El Señor esté con vosotros).

El calendario Liberiano dice que San Ponciano ocupó la cátedra cinco años desde la muerte de San Urbano I, en el año 230, cuando la Iglesia disfrutaba de la paz que le concedió el emperador romano Alejandro Severo. Ponciano for- maba parte del grupo de amigos y partidarios de este gobernante; pero Maximino, que lle- gó al trono tras el asesinato de Alejandro, en mayo del año 235, inauguró su reinado con crueles persecuciones a los cristianos.

Maximino desterró a San Ponciano (que ya había abdicado) a la isla de Cerdeña, juntamente con el presbítero Hipólito; y allí, azotado con manojos de varas hasta expirar, alcanzó la gloria del martirio. En ese destierro, San Ponciano se reconcilió con Hipólito, quien también renunció a sus pretensiones papales.

El papa Fabián hizo trasladar su cuerpo a Roma y lo depositó en el Cementerio de Calixto.

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